El virus de Trump

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Por Alberto Avendaño

Parece que muchos en Estados Unidos se han acostumbrado a ver lo extraño como normal. Debe ser normal para muchos estadounidenses tener un presidente que nadie sabe si paga impuestos, que nombra a dedo a miembros de su familia para representar los intereses del país en el exterior, que utiliza sus propiedades privadas para que el dinero público le pague a su empresa la estancia de dignatarios extranjeros, que busca abiertamente la interferencia de poderes extranjeros para investigar a sus oponentes políticos, que supuestamente tiene a dos de sus hijos dirigiendo sus empresas sin que papá intervenga, o que visite la sede nacional de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) en Atlanta, en medio de la crisis de salud pública por el coronavirus, vestido con su gorra de campaña electoral “Make America Great Again”. ¿Hay algo más bochornoso que ver al líder de tu país haciendo politiqueo con su eslogan de campaña en la sede de los CDC?

Fijémonos sólo en lo que ya es una crisis de salud pública mundial. La administración Trump tuvo al menos 3 meses para prepararse y preparar a los estadounidenses ante la llegada del Covid-19, pero ante la no respuesta del liderazgo presidencial a uno le da la impresión de que trata de convencernos de que esto del virus es algo que acaba de empezar. Uno recuerda aquella afirmación de Trump de que el virus estaba muy lejos de Estados Unidos, “a world away” fueron sus palabras. Supongo que es lo que pasa cuando uno piensa que China está lejos aunque tanto él como su hija Ivanka tengan negocios allí, y los nietos de Trump estudien chino en una escuela de Washington. Pero para el presidente, si China tiene un problema de salud, eso está (o estaba) lejos.

Luego están las 14 mentiras o “fake news” que Trump diseminó por su boca durante un evento, el 5 de marzo, transmitido por la ( o “su”) cadena de TV Fox. Claro que el “fact check” lo hizo la CNN y los trumpistas saben que, excepto Fox y poco más, todos los demás medios de comunicación son “enemigos del pueblo”. Pero esto es lo que Trump dijo: “We got hit with the virus really three weeks ago, if you think about it, I guess. That’s when we first started really to see some possible effects”. Hace “tres semanas” aseguró Trump que el virus afectaba a Estados Unidos. La realidad: los primeros casos confirmados de coronavirus en Estados Unidos datan del 21 de enero. Hagan cuentas. Luego, en el mismo evento, activó el arma favorita de su gobierno: la desinformación vía la creación de bulos. Aseguró que gracias a él se había eliminado una normativa de la era Obama que había impedido las pruebas de coronavirus. Esto es lo que Trump dijo: “We inherited decisions that they [Obama administration] made, and that’s fine … We undid some of the regulations that were made that made it very difficult, but I’m not blaming anybody”. Realidad: No existe ninguna normativa salida de la administración del presidente Barack Obama que pudiera impedir ningún test del coronavirus hoy.

En fin, este es el extraño liderazgo presidencial de Estados Unidos en tiempos del coronavirus. Si esto es normal, permitan que termime con una frase que se decía mucho en mi niñez en España: “¡Que Dios nos pille confesados!”