El “embargo” a Castrolandia y otros cuentos de hadas.

Señores: ¿Hasta cuándo van a seguir discutiendo la problemática del embargo, el desastre económico castrista y su «debilitamiento» del régimen?

A riesgo de agraviar y causar estupor, les voy a aclarar ciertas cosas punto por punto. Si no les parece, no crean absolutamente nada.

1. ¿No se han dado cuenta de que el «EMBARGO» está y ha estado vigente porque los Castro lo quieren así? Han estado ustedes sumidos, ¡medio siglo!, en la TRAMPA, tal como lo anhela el régimen. Dedicados a una polémica estéril que les mantiene ocupados mientras los malhechores se ríen. (Les remito al inciso 1A.)

2. ¿Tampoco se les ha ocurrido que el «FRACASO ECONÓMICO» de la sufrida Cuba es el diabólico objetivo de la mafiosa familia adueñada del poder? Otra vez, han caído en la TRAMPA de atacar un fantasma espantapájaros. (Inciso 2A.)

3. ¿No captan que la supervivencia de ese régimen criminal es el PROPÓSITO secreto del gobierno de Estados Unidos? (Inciso 3A.)
1a. El «embargo» («bloqueo», según los Castro) le sirve al régimen para excusar los enormes perjuicios económicos e incalculables daños de todo orden sufridos por la isla durante 55 años. Sin eso, tendrían que confesarle al mundo que su sistema es una estafa sin redención posible. ¿A quién irían a culpar?

Recuérdese que cada vez que ha habido un amago de levantar el embargo, el régimen castrista ha cometido excesos sanguinarios y en apariencia incomprensibles encaminados a paralizar la gestión. Por ejemplo, el derribo de los aviones de Hermanos al Rescate, con la muerte de ciudadanos norteamericanos (el gobierno de EE.UU. se limitó a protestas de papel). Los Castro hicieron creer que actuaron contra una provocación, cuando era, en cambio, contra la posibilidad de un entendimiento.

¿No se han dado cuenta de que los Castro no desean la coexistencia ni el intercambio de ningún tipo, sino el aislamiento?

2a. Lo que busca Castrolandia (llamémosla sólo así; eso ya no es Cuba) es justamente lo que ha ocurrido: la destrucción y depauperación de la isla y de todos sus habitantes. Cuando el pueblo tiene que ocupar todo su tiempo en buscar qué comer y cómo satisfacer sus más elementales necesidades no tiene tiempo ni inclinación para nada más. Y menos para oponerse al gobierno, que encima aplica crueles castigos a los infractores —si es que no los desaparece de una vez—. ¿No está claro? Si no, hace muchísimos años que ya habrían superado el racionamiento, la escasez y la falta de todo.

En suma, el objetivo del régimen es mantener ese estado de penuria, miseria y sufrimiento. La feroz y sistemática represión impide la protesta y la más mínima señal de oposición popular. Para eso el régimen infiltra espías y chivatos en todas partes.

3a. Estados Unidos NO pretende DERROCAR a ese régimen. Si ese fuera el plan ya hubiera caído hace mucho tiempo. No: lo que busca este país es dejarlo tranquilo. ¿Por qué?, se preguntan ustedes. Pues muy sencillo: los hermanos Castro y su familia (ya muy extensa) lo tienen chantajeado. Para EE.UU. es ese el gran peligro, peor que todos los demás juntos.

Primero, porque los Castro conocen el secreto del ASESINATO de John Kennedy, en el cual participaron y del que fueron cómplices. Para más señas, relato la historia en mi libro, primero publicado en inglés y recién publicado en español —véase abajo—: ASESINATOS IMPUNES Y CRÍMENES DE COSTRA EN LA VIDA PÚBLICA DE EE.UU.

Y ni republicanos ni demócratas quieren que salga a luz pública la conspiración que le dio muerte. Quedarían pésimamente ante su pueblo y ante el mundo entero como lo que fueron sus dirigentes de entonces y sus herederos de hoy: un puñado de cobardes, engañados, ciegos e idiotas. Al pan, pan y al vino, vino.

«Tóquenme y expónganse a las consecuencias de lo que voy a revelar», les habrá advertido el cacique de Castrolandia. Saldría la historia verídica del fracaso en Bahía de Cochinos: ¡el presidente Kennedy así lo ordenó! ¿Por qué? Castro chantajeó al mujeriego jefe del ejecutivo por una aventura en el Hotel Riviera de La Habana, con un par de mulatas, filmada por los mafiosos que se la organizaron en el decenio de 1950 cuando era senador (en 1961 el escándalo lo hubiera destruido). Nadie quisiera dar a conocer tan infame verdad sobre el desastre de Bahía de Cochinos (asumo el riesgo personal y las consecuencias). De ahí la norma de conducta oficial, sobreentendida y nunca manifestada, que hace intocable al régimen.

Más les dolería, tal vez, que se supiera la verdad del caso del insensato de Kennedy. Pensó que podía robarse la presidencia (la elección de 1959 la ganó Nixon y la Mafia alteró los resultados para atribuírsela a JFK) y luego incumplir el pacto con los mafiosos: dejarlos tranquilos.

Pagó cara su traición cuando estos se aliaron con Castro, la CIA, el FBI, el Servicio Secreto y el Vicepresidente Johnson, el heredero automático, para sacarlo de circulación. Castro participó en el asesinato y supo todos los detalles gracias a su complicidad y su óptimo servicio de inteligencia. La versión oficial, respaldada por toda la prensa, ha prevalecido en la opinión pública contra la ridícula historia de que fue Oswald él solito, asesinado 48 horas después por un mafioso que a su vez fue asesinado en la cárcel. Semejante cuento de camino no merece el menor crédito.

Se sabría, además, que el caso de Elián González se resolvió por otro chantaje que está vigente y pendiente, esta vez contra la pareja presidencial de entonces, y por cierto contra la posible presidencia por su faz fémina (otra vez, asumo los riesgos, esta vez mayores porque están vivos y activos; si ella alcanza el poder y nos gobierna el mismo matrimonio, estamos fritos). Si no, ¿cómo explicar un asalto con ametralladoras para raptar a un niño de 6 años y embarcarlo al exterior cuando el caso estaba pendiente ante los tribunales? Si semejante locura tiene otra explicación, por favor dénmela a conocer. Soy todo oídos.

En conclusión, el «EMBARGO», el «FRACASO ECONÓMICO» y la «HOSTILIDAD» de EE.UU. ante el régimen son cuentos de hadas, fantasmas confeccionados por el propio régimen castrista y castrense para tener ocupados a sus enemigos, engañados y entretenidos con falsos temas.
Como les decía, la incredulidad ajena me tiene sin cuidado. Si pueden, desmiéntanme. Me cabe la certeza de que a este rompecabezas no le falta ninguna pieza. Con el tiempo, la verdad se abre paso.

Postdata: Si me sucede un «accidente» o «suicidio», ya saben. Ya he vivido lo suficiente y decir la verdad importa más. He puesto mi grano de arena.

Emilio Bernal Labrada, de la Academia Norteamericana, es autor de: Getting Away with Murder—and Costra’s Crimes—In U.S. Public Life / Asesinatos Impunes y Crímenes de Costra en la Vida Pública de EE.UU., así como de La prensa liEbre o Los crímenes del idioma. Pedidos a HYPERLINK "mailto:emiliolabrada@msn.com"emiliolabrada@msn.com o a amazon.com.




Emilio Bernal Labrada
Acerca del Autor
Idioma/Educación

Leave a Reply