Cada loco con su agenda

Según nos dicen nuestros amigos de la noticia, «un juez no puede tener su propia agenda». ¿Y por qué no? Si la «agenda» no es más que una libretita de apuntes donde se anotan nombres, fechas, citas y demás*. ¿Por qué los jueces no van a tener, como todos los demás, su derecho a hacer y llevar consigo anotaciones personales? ¿Qué ley lo impide?

Ah, ¿pero no será, acaso, que nos topamos otra vez con un trastrueque del espanglés (mal apodado espánglish, pues copia lo que precisamente tratamos de evitar: mezclar innecesariamente los idiomas)? Creo que sí, porque en ese curioso dialecto, preferido de los voceros televisivos, se cotorrea toda noticia redactada primigeniamente en inglés con el fácil recurso de traducir sus palabras una por una.

Bueno, está bien. Reconozcamos que «agenda», gracias al uso espanglicista, ya ha absorbido la acepción de «conjunto de temas que se han de tratar», o sea, «temario». Pero, ¿es que el señor juez lleva su temario en el bolsillo? No, no lo creo. El temario ya se lo sabe de memoria. Lo que llevaría en la cabeza, más bien, es su ideario, su noción de cómo promover, con fallos jurídicos sabiamente razonados, sus conceptos de lo que debe ser la vida política, social y económica de la nación. (Por cierto que tendríamos que recurrir a un adivino para meternos en la cabeza del señor jurista a fin de saber si, una vez confirmado en su cargo, pretendería favorecer sus causas preferidas en perjuicio de las, y de los, demás.)

También nos dicen que ese tal señor, que aspira nada menos que a «juez de la Suprema Corte de Justicia de los Estados Unidos», tiene vasta experiencia y mucho «apego a LA LETRA DE LA LEY». Nos parece que estamos ante una «agenda» –para usar la jerga noticiera– de apego a LA LETRA DEL INGLÉS. Porque, conforme a la terminología tradicional, el jurista en cuestión no aspiraría a ser simple «juez» de esa corte, sino MAGISTRADO. Así se designan los miembros de un supremo tribunal en todos los países hispanohablantes de que tengamos noticia, siendo el caso que «juez» corresponde a una categoría de inferior nivel. Y el «apego a la letra de la ley» («letter of the law») no es tal, sino «apego a la legislación vigente», o bien «a los principios jurídicos establecidos».

Total, un desbarajuste completo del pobre idioma español, como si lo llevaran inscrito en su «agenda»: Punto 1. Enrevesar lo más posible la lengua castellana, anglificándola al extremo de hacerla irreconocible.

Pero claro, comprendemos que es mucho más fácil sencillamente transliterar el inglés que «romperse la cabeza» haciendo una correcta versión castellana. Y total, ¿para qué?, pensarán. ¿Cuántos la van a entender?
Sí, amigos, tratándose de «agendas» ya vemos por dónde viene la cosa. Ni siquiera un magistrado de la Suprema Corte, creemos, podrá hacer nada para detener el alza de la irreprimible marea anglófila. Porque él va a dar sus sentencias en inglés y los «noticiólogos» nos van a seguir «sentenciando» a escuchar sus transliteradas oraciones rindiéndole tributo al SUPREMO dios de la anglofilia. ¡Socorro!
_________
* Hasta la última edición del DRAE, en que ya trae la nueva acepción.
Emilio Bernal Labrada, de la Academia Norteamericana, es autor de Asesinatos Impunes y Crímenes de Costra en la Vida Pública de EE.UU. y de La prensa liEbre o Los crímenes del idioma. Pedidos a emiliolabrada@msn.com o a amazon.com

Emilio Bernal Labrada
Acerca del Autor
Idioma/Educación

Leave a Reply