¿Decisiones correctas?

Para el banquero Thomas Storrs “lo malo no era equivocarse sino tomar decisiones equivocadas”. Algo sobre tomar decisiones correctas debía saber el recientemente fallecido Storrs, ya que gracias a él el Banco Nacional de Carolina del Norte (NCNB) llegó a convertirse en el actual Bank of America y Charlotte (donde tiene su sede) en el segundo centro financiero de los Estados Unidos.

En estas últimas semanas los políticos tomaron la decisión de que su debate se centrase en la posibilidad de que empresarios y aseguradoras rechazasen por cuestiones religiosas y morales la gratuidad o no de métodos anticonceptivos a sus empleadas.

¿Es correcta la decisión de centrar en este asunto el debate político del momento? Sin duda es un tema serio, como tantos otros, pero no prioritario, al menos en este momento, ni para la ciudadanía ni para el futuro del país. Lo que llevamos del año 2012 arroja hechos tan inquietantes como los de los primeros meses de 2011.

Los ciudadanos por lo que están abrumados es por las dificultades de la vida cotidiana, asustados por la subida del petróleo, por la posibilidad de una nueva guerra, de una nueva recesión... Nuestra propia comunidad está muy preocupada además por temas que le afectan directamente (inmigración, deportaciones, “Dream Act”...).

¿Están desconectados los políticos de la realidad social? ¿Qué se le dice a un padre de familia que ha perdido su trabajo y no puede proveer a los suyos de lo más básico? Hay ayudas estatales, pero las ayudas son sólo éso. “Salvavidas temporales” que permiten a las familias sostenerse unas semanas hasta que la situación adversa sea encauzada. Las ayudas no pueden desvirtuar su fin y convertirse en permanente fuente de ingresos familiar.

Un claro ejemplo de para qué sirven las ayudas lo tenemos en las que recibirán los damnificados por los recientes tornados en el centro del país. Serán un apoyo temporal para recomenzar desde cero.
La concesión “ad eternum” de ayudas es injusta. En primer lugar, para los que las reciben porque significa que su vida no ha retornado a la normalidad. En segundo lugar, para nuevas familias que hayan devenido en situaciones de desgracia y que no puedan ser ayudadas al consumir los primeros la totalidad de los fondos de subsistencia y, finalmente injustas para aquéllos que suministran esas ayudas y que no dejan de ser los propios ciudadanos a través de sus impuestos.

La optimización de la gestión de fondos comunes debería preocupar a sus gestores y centrar el debate político de la misma forma que preocupa a la ciudadanía. Si las economías familiares estuvieran saneadas, no se reclamaría la gratuidad de producto o servicio alguno ya que, cada uno afrontaría sus propios gastos. Exigir a cualquier administración la gratuidad o subvención de cualquier artículo o servicio ordinario y de beneficio personal es implícitamente exigir a los conciudadanos.

Los gobiernos no son “creadores” de dinero sino gestores. El dinero es aportado por los propios ciudadanos a través del sistema impositivo. Por lo tanto, cuando alguien reclama “que el gobierno le dé”, en definitiva lo que reclama es que sus propios semejantes “le dén”. Es un eufemismo para exigir la caridad de los demás. “La caridad no se exige, se da”, nos decían en el colegio. Quizás expresado de esta manera, se vea más fácilmente que cuando se “exige” a las autoridades, en realidad a quien se exige es a los propios semejantes.

Esperemos que en los próximos meses, los políticos tomen decisiones correctas, priorizando los temas de su debate político en consonancia con las demandas de la sociedad. Ya que, se acerca el momento en que ellos han de pasar su examen y rendición de cuentas ante la ciudadanía que es, la que tiene el poder que le otorgan las urnas.

Virginia Esteban
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