El Príncipe de Dinamarca

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De aplastante actualidad pese a estar escrita en el siglo XVII, Hamlet -la obra cumbre de Shakespeare-refleja como pocas piezas teatrales, historias de corruptelas y desigualdades que no nos son ajenas en nuestros días.

Y pese a que a demasiados se les denomina e inclusive ellos mismos se consideren líderes, aunque nada diste más de la realidad, parafraseando al Marcelo hamletiano “No todo huele a podrido en Dinamarca” y así lo demuestran algunos buenos ejemplos de lo que sí es el liderazgo.

En el ámbito religioso la imagen del Papa Francisco sentada en las filas traseras de la Iglesia orando en una misa en la que los asistentes eran los jardineros y el personal de limpieza del Vaticano nos enseñó a establecer la diferencia entre jefatura y líderazgo.

El jefe se pone frente a los otros para que todos le vean y obedezcan. El líder sabe cuándo debe estar atrás o hacerse invisible. Su misión es facilitar el camino de los demás, hacerles crecer. No teme “perder su puesto” porque éste está en ayudar a los demás a encontrar su camino.

Lo fácil es darle la cara a las aclamaciones, los reconocimientos, lo difícil hacerse invisible a los ojos de todos, excepto a los de Dios. Generalmente los que dan la cara a todo lo primero, le dan la espalda a Dios y a sus semejantes. Exactamente lo contrario le ocurren a los que deciden estar en el grupo de los que trabajan y no de los que reciben méritos.

En el ámbito político el gobernador de Delaware Jack Markell, nos enseñó que la familia es lo primero. Días pasados, en la clausura del curso de su hijo fue requerido para actuar como orador invitado. El padre pesó sobre el gobernador y rechazó cualquier lugar preferente en el acto sentándose junto a su esposa en un lugar, nada relevante con el resto de padres. En su deseo de pasar desapercibido si su esposa no hubiese estado atenta ni se habría tomado la foto para el álbum familiar.

El gobernador tuvo claro quiénes eran los protagonistas y les dejó brillar, disfrutando su papel de padre. El representante Joe Miró, nos mostró que todos contamos. Y después de una jornada agotadora de trabajo en la Asamblea Legislativa se reunió en un ambiente relajado con pequeños empresarios y representantes de organizaciones de Delaware a los que escuchó sus preocupaciones y compartió consejos y pensamientos.

El tercer ejemplo, un estudiante hondureño Josué Chávez que aún no ha alcanzado la mayoría de edad y que resumió en una presentación ante sus profesores, mentores, padres y compañeros, a quién consideraba él verdadero líder: a aquél que no era egoísta y que motivaba a su entorno.

A la imagen descrita por el joven estudiante hondureño responden todos los anteriores, e inclusive este joven muchacho, sin duda un futuro líder, como Dios manda. Y siguiendo los designios de Dios también conocimos la historia del sacerdote italiano Angelo Espósito que soñaba con llegar a Tacaná con su mensaje de trabajo y esperanza en un momento en el que el sueño de la mayoría de jóvenes tacanecos es llegar a México o Estados Unidos.

Por supuesto también ha habido en estas semanas otros ejemplos negativos de liderazgo pero no merecen comentarios, excepto que no hay excusas para la intolerancia venga de donde venga.

Una lección de liderazgo puede ser dada por cualquiera. Adolescente o anciano. Sin embargo, “No es líder todo lo que en apariencia reluce”, como bien sabía Hamlet, Príncipe de Dinamarca.