¿Cómo “demandar” una ley?

Nos dijo el gobernador de Nuevo México, el ilustrado hispanounidense Bill Richardson, que le parecía muy bien que el gobierno federal “hubiera DEMANDADO” la polémica ley migratoria de Arizona.

Según nos lo aclara el Diccionario, cuando alguien “demanda” una ley lo que hace en rigor es pedirla, rogar que la pongan en vigor. ¿Cómo es eso, señor Richardson? Usted pide que se acabe de promulgar y aplicar la dichosa ley? Es cierto que es muy polémica y no parece corresponder a las aspiraciones hispanas en EE.UU., pero todo es posible. Los tiempos cambian y habrá usted modificado radicalmente su postura, ¿no?

No, me parece que no. Lo que quiso usted decir fue todo lo contrario: que el gobierno federal ha interpuesto DEMANDA CONTRA la ley, que ha intervenido en el terreno judicial para impedir que entre en vigor. Bueno, no se preocupe. No es usted el único que ha hecho esa DEMANDA.
Ya otro funcionario nos explicó, en la misma emisión noticiera, que se puede interponer ante los tribunales un recurso contra una ley antes, incluso, de que SURJA efecto.

Lo oímos bien claro y hasta lo grabamos para volverlo a escuchar. Dijo “antes de que SURJA efecto”. Lo cual es una primicia idiomática. No sabía yo que las leyes pueden “surgir efecto”, pero ahí lo tienen. El efecto de cualquier ley puede SURGIR en el momento más inesperado. Y ese surgimiento puede impedirse con un recurso destinado a controlar el fenómeno, puesto que si la ley es demasiado rigurosa, SURGE de manera totalmente descontrolada.
Pero, ya más en serio, nuestro amigo el comentarista quiso referirse a otra cosa, es decir, al concepto de “SURTIR efecto”.

Lo cual hubiera estado muy bien, si hubiera pronunciado la Te en vez de la Jota, ya que se habría expresado más castellanamente. Pero aun así, no nos convence mucho. Porque “surtir efecto” equivale a producir un resultado, lograr el propósito apetecido, en tanto que las leyes, amigo nuestro, lo que hacen es, primeramente, ENTRAR EN VIGOR. Si, luego de su vigencia, SURTEN el efecto deseado (que no todas lo logran), pues miel sobre hojuelas.

Luego nos dijeron, acaso por cierta relación entre un tema y el otro, que “iba a subir el VALOR de los pasaportes”. Que ese documento indispensable para viajeros VALGA una enormidad nadie lo duda, puesto que, aun cuando lo hayamos calcado mal del francés, pasando por el inglés “lo que se pasa no es PORTE, sino PUERTO”, sin él cualquiera pudiera pasar otra cosa: dolores de cabeza.

Sin embargo, nuestro amigo el presentador noticiero (fue otro, no el primero) quiso decir otra cosa que no corresponde precisamente al VALOR del documento. Es decir, el PRECIO del trámite, lo que CUESTA la gestión ante las dependencias oficiales.

Bueno, señores, DEMANDAMOS que se le ponga fin al SURGIMIENTO de tantos disparates, para que no ENTREN EN VIGOR equívocas normas legales y recibamos más VALOR por lo que nos CUESTE un servicio.

Emilio Bernal Labrada
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Idioma/Educación

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