“Echar el cierre”

Para los que vivíamos en Europa en los noventa, la Guerra Balcánica no tenía explicación. Ninguna guerra la tiene. Pero aquélla, estaba ocurriendo en la puerta de casa a gente que muy bien podríamos haber sido nosotros.

Las guerras que había conocido mi generación siempre ocurrían muy lejos y a gente muy distinta –éso creíamos– a nuestra familia, vecinos y amigos.

Nos preguntábamos cómo la Organización de Naciones Unidas, ese organismo que estudiamos en nuestros libros de texto y que parecía que ponía orden en el mundo no hacía nada. Se suponía que su fin era promover la paz, pero le ordenó a sus tropas no entrometerse.

Cuatro años después –en 1995– aquella horrible guerra acabó. Ciento treinta mil personas murieron, se produjeron abusos contra civiles, atropello de los derechos humanos, asesinatos, torturas… pero la ONU continuó existiendo y yo la visité. Me hablaron de sus muchas actividades por la paz mundial.

Desde entonces ha habido otras guerras, otras muertes, otros atropellos de los derechos humanos. La ONU sigue, porque a los políticos de todos los países integrantes les interesa que siga. Y no me refiero con ello a altruistas intereses del mantenimiento de la paz. Me refiero a los elevados salarios de los funcionarios desplazados, las buenas dietas de los integrantes de las diferentes misiones diplomáticas, y en definitiva al mantenimiento de la buena vida de unos pocos que son incapaces de poner fin a la mala vida de muchos.

Unos minutos antes de que dieran las doce el día 31 de diciembre en Times Square, un canal televisivo hacía un par de preguntas sobre el orbe mundial al secretario general saliente de la ONU Ban-Ki Moon. El hasta esa noche secretario general, pronunció en la cortísima entrevista la palabra paz más de diez veces, mientras a sus espaldas sonaba estruendosa una de las actuaciones musicales de la noche.

Sentí vergüenza. Ningún profesional de los medios debe formular ese tipo de preguntas en ése contexto y ningún profesional de la política debe acceder a contestarlas en un ambiente y en un momento tan trivial. Es una falta de respeto, a la humanidad y a la palabra tan mencionada en esos cinco minutos de entrevista: la paz mundial.

El primer día del año, António Guterres se estrenó como nuevo secretario general de la ONU y, ¿saben qué? Hizo un llamamiento a la paz y abogó por un “alto el fuego en los campos de batalla”. El nuevo jefe de la diplomacia internacional exhortó a todos a que, junto a él nos comprometiéramos con la paz e hiciésemos que 2017 fuese un año precisamente de éso, de paz.

No ha transcurrido tan siquiera un mes de este nuevo año y basta echar un vistazo a los periódicos para comprobar el camino que llevamos.

Con todos mis respetos para el nuevo secretario general de la ONU pienso que, quizás un buen camino para alcanzar tan ansiada paz, sea “echar el cierre” a todos los organismos que, como el que Guterres preside llevan años hablando de paz y demostrando su ineficacia para alcanzarla.

Virginia Esteban
Acerca del Autor
Editorial

Leave a Reply