DE LOS 50 EN ADELANTE

CAPÍTULO 5

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Irene Calvo

Tengo un armario ordenado lleno de ropa a la última moda que me sienta estupendamente, entro en una talla cuarenta, mi corte de pelo es espectacular y mis canas han desaparecido, soy feliz y sobre todo me siento feliz y agradecida con la vida. Escribo mi siguiente plan de acción, el número tres:

Conocer a gente nueva, divertirme, quiero que me pasen cosas.

Sin pensarlo dos veces, porque estas cosas a veces es mejor no pensarlas, escribo a mi entrenador:

“¿Sigue en pie esa salida de los jueves?”

“Te esperamos a las ocho y media en El Solórzano”. Ya no hay vuelta atrás.

No tengo miedo, me siento guapa, en forma física y mentalmente preparada para hacer cosas diferentes, así que me lo apunto en la agenda: jueves, salida con el grupo de entrenamiento.

Aprovecho que hace bueno para ir a pasear por el centro vestida, es una pena desaprovechar toda esta ropa nueva, voy a hacer la compra con un pantalón que no es un legging, con zapatos y sin pinza en el pelo.  Soy un ser humano normal, además de ser un ser humano que ha evolucionado, paso a ser una mujer sapiens que se da un capricho y pide que le manden la compra a casa, eso de cargar como una burra se acabó, no necesito hacer compras pantagruélicas, vivo sola, voy a comprar solo lo que me gusta, compro en el mercado donde los alimentos huelen de verdad a comida (he descubierto el olor de verdad de los tomates y me he enamorado de los tomates cherry, que como como si fueran aceitunas).

Escribo en mi lista:

No me gusta la cerveza, a mí me gusta el vino. Ex bebía sólo cerveza y yo compraba, cargaba y consumía cerveza. Mi barriga se ha desinflado misteriosamente, Inercia se fija en ella y dice:

“Es verdad”

Así que he empezado a hacer la compra en un súper muy pequeño cerca de casa donde los productos son de la región, debe ser por eso que abre tan tarde por la mañana porque los traen directamente del campo. Hablo con una dependienta que ya me conoce, me aconseja, me dice que la lechuga llega más tarde y se fía de mí aunque no se la deje pagada, yo insisto, pero ella me dice que no me preocupe. A mí me dan ganas de llorar porque la gente se preocupa por mí, soy una mujer sapiens un poco demasiado emocional.

No tengo prisa, me apunto en la lista de me gusta:

Me gusta no tener prisa, me siento a tomar mi Rooibos en una terraza al lado del embarcadero mirando a la bahía, no hace nada de frío, a pesar de que estamos en invierno, el té me calienta las manos y la vista de la bahía me calienta el corazón. Inercia también está extasiada frente al panorama, tampoco ella está acostumbrada a tanta belleza. Me apunto en la lista de me gusta:

Me gusta estar rodeada de belleza.

Me vuelvo a casa, lista para esperar a la compra que no he cargado, machacada un poco por los zapatos a los que me había desacostumbrado y con ganas de sofá y lectura. Coloco mi compra y mi casa huele a la huerta murciana, a la albahaca que he comprado y que tengo en un tiestecillo monísimo blanco y que todavía no sé cómo comer o cocinar, pero me encanta el olor que deja en la cocina de mi casa.

Tarea para la tarde: pensar en lo que me voy a poner. Inercia me dice que me estoy volviendo un poco frívola y tiene razón, ya se me pasará, pero mientras tanto me deleito mirando el interior de mi armario como si estuviera en el mismísimo museo del Prado.