Cold Mountain

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Por Ana María Ruimonte y Díaz de Lewine

www.ruimonte.us

Philadelphia, 5/02/2016. Academy of Music. Cold Mountain. Música: Jennifer Higdon. Libreto, Gene Scheer. Basada en la novela épica Cold Mountain de Charles Frazier. Director Escénico: Leonard Foglia. Director Musical: Corrado Rovaris. Escenografía: Robert Brill. Vestuario: David C. Woolard. Luminotecnia: Brian Nason. Diseño de Proyecciones: Elaine McCarthy. Directora de Coro: Elizabeth Braden. Jarrett Ott, W.P. Inman. Isabel Leonard, Ada Monroe. Cecelia Hall, Ruby Thewes. Jay Hunter Morris: Teague. Paul Groves: Veasey. Marietta Simpson: Lucinda. Anthony Michaels-Moore: Reverend Monroe/Pangle/Home guard. Rachel Sterrenberg: Sara. Heather Stebbins: Lila. Heather Phillips: Katie. Lauren Eberwein: Olivia. Olivia Vote: Claire. Roy Hage: Reid/Home guard. John David Miles: Thomas. Aimee Pilgermayer: Laura. Andrew Farkas: Birch. Francesca Luzi: Grace. Jackson Williams: Owens’ son. Marcus DeLoach: Owens/Ethan/Home Guard. Alasdair Kent: Junior/Charlie.

Opera basada en el best seller de Charles Frazier del mismo título, cuya película fue nominada 7 veces a los óscar de Hollywood, y ambientada en Carolina del Norte. Esta vez, en una co-producción con la Opera de Santa Fe, la Opera de Minnesota y la Opera de North Carolina, y es el estreno en la costa este, precisamente en la Academy of Music de Filadelfia.

 

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Esta ópera está ambientada durante la Guerra Civil Americana. Si repasamos qué sucedió realmente, fue una guerra entre el norte y el sur de los Estados Unidos. Ocurría un cambio en la sociedad con la llegada de la Revolución Industrial. La industria que se desarrollaba en el norte y en grandes ciudades como Nueva York, Filadelfia o Boston, ya no necesitaba de mano de obra de hombres “esclavos”, como sí sucedía en el sur de América cuya economía estaba basada en la agricultura. Muchas personas del norte consideraban que la esclavitud era una gran equivocación. Destacan entre ellos Tubman, Douglass, Brown y Beecher Stowe.

Sucedió que Abraham Lincoln que pertenecía al Partido Republicano abolicionista salió elegido como Presidente de Estados Unidos. En ese momento, 11 estados del Sur decidieron sublevarse y formaron la Confederación, con la intención de independizarse de los Estados Unidos. Lincoln no lo permitió y envió las tropas para frenar la separación del Sur. Y de esta forma se inició una guerra que duró 4 largos años. Murieron 600.000 americanos. Abraham Lincoln firmó la Enmienda que abolía la esclavitud en 1865.

Esta ópera trata de la situación que vivían los soldados confederados y sus familias.

Su vida diaria cavando trincheras por la mañana para luchar por la tarde, morir, pasar hambre y frío, o enfermedades contagiosas; la falta de medicinas que provocaban que fueran amputados sus miembros, o su muerte… En sus ratos libres, tocaban música o jugaban al dominó. Al final de la guerra, muchos de los soldados del Ejército Confederado sufrían de inanición. Los soldados confederados recibían cartas de sus mujeres y familias que les imploraban el regreso. Muchos desertaban:

Mi querido Eduardo, siempre he estado orgullosa de ti, y desde que estás en el ejército Confederado, más aún. No quisiera que hicieras nada mal para el mundo, pero, ante Dios, Eduardo, a no ser que vuelvas a casa, vamos a morir. Anoche los sollozos de la pequeña Eddie me despertaron, yo le pregunté ¿qué te pasa, Eddie? y ella me dijo “Oh, mamá, tengo tanto hambre”… Y, ante Dios, Edward, a no ser que vuelvas a casa, vamos a morir. Tu Mary.

Y esta es la historia de Inman en Cold Mountain.

La compositora natural de Brooklyn, New York, residente en Filadelfia, Jennifer Higdon, y ganadora de un premio Pulitzer en 2010, recibió el encargo de Cold Mountain. Ella estudió flauta y percusión. “Yo traté de escribir la música que “encapsule” a los personajes. Por eso, Ruby es muy nerviosa, y la música se mueve mucho; sin embargo, Ada tiene un temperamento volátil, que después evoluciona, así que, la música cambia también; Inman ha estado hundido en la guerra y solo durante cuatro años, y la música es profunda, como su voz; y Teague es un malvado y por eso, le acompañan los sonidos de serpiente conseguidos con percusión. También utilizo elementos musicales de los Apalaches, y el padre de Ruby, ¡realmente toca el violín irlandés en la ópera! Esto es muy poco usual. Además, he incorporado en la percusión un tubo de guitarra que suena como una harmónica. Y lo mismo, los sonidos del viento y de las ramas de los árboles que crujen, o bien, el sonido de estrellas que conseguí utilizando agujas de punto sobre campanas. Mi parte preferida es el coro masculino de fantasmas de soldados muertos. Es la parte más emocional de la ópera”.

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Nos aparece el decorado en forma de vigas superpuestas que forman una montaña, fría montaña de escombros de guerra. En mi primera impresión, la disposición de las vigas en líneas triangulares, los recuerdos de los destrozos de las bombas en esos escombros oscuros, quemados por el fuego y la destrucción, los muertos que habría bajo ella… lo que allí veía en un impacto visual inicial era un gigante Guernika de Picasso en tres dimensiones…

Comienza la ópera con un coro interno masculino. Varios focos de luz blanca se proyectan sobre y alrededor de la figura gigante, en forma de rayos tenues de sol y nieblas, que se van tiñendo progresivamente de rojo.

La música presenta al inicio dos instrumentos predominantes: la flauta y la percusión. Aparece series de escalas rápidas descendentes que conducen a acordes agudos, repetitivamente. Predominan las disonancias y los ritmos rápidos.

Las fechas y el lugar de acción aparecen proyectadas en una de las vigas de madera… “Raleigh September 1864”… situándonos en el tiempo y el lugar.

El coro masculino continúa cantando una “plegaria” por la muerte de un hombre. Era un desertor. Al fondo, en el horizonte se vislumbra una bandera americana teñida de rojo sangre.

Durante toda la ópera, luces azules caen sobre Inman que nos cuenta su batalla bajo la lluvia, mientras la música consigue los efectos de las gotas de agua de la lluvia.

Luces amarillas anuncian la entrada de Ada Monroe. Dos diálogos simultáneos tienen lugar entre los personajes que están separados por la montaña y en dos espacios distintos marcados por el azul y el amarillo de las luces que los alumbran. No se hablan entre ellos. Cada uno cuenta su historia en una superposición en el tiempo y un desplazamiento en el lugar de la acción. Algunas parejas de época cruzan por el escenario situándonos de nuevo en el lugar y en el tiempo, en un momento de realismo visual que rompe ambos espacios.

La aparición del predicador sobre la montaña que lleva en sus brazos una mujer desfallecida está acompañada por coros internos masculinos con percusión y música electroacústica.

Ruby y Ada nos cuentan su estado de ánimo y plasman la frase “I don’t trust anyone, anymore, anyway, to convert what it is in my heart” (“no confío en nadie, nunca más, de ninguna manera, para transformar lo que está en mi corazón”). Ritmos intermitentes acompañan a las cantantes con la similitud a las gotas de agua que caen. Tras la tormenta, comienza el recuerdo y en una bonita escena, Ada aparece con una lámpara y un vestido verde, mientras luces rojas caen sobre ella.

La tormenta de nuevo rompe estos pensamientos para llevarnos a la realidad. La montaña se transforma en parte y surge una barca donde dos hombres bajo luces azules, reman y luchan por sobrevivir. Amarillo de nuevo ilumina un cuarteto femenino de mujeres que están lavando en el río.

Al día siguiente, Ada y Ruby aparecen bajo la luz del sol, y suena el viento y se escuchan los pájaros cantando… Pero, llega la noche azul y roja con el coro de soldados desertores. Las estrellas se proyectan por delante del proscenio, y la primera línea del patio de butacas del teatro se ilumina de estrellas… “Come back to me is my request” (“Sólo te pido que regreses conmigo”) son las palabras de Alda. Pero Inman se marcha con ellos, mientras Alda permanece inmóvil, y así concluye el primer acto.

El inicio del segundo acto nos aparece Inman caminando y ascendiendo la montaña durante la noche. Todo el teatro se llena de luces de estrellas con la frase: “I still believe in something more on the sky, in the shadow” (“aún creo en algo más sobre el cielo, en la sombra”).

Se escuchan solos de violín durante la escena de la mujer con el bebé, que llora y gime en realidad para dar aún más dramatismo a la situación. Un sexteto de voces con disonancias se escucha en la escena de los músicos que ocurre a continuación. Un precioso coro interno y externo “Buried and forgotten in the fields, under the trees”… soldados y voces van apareciendo progresivamente en escena en lo que es efectivamente una de las escenas musicales más magníficas de la ópera, para dar paso a la frase “Oh beautiful country”. Inman confiesa “I am not how I was” (ya no soy como era antes) y durante un solo de harpa que conduce a la escena final, Ada le pregunta “Tell me” (Dime)… y resurgen poco a poco todos los personajes con la frase inicial “Tell her who we were…” (Dile lo que éramos): Heridos de guerra, coros, mujeres que lavaban en el río, mujer anciana, mujer joven con bebé. En 1871 niños corretean dando de nuevo realismo a la historia y Ada, feliz, nos cuenta: “Orion, I still believe in the indivisible hidden in the skies in the stars above”. Oh, Inman… (“Orion aún creo en lo indivisible escondido en los cielos de las estrellas”).

Expresivo y con preciosa voz se muestra Jarrett Ott en el personaje de Inman. Muy bella la voz y la línea vocal de Cecelia Hall como Ruby. Muy correcto siempre Jay Hunter en el papel de Teague, que finalmente, recibe abucheos, pero es que en este país para recibir un abucheo hay que ser muy malo, malo, porque el público valora la personalidad del personaje. O sea, que bravo por él… Isabel Leonard se adecúa fenomenal en el papel de Ada. Preciosa la voz y la línea y la puesta en escena de Marietta Simpson como Lucinda. Rachel Sterrenberg presenta una excelente intervención tanto musical como escénicamente.

El coro de sirenas resulta un poco chocante con alguna disonancia, quizás por la superposición de los vibratos de las voces, o por los timbres de las voces tanto durante su escena en el río como al final de la ópera. El coro masculino bajo la dirección de Elizabeth Braden de nuevo nos deslumbra con su fabulosa interpretación. Los recitativos me parecen un poco repetitivos en su tendencia general. Muy interesante los efectos del viento, de la tormenta y la incorporación de la orquestación con efectos en la percusión, dando un poco más de acción e interés contrastando un poco con lo anterior. El final de la ópera pudiera ser mejorable según mi punto de vista, pues es un número de conjunto de todas las voces en escena. Echo en falta un coro femenino en este momento preparado y empastado, que envolvería mucho las voces sueltas de las mujeres. Recordé en este momento cómo Wagner resolvió perfectamente esta situación en la escena del segundo acto de las Chicas Flor, que están acompañadas por el coro femenino reducido y que empastan y dotan de timbre vocal a las voces solistas, en un tono piano y mágico. Excelentes los efectos de luces de Brian Nason y el diseño de las proyecciones de Elaine Mc Carthy. Brava la dirección escénica de Leonard Foglia. Bien y correcta la dirección musical de Corrado Rovaris.

 

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