Convención Nacional Demócrata 2012: Transcripción del Discurso de la Primera Dama Michelle Obama

La siguiente transcripción del discurso, tal como fue preparado para su pronunciamiento, de la Primera Dama Michelle Obama, en la Convención Nacional Demócrata el martes 4 de septiembre de 2012/Prepared remarks of First Lady Michelle Obama for the 2012 Democratic National Convention (Spanish & English versions)

(Versión en español, English version below)

Muchas gracias, Elaine...estamos tan agradecidos por el servicio y sacrificio de tu familia...y siempre te respaldaremos.

Durante los pasados años como Primera Dama, he tenido el extraordinario privilegio de viajar por todo este país.

Y dondequiera que he ido, en la gente que he conocido, y en las historias que he escuchado, he visto lo mejor del espíritu estadounidense.

Lo he visto en la increíble bondad y calidez que la gente nos ha mostrado a mí y a mi familia, especialmente a nuestras niñas.

Lo he visto en los maestros y maestras en un distrito escolar al borde de la bancarrota que votaron por mantenerse enseñando sin su paga.

Lo he visto en la gente que se convierte en héroes en un abrir y cerrar de ojos, poniéndose en peligro para salvar a otros...volando a través del país para apagar un incendio...manejando durante horas para salvar los habitantes de un pueblo inundado.

Y lo he visto en nuestros hombres y mujeres uniformados y en nuestras orgullosas familias militares...en los guerreros heridos que me cuentan que no solamente van a caminar de nuevo, sino que van a correr, y que van a correr maratones...en el joven cegado por una bomba en Afganistán que dijo simplemente: “…Daría cien veces mis ojos de nuevo por tener la oportunidad de hacer lo que he hecho y lo que todavía me falta por hacer”.

Todos los días, la gente con quienes me encuentro me inspiran...todos los días ellos me llenan de orgullo...todos los días me recuerdan qué tan bendecidos somos de vivir en la nación más grande sobre la tierra.

El servirles como su Primera Dama es un honor y un privilegio...pero si miramos hacia el lugar donde comenzamos hace cuatro años, todavía tengo algunas preocupaciones acerca de esta jornada que hemos comenzado.

A la vez que creía profundamente en la visión que tenía mi esposo de este país...y estaba segura de que él sería un Presidente extraordinario...como cualquier madre, yo estaba preocupada por lo que esto significaría para nuestras niñas si él tenía esa oportunidad.

¿Cómo las mantendríamos con los pies sobre la tierra bajo el brillo de la atención pública nacional?

¿Cómo se sentirían al ser arrancadas de raíz de su escuela, sus amigos y el único hogar que habían conocido?

Nuestra vida antes de mudarnos a Washington estaba llena de sencillas alegrías...Sábados en los juegos de fútbol, domingos en casa de la abuela...y una cita para Barack y para mí era una cena o una película, porque como una madre agotada, no podía mantenerme despierta para ambas.

Y la verdad es que yo amaba la vida que habíamos construido para nuestras niñas...yo amaba profundamente al hombre con el que había construido esa vida...y no quería que eso cambiara si él se convertía en Presidente.

Yo amaba a Barack simplemente de la manera en que él era.

Ya ven, aún cuando en ese entonces Barack era un Senador y un candidato presidencial...para mí, él era todavía el hombre que pasaba a buscar para nuestras citas en un auto tan oxidado que yo podía ver el pavimento por un orificio de la puerta del lado del pasajero...él era el hombre que tenía como su posesión más preciada una mesita de centro que se había encontrado en un basurero, y cuyo único par de zapatos decente era media talla más chicos de lo que en realidad debía usar.

Pero cuando Barack me comenzó a contar sobre su familia, ahí fue cuando supe que había encontrado un alma gemela, alguien cuyos valores y crianza eran muy similares a los míos.

Ya ven, Barack y yo fuimos criados por familias que no tenían mucho dinero o posesiones materiales, pero que nos habían dado algo mucho más valioso: su amor incondicional, su sacrificio absoluto, y la oportunidad de ir a lugares que ellos nunca habían imaginado para sí mismos.

Mi padre era un operador de bombas en la planta de agua de la ciudad, y le diagnosticaron esclerosis múltiple cuando mi hermano y yo éramos jóvenes.

Y aunque era chica, sabía que había muchos días en los que él sufría de dolor...sabía que había muchas mañanas en las que era una lucha para él el simple hecho de salir de la cama.

Pero cada mañana, veía a mi padre despertarse con una sonrisa, agarrar su caminador, acercarse al lavamanos y afeitarse muy despacio y abotonarse su uniforme.

Y cuando regresaba a casa tras un largo día de trabajo, mi hermano y yo nos parábamos en el extremo superior de la escalera que llevaba a nuestro pequeño apartamento, pacientemente esperando para saludarlo...observando cómo se agachaba para levantar una pierna, y luego la otra, para lentamente subir y llegar a nuestros brazos.

Pero a pesar de estos retos, mi padre casi nunca dejó de asistir un día a su trabajo...él y mi madre tenían la determinación de darnos a mí y a mi hermano la clase de educación con la que ellos solamente pudieron soñar.

Y cuando mi hermano y yo finalmente logramos llegar a la universidad, casi toda nuestra matrícula fue cubierta con préstamos y becas estudiantiles.

Pero mi padre todavía tuvo que pagar una pequeña porción de esa matrícula.

Y cada semestre, él tenía la determinación de pagar esa factura justo a tiempo, aún cuando tuviera que pedir préstamos cuando le faltaba para hacerlo.

Él estaba tan orgulloso de enviar a sus hijos a la universidad...y se aseguró que nunca perdiéramos una fecha límite de registración debido a que su cheque se demorara.

Ya ven, para mi padre, eso es lo que significaba ser un hombre.

Como muchos de nosotros, esa fue la medida de su éxito en la vida: ser capaz de ganarse decentemente la vida de manera que le permitiera mantener a su familia.

Y cuando conocí a Barack, me dí cuenta que aunque él había crecido al otro extremo del país, lo habían criado igual que a mí.

Barack fue criado por una madre soltera que luchó para pagar sus cuentas, y por abuelos que se sumaron cuando ella necesitó ayuda.

La abuela de Barack comenzó como secretaria en un banco comunitario...y rápidamente ascendió de puesto...pero como muchas mujeres, chocó con un techo de cristal.

Y durante años, hombres que no estaban más calificados que ella (hombres a los que en realidad ella había entrenado) fueron promovidos por encima de ella, ganando más y más dinero mientras que la familia de Barack continuaba ara sobreviviendo con las uñas.

Pero día tras día, ella continuó despertándose al amanecer para tomar el autobús...llegando al trabajo antes que los demás...dando lo mejor de sí sin quejarse y sin pretextos.

Y ella frecuentemente le decía a Barack: “Mientras que ustedes, chicos, estén bien, Bar, eso es lo único que interesa”.

Como muchas familias estadounidenses, nuestras familias no pedían mucho.

Ellos no guardaban rencores por los éxitos de otros ni les importaba que otros tuvieran mucho más que lo que ellos tenían...de hecho, los admiraban.

Simplemente creían en esa promesa americana básica que, aún cuando usted comenzara con poco, si trabaja arduamente y hace lo que se supone que haga, usted debería poder construir una vida decente para sí mismo y una vida mejor aún para sus hijos y nietos.

Así es como nos criaron a nosotros...eso es lo que aprendimos de su ejemplo.

Aprendimos sobre la dignidad y la decencia; que trabajar arduamente importa más que lo que usted gane...que ayudar a los demás significa más que adelantar usted mismo.

Aprendimos acerca de la honestidad y la integridad, que la verdad importa...que usted no toma atajos ni juega por sus propias reglas...y que el éxito no importa a menos que usted se lo gane de manera justa y equitativa.

Aprendimos acerca de la gratitud y la humildad, que mucha gente había tenido que ver con nuestro éxito, desde los maestros que nos inspiraron hasta los conserjes que mantenían nuestra escuela limpia...y se nos enseño a valorar la contribución de cada uno y a tratar a cada uno con respeto.

Esos son los valores que Barack y yo, y muchos de ustedes, estamos tratando de pasar a nuestros propios hijos.

Eso es lo que somos.

Y al pararme delante de ustedes hace cuatro años, sabía que yo no deseaba que nada de eso cambiara si Barack se convertía en Presidente.

Pues bien, hoy, tras tantas luchas y triunfos y momentos que han puesto a prueba a mi esposo y a mí en maneras que nunca pude haber imaginado, he visto de primera mano que ser Presidente no cambia en nada quién es usted: revela quién es usted.

Ya ven, he logrado ver de cerca y personalmente lo que en realidad es ser Presidente.

Y he visto cómo los asuntos que llegan al escritorio del Presidente son siempre los más difíciles: los problemas en los que ninguna cantidad de datos ni de números le darán la respuesta correcta...los juicios donde las apuestas son altas, y no hay margen para el error.

Y como Presidente, usted puede recibir todo tipo de consejos de toda clase de personas.

Pero a final de cuentas, cuando llega el momento de tomar esa decisión, como Presidente, todo lo que usted tiene para que le guíe es sus valores, y su visión, y las experiencias vividas que lo hacen y lo definen a usted.

Así que cuando se trata de reconstruir nuestra economía, Barack está pensando en personas como mi padre y su propia abuela.

Él está pensando en el orgullo que viene de un arduo día de trabajo.

He ahí por qué él firmó la Ley de Pago Justo Lilly Ledbetter para ayudar a las mujeres a obtener pago igual por igual trabajo.

He ahí por qué él recortó los impuestos para las familias trabajadoras y los pequeños negocios y luchó para que la industria automovilística volviera a levantarse.

He ahí cómo él rescató a nuestra economía del borde del colapso, a la creación de empleos; empleos que sirven para mantener una familia, buenos empleos justamente aquí en los Estados Unidos de América.

Cuando se trata de la salud de nuestras familias, Barack se rehusó a escuchar a todos aquellos individuos que le decían que dejara la reforma de salud para otro día, para otro presidente.

A él no le importó si era fácil o no llevarlo a la realidad políticamente: no fue así como lo criaron; a él le importó que era lo correcto y había que hacerlo.

Él lo hizo porque cree que aquí en los Estados Unidos, nuestros abuelos deberían poder pagar por sus medicinas...nuestros niños deberían poder ver a un médico cuando están enfermos...y nadie en este país debe nunca irse a la ruina por tener un accidente o una enfermedad.

Y él cree que las mujeres somos más que capaces de tomar nuestras propias decisiones sobre nuestros cuerpos y sobre nuestro cuidado de la salud...de eso es de lo que mi esposo es partidario.

Cuando se trata de darles a nuestros niños la educación que ellos merecen, Barack sabe que como yo y como muchos de ustedes, él nunca podría haber asistido a la universidad sin ayuda económica.

Y créanlo o no, cuando nos casamos, nuestras facturas de préstamos estudiantiles combinadas eran en realidad mayores que nuestra hipoteca.

Éramos tan jóvenes, estábamos tan enamorados, y tan endeudados.

Es por eso que Barack ha luchado tan arduamente para incrementar la ayuda estudiantil y mantener las tasas de intereses bajas, porque quiere que cada joven cumpla su promesa y sea capaz de asistir a la universidad sin una montaña de deudas.

De modo que al final, para Barack, estos asuntos no son políticos: son personales.

Porque Barack entiende el trabajo que puede pasar una familia.

Él sabe lo que significa desear algo más para sus hijos y sus nietos.

Barack conoce el Sueño Americano porque lo ha vivido...y él desea que cada persona en este país tenga la misma oportunidad, sin importar quiénes somos, o de dónde venimos, o cuál es nuestra apariencia, o a quién amamos.

Y él cree que cuando uno ha trabajado arduamente, y lo ha hecho bien, y ha traspasado el portal de la oportunidad...la misma no se cierra de golpe después que usted pasó...usted regresa, y le da a otros las mismas oportunidades que le ayudaron a usted a tener éxito.

Así que cuando las personas me preguntan si estar en la Casa Blanca ha cambiado a mi esposo, puedo decir honestamente que cuando se trata de su carácter y de sus convicciones, y de su corazón, Barack Obama es todavía el mismo hombre del que me enamoré hace todos esos años.

Es el mismo hombre que comenzó su carrera rechazando empleos que pagaban mucho y en su lugar trabajando en vecindarios que luchaban por sobrevivir donde una planta de acero había cerrado, luchando para reconstruir esas comunidades y hacer que esos individuos regresaran al trabajo...porque para Barack, el éxito no tiene que ver con cuánto dinero usted gana, sino con la diferencia que usted marca en las vidas de las personas.

Él es el mismo hombre que, cuando nuestras niñas nacieron, ansiosamente revisaba sus cunas cada minuto para asegurarse que todavía respiraban, mostrándoselas orgullosamente a todo el que conocía.

Ése es el mismo hombre que se sienta conmigo y con nuestras niñas a cenar cada noche, respondiendo pacientemente sus preguntas sobre asuntos que aparecen en las noticias, y planeando estrategias acerca de las amistades en la escuela media.

Ése es el hombre que veo en esos momentos de quietud, bien entrada la noche, encorvado sobre su escritorio, estudiando detenidamente las cartas que le han enviado.

La carta del padre que lucha por pagar sus cuentas...de la mujer que se muere de cáncer porque su compañía de seguros no cubrirá su atención y cuidado...de la persona joven con muchas promesas y tan pocas oportunidades.

Veo la preocupación en sus ojos...y escucho su determinación en la voz al decirme: “No creerás lo que estas personas están pasando, Michelle...esto no está bien. Tenemos que seguir trabajando para arreglar esto. Tenemos tanto más que hacer”.

Veo cómo esas historias (nuestra colección de luchas y esperanzas y sueños), veo cómo eso es lo que le da ímpetu a Barack Obama todos los días.

Y no creí que fuera posible, pero hoy, amo a mi esposo aún más que lo que lo amaba hace cuatro años...aún más que hace 23 años, cuando nos conocimos por vez primera.

Amo el hecho de que nunca haya olvidado cómo comenzó.

Amo que podamos confiar en Barack para que haga lo que dice que va a hacer, aún cuando sea difícil; especialmente cuando es difícil.

Amo que para Barack, no hay cosa tal como “nosotros” y “ellos”; a él no le importa si usted es demócrata, republicano, o ninguno de los dos...él sabe que todos amamos nuestro país...y siempre está listo para escuchar buenas ideas...siempre está buscando lo mejor en cada a quién que conoce.

Y amo que aún en los momentos más difíciles, cuando todos estamos trabajando fuerte, cuando estamos preocupados porque esa ley no va a pasar, y tal parece que todo está perdido, Barack nunca se deja distraer por las conversaciones y el ruido.

Simplemente como su abuela, él siempre se mantiene levantándose y moviéndose hacia adelante...con paciencia y sabiduría, con coraje y gracia.

Y él me recuerda que estamos jugando un largo partido...y que el cambio es difícil, y que el cambio es lento, y que nunca sucede todo a la vez.

Pero al final, llegamos allí, siempre lo hacemos.

Llegamos allí gracias a individuos como mi padre...individuos como la abuela de Barack...hombres y mujeres que se dijeron a sí mismos: “Puede que yo no tenga la oportunidad de alcanzar mis sueños, pero a lo mejor mis hijos sí...tal vez mis nietos sí”.

Hay tantos de nosotros que estamos aquí esta noche gracias a su sacrificio, y a su prolongado y firme amor...porque una y otra vez, se tragaron sus miedos y sus dudas, e hicieron lo que era difícil de hacer.

Así que hoy, cuando los retos que enfrentamos parecen abrumadores, o incluso imposibles, no olvidemos nunca que hacer lo imposible es la historia de esta nación...es quiénes somos como americanos...es cómo se construyó este país.

Y si nuestros padres y abuelos pudieron esforzarse y luchar por nosotros...si ellos pudieron alzar vigas de acero hasta llegar al cielo, enviar un hombre a la luna, y conectar a todo el mundo con el toque de un solo botón...entonces seguramente podemos seguir sacrificándonos y construyendo un futuro para nuestros hijos y nietos.

Y si muchos hombres y mujeres valientes pudieron vestir el uniforme de nuestro país y sacrificar sus vidas por nuestros derechos más fundamentales...entonces seguramente podemos hacer nuestra parte como ciudadanos de esta gran democracia para ejercitar esos derechos...seguramente, podemos ir a las urnas y hacer que se escuchen nuestras voces el Día de las Elecciones.

Si los granjeros y los herreros pudieron ganarle la independencia a un imperio...si los inmigrantes pudieron dejar detrás todo lo que conocían para tener una mejor vida en nuestras costas... si las mujeres pudieron dejarse arrastrar a la cárcel en busca del voto...si una generación pudo derrotar una depresión y definir la grandeza para todos los tiempos...si un joven predicador pudo levantarnos a la cima de la montaña con su sueño justo...y si los orgullosos estadounidenses pueden ser quienes son y valientemente defender en el altar a quien aman...entonces seguramente, seguramente podemos darles a todos y cada uno en este país una oportunidad justa en ese gran Sueño Americano.

Porque al final, más que cualquier otra cosa, esa es la historia de este país: la historia de la esperanza inquebrantable enraizada en una lucha que no cede.

Eso es lo que hizo posible mi historia, y la historia de Barack, y la historia de tantos otros estadounidenses.

Y digo todo esto en esta noche no solamente como Primera Dama...y no solamente como esposa.

Y es que, a final de cuentas, todavía mi título más importante es el de “madre en jefe”.

Mis hijas son todavía el corazón de mi corazón y el centro de mi mundo.

Pero hoy, no tengo ninguna de esas preocupaciones de hace cuatro años, acerca de si Barack y yo íbamos a hacer lo mejor para nuestras hijas.

Porque hoy, ya sé por experiencia que si realmente deseo dejar un mundo mejor para mis hijas, y todos nuestros hijos e hijas...si deseo darle a todos nuestros hijos una base para sus sueños y oportunidades que sean dignas del valor de su promesa...si deseo darles eses sentido de posibilidades sin límites, esa convicción de que aquí en los Estados Unidos existe siempre algo mejor allá afuera, si usted está dispuesto a trabajar por ello...entonces debemos trabajar como nunca antes...y debemos una vez más unirnos y mantenernos unidos por el hombre en quien podemos confiar para que mantenga a este gran país marchando hacia adelante...mi esposo, nuestro Presidente, el Presidente Barack Obama.

Muchas gracias, Dios les bendiga, y Dios bendiga a los Estados Unidos.


(English version)
Thank you so much, Elaine…we are so grateful for your family’s service and sacrifice…and we will always have your back.

Over the past few years as First Lady, I have had the extraordinary privilege of traveling all across this country.

And everywhere I’ve gone, in the people I’ve met, and the stories I’ve heard, I have seen the very best of the American spirit.

I have seen it in the incredible kindness and warmth that people have shown me and my family, especially our girls.

I’ve seen it in teachers in a near-bankrupt school district who vowed to keep teaching without pay.

I’ve seen it in people who become heroes at a moment’s notice, diving into harm’s way to save others…flying across the country to put out a fire…driving for hours to bail out a flooded town.

And I’ve seen it in our men and women in uniform and our proud military families…in wounded warriors who tell me they’re not just going to walk again, they’re going to run, and they’re going to run marathons…in the young man blinded by a bomb in Afghanistan who said, simply, “…I’d give my eyes 100 times again to have the chance to do what I have done and what I can still do.”

Every day, the people I meet inspire me…every day, they make me proud…every day they remind me how blessed we are to live in the greatest nation on earth.

Serving as your First Lady is an honor and a privilege…but back when we first came together four years ago, I still had some concerns about this journey we’d begun.

While I believed deeply in my husband’s vision for this country…and I was certain he would make an extraordinary President…like any mother, I was worried about what it would mean for our girls if he got that chance.

How would we keep them grounded under the glare of the national spotlight?

How would they feel being uprooted from their school, their friends, and the only home they’d ever known?

Our life before moving to Washington was filled with simple joys…Saturdays at soccer games, Sundays at grandma’s house…and a date night for Barack and me was either dinner or a movie, because as an exhausted mom, I couldn’t stay awake for both.

And the truth is, I loved the life we had built for our girls…I deeply loved the man I had built that life with…and I didn’t want that to change if he became President.

I loved Barack just the way he was.

You see, even though back then Barack was a Senator and a presidential candidate…to me, he was still the guy who’d picked me up for our dates in a car that was so rusted out, I could actually see the pavement going by through a hole in the passenger side door…he was the guy whose proudest possession was a coffee table he’d found in a dumpster, and whose only pair of decent shoes was half a size too small.

But when Barack started telling me about his family – that’s when I knew I had found a kindred spirit, someone whose values and upbringing were so much like mine.

You see, Barack and I were both raised by families who didn’t have much in the way of money or material possessions but who had given us something far more valuable – their unconditional love, their unflinching sacrifice, and the chance to go places they had never imagined for themselves.

My father was a pump operator at the city water plant, and he was diagnosed with Multiple Sclerosis when my brother and I were young.

And even as a kid, I knew there were plenty of days when he was in pain…I knew there were plenty of mornings when it was a struggle for him to simply get out of bed.

But every morning, I watched my father wake up with a smile, grab his walker, prop himself up against the bathroom sink, and slowly shave and button his uniform.

And when he returned home after a long day’s work, my brother and I would stand at the top of the stairs to our little apartment, patiently waiting to greet him…watching as he reached down to lift one leg, and then the other, to slowly climb his way into our arms.

But despite these challenges, my dad hardly ever missed a day of work…he and my mom were determined to give me and my brother the kind of education they could only dream of.

And when my brother and I finally made it to college, nearly all of our tuition came from student loans and grants.

But my dad still had to pay a tiny portion of that tuition himself.

And every semester, he was determined to pay that bill right on time, even taking out loans when he fell short.

He was so proud to be sending his kids to college…and he made sure we never missed a registration deadline because his check was late.

You see, for my dad, that’s what it meant to be a man.

Like so many of us, that was the measure of his success in life – being able to earn a decent living that allowed him to support his family.

And as I got to know Barack, I realized that even though he’d grown up all the way across the country, he’d been brought up just like me.

Barack was raised by a single mother who struggled to pay the bills, and by grandparents who stepped in when she needed help.

Barack’s grandmother started out as a secretary at a community bank…and she moved quickly up the ranks…but like so many women, she hit a glass ceiling.

And for years, men no more qualified than she was – men she had actually trained – were promoted up the ladder ahead of her, earning more and more money while Barack’s family continued to scrape by.

But day after day, she kept on waking up at dawn to catch the bus…arriving at work before anyone else…giving her best without complaint or regret.

And she would often tell Barack, “So long as you kids do well, Bar, that’s all that really matters.”

Like so many American families, our families weren’t asking for much.

They didn’t begrudge anyone else’s success or care that others had much more than they did...in fact, they admired it.

They simply believed in that fundamental American promise that, even if you don’t start out with much, if you work hard and do what you’re supposed to do, then you should be able to build a decent life for yourself and an even better life for your kids and grandkids.

That’s how they raised us…that’s what we learned from their example.

We learned about dignity and decency – that how hard you work matters more than how much you make…that helping others means more than just getting ahead yourself.

We learned about honesty and integrity – that the truth matters…that you don’t take shortcuts or play by your own set of rules…and success doesn’t count unless you earn it fair and square.

We learned about gratitude and humility – that so many people had a hand in our success, from the teachers who inspired us to the janitors who kept our school clean…and we were taught to value everyone’s contribution and treat everyone with respect.

Those are the values Barack and I – and so many of you – are trying to pass on to our own children.

That’s who we are.

And standing before you four years ago, I knew that I didn’t want any of that to change if Barack became President.

Well, today, after so many struggles and triumphs and moments that have tested my husband in ways I never could have imagined, I have seen firsthand that being president doesn’t change who you are – it reveals who you are.

You see, I’ve gotten to see up close and personal what being president really looks like.

And I’ve seen how the issues that come across a President’s desk are always the hard ones – the problems where no amount of data or numbers will get you to the right answer…the judgment calls where the stakes are so high, and there is no margin for error.

And as President, you can get all kinds of advice from all kinds of people.

But at the end of the day, when it comes time to make that decision, as President, all you have to guide you are your values, and your vision, and the life experiences that make you who you are.

So when it comes to rebuilding our economy, Barack is thinking about folks like my dad and like his grandmother.

He’s thinking about the pride that comes from a hard day’s work.

That’s why he signed the Lilly Ledbetter Fair Pay Act to help women get equal pay for equal work.

That’s why he cut taxes for working families and small businesses and fought to get the auto industry back on its feet.

That’s how he brought our economy from the brink of collapse to creating jobs again – jobs you can raise a family on, good jobs right here in the United States of America.

When it comes to the health of our families, Barack refused to listen to all those folks who told him to leave health reform for another day, another president.

He didn’t care whether it was the easy thing to do politically – that’s not how he was raised – he cared that it was the right thing to do.

He did it because he believes that here in America, our grandparents should be able to afford their medicine…our kids should be able to see a doctor when they’re sick…and no one in this country should ever go broke because of an accident or illness.

And he believes that women are more than capable of making our own choices about our bodies and our health care…that’s what my husband stands for.

When it comes to giving our kids the education they deserve, Barack knows that like me and like so many of you, he never could’ve attended college without financial aid.

And believe it or not, when we were first married, our combined monthly student loan bills were actually higher than our mortgage.

We were so young, so in love, and so in debt.

That’s why Barack has fought so hard to increase student aid and keep interest rates down, because he wants every young person to fulfill their promise and be able to attend college without a mountain of debt.

So in the end, for Barack, these issues aren’t political – they’re personal.

Because Barack knows what it means when a family struggles.

He knows what it means to want something more for your kids and grandkids.

Barack knows the American Dream because he’s lived it…and he wants everyone in this country to have that same opportunity, no matter who we are, or where we’re from, or what we look like, or who we love.

And he believes that when you’ve worked hard, and done well, and walked through that doorway of opportunity…you do not slam it shut behind you…you reach back, and you give other folks the same chances that helped you succeed.
So when people ask me whether being in the White House has changed my husband, I can honestly say that when it comes to his character, and his convictions, and his heart, Barack Obama is still the same man I fell in love with all those years ago.

He’s the same man who started his career by turning down high paying jobs and instead working in struggling neighborhoods where a steel plant had shut down, fighting to rebuild those communities and get folks back to work…because for Barack, success isn’t about how much money you make, it’s about the difference you make in people’s lives.

He’s the same man who, when our girls were first born, would anxiously check their cribs every few minutes to ensure they were still breathing, proudly showing them off to everyone we knew.

That’s the man who sits down with me and our girls for dinner nearly every night, patiently answering their questions about issues in the news, and strategizing about middle school friendships.

That’s the man I see in those quiet moments late at night, hunched over his desk, poring over the letters people have sent him.

The letter from the father struggling to pay his bills…from the woman dying of cancer whose insurance company won’t cover her care…from the young person with so much promise but so few opportunities.

I see the concern in his eyes...and I hear the determination in his voice as he tells me, “You won’t believe what these folks are going through, Michelle…it’s not right. We’ve got to keep working to fix this. We’ve got so much more to do.”

I see how those stories – our collection of struggles and hopes and dreams – I see how that’s what drives Barack Obama every single day.

And I didn’t think it was possible, but today, I love my husband even more than I did four years ago…even more than I did 23 years ago, when we first met.

I love that he’s never forgotten how he started.

I love that we can trust Barack to do what he says he’s going to do, even when it’s hard – especially when it’s hard.

I love that for Barack, there is no such thing as “us” and “them” – he doesn’t care whether you’re a Democrat, a Republican, or none of the above…he knows that we all love our country…and he’s always ready to listen to good ideas…he’s always looking for the very best in everyone he meets.

And I love that even in the toughest moments, when we’re all sweating it – when we’re worried that the bill won’t pass, and it seems like all is lost – Barack never lets himself get distracted by the chatter and the noise.

Just like his grandmother, he just keeps getting up and moving forward…with patience and wisdom, and courage and grace.

And he reminds me that we are playing a long game here…and that change is hard, and change is slow, and it never happens all at once.

But eventually we get there, we always do.

We get there because of folks like my Dad…folks like Barack’s grandmother…men and women who said to themselves, “I may not have a chance to fulfill my dreams, but maybe my children will…maybe my grandchildren will.”

So many of us stand here tonight because of their sacrifice, and longing, and steadfast love…because time and again, they swallowed their fears and doubts and did what was hard.

So today, when the challenges we face start to seem overwhelming – or even impossible – let us never forget that doing the impossible is the history of this nation…it’s who we are as Americans…it’s how this country was built.

And if our parents and grandparents could toil and struggle for us…if they could raise beams of steel to the sky, send a man to the moon, and connect the world with the touch of a button…then surely we can keep on sacrificing and building for our own kids and grandkids.

And if so many brave men and women could wear our country’s uniform and sacrifice their lives for our most fundamental rights…then surely we can do our part as citizens of this great democracy to exercise those rights…surely, we can get to the polls and make our voices heard on Election Day.

If farmers and blacksmiths could win independence from an empire…if immigrants could leave behind everything they knew for a better life on our shores…if women could be dragged to jail for seeking the vote…if a generation could defeat a depression, and define greatness for all time…if a young preacher could lift us to the mountaintop with his righteous dream…and if proud Americans can be who they are and boldly stand at the altar with who they love…then surely, surely we can give everyone in this country a fair chance at that great American Dream.

Because in the end, more than anything else, that is the story of this country – the story of unwavering hope grounded in unyielding struggle.

That is what has made my story, and Barack’s story, and so many other American stories possible.

And I say all of this tonight not just as First Lady…and not just as a wife.

You see, at the end of the day, my most important title is still “mom-in-chief.”

My daughters are still the heart of my heart and the center of my world.

But today, I have none of those worries from four years ago about whether Barack and I were doing what’s best for our girls.

Because today, I know from experience that if I truly want to leave a better world for my daughters, and all our sons and daughters…if we want to give all our children a foundation for their dreams and opportunities worthy of their promise…if we want to give them that sense of limitless possibility – that belief that here in America, there is always something better out there if you’re willing to work for it…then we must work like never before…and we must once again come together and stand together for the man we can trust to keep moving this great country forward…my husband, our President, President Barack Obama.

Thank you, God bless you, and God bless America.
OFA

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