Dormir cuando uno está despierto

Es el primer día en mi nuevo trabajo, he cambiado muchas veces de trabajo y casi casi me estoy empezndo a relajar. Hoy no es diferente, llevo diciendo que sí a todo el mundo desde que he llegado, no me importa lo que me digan o pidan, soy muy buena, muy dócil y educada. Molesto lo justo y tengo una voz de lo más meloso cuando me dirijo a las personas.

LLevo toda la mañana sin ordenador, está siendo una prueba molto ardua (ni a Master Chef harían una cosa así a los concursantes). En general, los hombres te quieren, las mujeres no tanto. Solo te quieren si es seguro que después de 5 minutos te van a largar para siempre y si está de que en cuanto dejes de preguntarles de todo te irás a tu sitio y ellas seguirán con lo suyo.

Me entierro a mi misma para organizar mi jornada y para boicotear todo intento de suicido, me apunto al cafecito, como con mis compañeros en un sitio horrible donde tengo que engullir porque tenemos una hora para hacer todo y donde no tengo sitio para apoyar el bolso o para quitarme el abrigo. Pelegrino con ellos también al bar donde se toman el café. De vuelta a la oficina me embosco en el baño donde prolungo la estancia lavándome los dientes con mucha, mucha calma.

Me invento la rutina del agua y me levanto cada 7 minutos para beber un vaso de agua y así sigo hasta la cita con mi nuevo jefe a las 3.

De tanto enterrarme para organizarme mi NO trabajo, tengo todos los músculos contraídos sobre todo los del cuello, hombros y homoplato derecho ya que es el brazo con el que estoy escribiendo con un bolígrafo de tinta rosa, algo casi de la era prehistórica. Últimamente solo escribo a lápiz la lista de la compra. Estoy dejando una marca con el boli rosa que marco los 10 fóleos de papel que tengo debajo.

Se que sobreviviré, no es la primera vez que experimento esta situación que no me gusta. En algún lugar remoto de mi cerebro espero que sea la última yen otro espero echar un ancla aquí y volverme una rutinaria, aprender de memoria mis deberes y aparcar mis obligaciones, quiero saber todos los minutos que me dan a la semana de vacaciones, quiero poder ponerme mala y que me paguen, quiero donar sangre y que me den todo el día de permiso. Me gustaría ser una rutinaria, una burócrata y comer galletas de arroz que no saben a nada.

Por desgracia voy a empezar a gritar dentro de 30 segundos porque no se que hacer, porque no tengo un ordenador donde desfogarme porque no se que son las vacaciones sin telefono porque no se que es ponerme mala y porque no se que es un fin de semana sin WIFI. Me gusta trabajar, ganarme el pan, me gusta ser útil y ser una buena curranta.

Que le voy a hacer…

Irene Calvo
Acerca del Autor
Roma, I love you: Moda y otras historias...

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