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Nos hablan de un cambio ‘sorpresivo’ del gobierno de Estados Unidos en materia impositiva. Si ustedes me lo permiten, difiero en este aspecto —con todo respeto— del libro mayor del idioma, el Diccionario de la Real Academia. Según su definición, ‘sorpresivo’ significa «que sorprende, que se produce por sorpresa». Creo que convendría deslindar estos matices y reservar lo de «sorpresivo» para lo que se PRODUCE por sorpresa, dejando «sorprendente» para lo que CAUSA sorpresa.

Una medida bien puede ser sorprendente, pero lo sorpresivo es más bien lo que toma por sorpresa, sin previo aviso ni indicio de lo que se avecina. Se emplea, por ejemplo, tratándose de acciones de las fuerzas armadas, o de las del orden. «Detuvieron sorpresivamente a los malhechores en plena actividad criminal.» En tal caso, los policías fueron sorpresivos, los criminales quedaron sorprendidos, y lo sorprendente, acaso, fue que las fuerzas del orden tuvieran tanto éxito. Pero ya nada nos sorprende, amigos, en boca de nuestros competentes presentadores de noticias espanglizadas.

Por ejemplo, cuando nos hablan de un alto funcionario del servicio exterior del actual gobierno estadounidense que presuntamente habla «fluentemente» el español, surgen dos detalles relacionados entre sí.

Primero, ya no es SORPRENDENTE que haya hispanos o ciudadanos de raíz hispana en importantes puestos, pues es motivo de orgullo que nos estemos destacando en las altas esferas oficiales, sobre todo si contribuye al buen desempeño de sus funciones el conocimiento de nuestro idioma.

Ahora bien, en segundo lugar: sí nos SORPRENDE la afirmación de que hable el español «fluentemente», pues nadie que maneje la lengua de Castilla, que yo sepa, se vale de una voz tan poco fluida, digamos antimelíflua, cacofónica por su rima consecutiva en -ente para calificar la manera en que alguien se expresa. De más está decir que se trata de un calco del inglés «fluently», que en español —si nuestros amables lectores nos permiten la expresión—, no pega ni con cola.

No será que los que deben hablar el castellano como Dios manda son justamente los que nos están dando semejantes esperpentos, precisamente en la lengua de Cervantes?

Vamos a darles la solución a nuestros amigos, los locutores, pues incurren en un contrasentido que, si no fuera tan penoso, resultaría casi cómico. Lo que se suele decir en nuestra cultura es que un idioma se habla «con soltura», o más comúnmente, «bien», «muy bien» o, si es del caso, «perfectamente». Aunque el hispanohablante prefiere evitar los adverbios terminados en -mente por la sencilla razón de que no son eufónicos.

Así que estamos ante un caso en que los presentadores, que deben hablar el idioma CON SOLTURA, nos traicionan precisamente al así afirmarlo, haciendo, SORPRESIVAMENTE, lo contrario.

Emilio Bernal Labrada, de la Academia Norteamericana y la Real Academia Española, es autor de La prensa liEbre o Los crímenes del idioma. Pedidos a emiliolabrada@msn.com.

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