El imán de los magnetos

Fieles a su anglofilia, los presentadores noticieros siguen regalándonos perlas de su bilingüe sabiduría con fáciles transliteraciones.

Este tipo de ofrecimientos, nos dijeron respecto a un engañoso plan comercial, ‘son magnetos para muchas personas’. De qué sería un magneto, la verdad sea dicha, no me acordaba con precisión, pero como el Diccionario nos dice que es un generador eléctrico de alta potencia usado sobre todo en motores de explosión, estamos casi seguros de que ese dispositivo no es precisamente lo que tenía en mente el locutor: es decir, algo que ejerce atracción. Será, muy probablemente, todo lo contrario.

Es evidente que eso, la poderosa atracción ejercida por el inglés, ha suprimido en el magín del locutor lo que en buen romance se llama imán, transformándolo en ese bastardo magneto, que no es más que una tosca castellanización de “magnet”, homógrafo que es un clásico falso amigo.
Menos burdo pero más frecuente es el disimulado abuso del verbo ‘terminar’ para expresar toda suerte de conceptos que poco o nada tienen que ver con lo que se pretende dar a entender.

Pero claro, es más fácil transliterar “end up” con algo que presuntamente le pone fin a un episodio de cualquier clase o naturaleza, que pensar en las fórmulas de expresión que son naturales en nuestro idioma.
Nos dicen, por ejemplo, que la acción policial ‘terminó en’ (entiéndase ‘dio por resultado’, ‘logró’, ‘culminó en’) la detención de los sospechosos. O bien que la víctima ‘terminó en el’ (entiéndase ‘fue a parar al’) hospital. O si no, que la persecución ‘terminó en el’ (prefiramos ‘provocó el’, ‘dio lugar al’) aparatoso vuelco del vehículo de los fugitivos. Creo que si el vehículo se vuelca no hay que darle más vueltas al asunto para concluir, con media onza de sesos, que ello le puso un clarísimo punto final al aspecto físico-dinámico del caso, si no a sus consecuencias justicieras y hospitalarias.

Caso parecido es el de ‘dejar’, que se prodiga por influencia del inglés “left”, que mal está de moda en noticias de todo género cuyo fin es informar sobre los resultados de fenómenos atmosféricos, terroristas y telúricos, por no hablar de otros.

El huracán, nos dicen por ejemplo, ‘dejó muchos daños y docenas de personas muertas y heridas’. Aparte de ‘dejó’, que parece como si el meteoro hubiera depositado a su paso las ruinas y estragos humanos (prefiérase ‘provocó’, ‘ocasionó’), hay más fallas en esta frase que espacio para analizarlas.

Lo de ‘personas’ sobra, puesto que si de muertos y heridos se trata, es poco probable que se trate de perros y gatos. Por cierto, los animales y cosas se cuentan por DOcenas, en tanto que las personas por DEcenas; de ahí el uso despectivo de ‘adocenado’ para individuos de escaso prestigio o valía. Y por último, siempre se da prioridad a las desgracias personales: es decir, siempre se mencionan en primer término, y en segundo los daños materiales.

En resumen, tenemos que TERMINAR con ese IMÁN del inglés para que, con un buen MAGNETO en el motor idiomático, DEJE de atraernos con ese canto de sirena que nos lleva a desvirtuar la sonora y sabrosa lengua de Cervantes.

Emilio Bernal Labrada
Acerca del Autor
Idioma/Educación

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