El discreto vuelo de un nombre de pluma

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Estimado lector:

Tras la bella acogida de cada una de mis obras publicadas, las cuales se han llevado, y para bien, ingentes fragmentos de mi vida, es justo hacer en esta etapa del camino mi más solemne confesión pues la devoción constante y silenciosa busca recibir también algún tipo de respuesta igual de generosa y llena de gratitud.

Comenzaré anunciando que esta será mi última novela. Me gustaría decir que soy una de esas autoras prolíficas pero me temo que mi prosa concienzuda es inversamente proporcional a mi capacidad de controlar el tiempo. Supongo que mis musas son caprichosas y a cambio de otorgarme inspiración, me demandan como tributo gran parte de mis días.

He de confesar también que no me llamo Áurea Hontana, figura en la que me he refugiado todos estos años. Mi vida está plagada de temores y ha carecido de la complejidad y el riesgo que me hubiese gustado sentir, pero Áurea ha vivido, gracias a usted, y será ella quien trascienda cuando este volumen amarillee.

Entre las páginas que sostiene, y espero que disfrute, descubrirá muchos personajes. Uno de esos nombres es el mío; el auténtico. Conociendo mi fascinación por el suspense, le ruego que me permita este retorcido e inocente último ingenio.

He sido buena en otorgar vidas a otros excepto a mí misma así que supongo que es hora de iniciar mi propia ficción y admito que no sé cómo hacerlo fuera de una hoja en blanco. Pero estoy lista.

Ojalá pronto pueda volver a usted más allá de este epílogo anticipado.

Mis mejores deseos.