El año cero

Escrito el 07 Mar 2018
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¿Cuándo podemos soltar la mano de nuestros hijos y dejarles volar por si mismos? ¿Cuándo es el año cero de sus vidas? ¿Cuándo podemos decir que estamos satisfechos del trabajo que hemos hecho como padres?

Por mucho que se lea, se observe, se estudie o se hagan prácticas como baby sitter nunca se estará preparado para la llegada de los hijos. Ser madre es una sobrevivencia cotidiana, una improvisación step by step y un training digno de los mejores atletas.

Con el pasar del tiempo, más tranquila y agotada de correr y de intentar estar en dos sitios diferentes en el mismo momento y de ser perfecta en todos los ámbitos de mi vida, decidí cambiar actitud y dedicarme a sembrar sin pedir nada, nada, nada a cambio. Solo sembrar y sembrar.

He intentado tener una paciencia eterna que he perdido en muchas ocasiones, he contado hasta el infinito antes de gritar y he gritado muchas veces antes de empezar a contar.

He llevado a mis hijos a exposiciones donde mientras participaban en un taller que explicaba la obra del autor para niños yo me veía la exposición con adultos. Los berridos de mi hijo mayor se oían hasta en Katmandú mientras yo contaba y contaba mi hijo lloraba y lloraba porque no quería quedarse.

En Ámsterdam, en el FABULOSO y mundialmente conocido museo Van Gogh mi hijo se me negó en redondo a coger el audio guía y preguntó:

“¿Por qué hay tantas grietas?”

No le llamó la atención ningún cuadro pero sí una pequeña grieta del techo… En Ámsterdam se obsesionó también con ir a ver el Estadio de futbol de Ajax, parece ser que es un equipo de futbol buenísimo y yo me negué en redondo. Mi hijo no cesó en su empeño hasta que mi madre no le compró la camiseta de ese equipo que costaba por cierto un dineral. En Madrid me tocó hacer la visita guiada al Santiago Bernabéu, para mi hijo fue casi orgásmico, yo casi me muero de aburrimiento… Tengo que informar a mis lectores de que actualmente mi hijo está estudiando en la universidad Ciencias del Deporte.

Mientras estudiaba en el colegio, la segunda guerra mundial, en Roma abrieron por primera vez el búnker de Mussolini sito en Villa Torlonia. La guía nos explicaba todos los por menores del búnker y el porqué de un teléfono que estaba en una pared, cuando acabó la explicación mi hijo ni corto ni perezoso descolgó el teléfono e hizo como si estuviera encargando una pizza Margarita a un restaurante. Esa vez conté mucho para no soltarle un tortazo.

Imaginad esta escena: una soleada mañana del mes de diciembre, desayuno en la terracita de un bar en el centro de Roma, hago una paréntesis para decir que esto ya es un milagro visto que mi hijo mayor ha comido siempre fatal, todavía recuerdo que la única manera para que bebiera un simple Actimel era decirle que era la poción mágica de Harry Potter, y por ese motivo he visto “Harry Potter y la piedra filosofal” un millón de veces, todo para que bebiera un Actimel, todo para sembrar.

¡Volvamos al mágico desayuno! una soleada mañana del mes de diciembre, desayuno en la terracita de un bar en el centro de Roma, mi hijo había cumplido 18 años y teníamos que ir a una oficina del ayuntamiento para firmar un documento. Mientras saboreaba mi cappuccino mi hijo me pregunta:

Mama, ¿te acuerdas cuando no quería ir nunca contigo a un museo, de viaje o a un concierto?

“Claro que si mi osito” contesté sin ningún rencor “¿por qué?”

“Porque ahora te lo agradezco”

Así, así y así sin más llego el momento físico, químico, metafísico, metafórico, ángeles cantando, iluminación y relajación absoluta. EL AÑO CERO, el momento en el que te das cuenta de que eres una buena madre y de que has regalado al mundo una buena persona, el momento en el que sabes con certeza que tu hijo ya no te pertenece y que es un ser humano independiente.

Un momento histórico, un momento bellísimo, un momento maravilloso en el que obviamente no te puedes poner a llorar porque seguramente tu hijo saldría corriendo. Un instante, una frase que te paga por todo los esfuerzos que has hecho, finalmente tienes la certeza que has tenido la mejor cosecha.

By Irene Calvo Crespo

Marzo 2018

Irene Calvo
Acerca del Autor
Roma, I love you: Moda y otras historias...