ads@hoyendelaware.com | 30-May-2015 | 06:05

Boda Real

Escrito el 28 abr 2011
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En la semana que acaba con la boda real tuve la oportunidad de recorrer varias partes del Reino Unido estudiando cómo sus habitantes se preparan para tal acontecimiento. Llegué a visitar uno de los principales castillos donde reside la reina así como el Britania, el yate real en el que durante 44 años se transportó a Elizabeth II, que llevó a los príncipes Carlos y Diana en su luna de miel y en el cual William se iba a recorrer su país y el mundo. En este último pude ver sus colecciones de suvenires que incluyen desde una escultura de una de las tortugas ecuatorianas de las Galápagos hasta de las de una de las cabezas de la isla de Pascua. Algo que he constatado es la tremenda fuerza de la tradición monárquica desde Inglaterra hasta Escocia. Posiblemente ninguna otra monarquía tiene tal grado de legitimidad en su propia población. Las que subsisten en el mundo árabe o Asia se basan en mucha coerción y represión, en tanto que el Reino Unido, desde que se fundó en 1707, siempre tuvo libertades y elecciones parlamentarias. En sus 314 años de existencia este Estado nunca conoció un golpe o una revolución, invasión o guerra civil (aunque ssí experimentó los bombardeos nazis o conflictos armados internos en Irlanda o Escocia). Tal grado de estabilidad no lo tiene ninguna otra potencia así como ninguna otra monarquía del planeta. La realeza británica se hizo fuerte distanciándose del oscurantismo y de la gran concentración de poder que llevaron a la ruina a otras familias de sangre azul. Permitieron gobiernos basados en elecciones multi-partidarias y libertades de culto y comercio, lo que les dio una ventaja sobre el autoritarismo español y les abrió la posibilidad de convertirse en el centro de la revolución industrial y de la mayor flota mundial. El haberse trasformado en el primer país con una población mayoritariamente urbana y llena de fábricas le dio un tremendo peso económico y social a la monarquía, la misma que se consolidó forjando el mayor imperio ultramarino de todos los tiempos (una de cuyas herencias en la Commonwealth que lidera Elizabeth II). La corona ganó legitimidad en su población combinando el salvaguardar la soberanía nacional contra diversas fracasadas invasiones (desde la española de Felipe II a la nazi de Hitler, ambos encabezando los mayores imperios de sus épocas) con significar la preservación de las tradiciones imperiales, culturales y tolerantes británicas. La respuesta que ésta ha dado ante la emergencia de poderosos movimientos sindicales y socialistas fue, al igual que el resto de monarquías del Mar del Norte, el buscar cooptarlos al sistema permitiendo que éstos hagan sus propios gobiernos realizando reformas sociales que han dado paso a sistemas de educación y salud públicos gratuitos más avanzados que los que hoy tienen los EEUU. La británica es una monarquía que se ha consolidado renovándose y atrayendo a mujeres hermosas fuera de su tradicional entorno (como Diana o Kate) como símbolos de puertas tendidas hacia la población ‘plebeya’. He estado dentro de los principales palacios reales como los de Windsor y Buckingham, aunque el de Hollyrood me llamó la atención en un sentido, pues se ubica al frente del nuevo parlamento escocés, el mismo que se encuentra por reelegir este 5 de mayo a un gobierno pro-secesión. La habilidad de los Windsor está en que aunque Escocia se torne independiente, la corona querrá que éste sea otro de sus reinos (como los son de los de Canadá o Australia) o uno de los miembros de su Commonwealth (como lo son 54 países incluyendo la India o Pakistán). El trono tras el poder El casamiento del heredero al trono británico viene atrayendo multitudes de turistas y de periodistas para quienes este es el matrimonio del año. Sin embargo, esta ceremonia trasciende lo que es el 'jet set' internacional. Mientras decenas de millones de personas se entusiasmen por los elaborados ritos y por las historias del romance real, detrás de ese espectáculo subyace una realidad que no está tan resaltada. William es la persona que está predestinada a ser el futuro rey de la mayor monarquía que subsiste en el planeta. El no se ganó ese derecho en un concurso o votación, sino apenas se fue formando en el vientre de su madre, la Princesa Diana, por ser el primogénito del hijo de la reina Elizabeth II. Su abuela Elizabeth II cumple en el 2012 el estar 60 años en el trono. Ella es la mujer más poderosa del planeta y la jefa de Estado que más tiempo lleva en el cargo en todo Occidente. A pesar de que su país se precia de ser una democracia, ni ella ni la cámara alta británica han sido o son elegidas. Elizabeth, su hijo Carlos y su nieto William no son solo meras figuras. Tienen un considerable poder. Los Windsor son la familia gobernante en 16 países del mundo, además de tener a unas 4 decenas de Estados independientes más como parte de la Commonwealth que lideran, la cual es la mancomunidad de naciones más grande de todos los tiempos, la misma que tiene en su seno a más de la cuarta parte de la humanidad y de los miembros de las Naciones Unidas. Si bien el Reino Unido es la nación más poblada de todas aquellas que regenta Elizabeth II, ella también es la reina del único país en la historia que abarca todo un continente (Australia) y a la segunda nación más extensa que hay (Canadá). Los territorios donde los Windsor reinan suman más que los de Rusia, el mayor país que hay. El sol nunca se oculta en los reinos de Elizabeth II. William, cuando se convierta en rey, será, además, la cabeza de la iglesia anglicana, la más grande de Occidente después de la de Roma. A su poder territorial y religioso se le adiciona su poder militar, pues su nación es, junto a EEUU, la que lidera la mayor cantidad de guerras 'democratizadoras' en el mundo. La inteligencia de la familia real reside en que ellos se mantienen no como el poder tras el trono sino como el trono tras del poder. Ellos permiten que sus primeros ministros y obispos tengan mucha autonomía, aunque ellos se reservan el derecho a vetar y alterar decisiones finales. Monarcas La boda real británica es también tal vez el más importante acontecimiento en lo que va de este milenio en la que estarán congregadas las familias monárquicas del mundo. Esto nos permite recordar que, si bien hoy la amplia mayoría de los países poseen distintas formas de repúblicas, aún subsisten varios Estados con coronas. Es más, desde que hace más de 5 milenios fueron surgiendo las primeras civilizaciones hasta hace unas 5 décadas atrás la mayoría de la humanidad siempre vivió bajo monarquías. En la mayor parte de éstas el poder se heredaba, aunque en algunas el soberano vitalicio era electo por un concejo, tal como pasaba dentro de los aztecas y hoy acontece con el concilio del Vaticano. Las Américas son el continente más republicano. En 1776 se fundó los EEUU como la primera república occidental y en 1804 Haití como la primera república negra y latinoamericana. En las siguientes dos décadas todas las colonias españolas de la América continental pasaron de ser virreinatos a repúblicas. Brasil se mantuvo bajo la corona de los Braganza hasta 1899. La revolución francesa de 1789 eliminó a la primera gran monarquía de Europa. Poco antes de la 1era Guerra Mundial de 1914-18 cayeron las monarquías de China y Portugal y al acabar éstas se desintegraron todos los grandes imperios reales de la Europa continental: Rusia, Turquía, Austria-Hungría, Alemania e Italia. Todos estos países pasaron por rupturas o cambios territoriales o por frágiles democracias constitucionales que dieron paso ya sea a dictaduras ‘comunistas’ o nacionalistas (sobre todo al fascismo). Tras la 2da Guerra Mundial (1939-45) las monarquías del este europeo cayeron bajo revoluciones ‘socialistas’ pero las de su oeste fueron restablecidas. Washington y París, que a fines del siglo XVIII fueron los propiciadores de las revoluciones republicanas en el mundo, fueron quienes hicieron que Holanda, Bélgica, Dinamarca y Noruega pasaran de estar bajo las tropas de la república nazi a ser reinadas por sus antiguos monarcas nacionales. Luxemburgo, Mónaco, Liechtenstein y Andorra subsisten como mini-principados independientes. Las dos monarquías que tuvieron un mayor rol en la 2da Guerra Mundial lograron sobrevivir a ésta. La japonesa lo hizo perdiendo a su vasto imperio que abarcaba gran parte de China y todo el sudeste asiático y la británica que, pese a haber vencido, tuvo que ir renunciando a seguir encabezando el mayor imperio ultramarino de todos los tiempos. El emperador de Tokio tuvo que aceptar el fin de la dictadura militarista local que él rigió para aceptar una monarquía constitucional supervisada por tropas estadounidenses que aún siguen en sus islas. Las monarquías de Londres, Bruselas y Ámsterdam fueron negociando las independencias de sus colonias. Estas y las de Suecia, Noruega y Dinamarca dieron paso a prolongados gobiernos socialdemócratas que dieron paso a uno de los estados de bienestar social más generosos del mundo capitalista. En las últimas décadas monarquías constitucionales han sido restauradas como sucesoras del fascismo en España y del ‘comunismo’ en Camboya. La de Nepal, en cambio, fue depuesta. Diversas monarquías subsisten en partes del Asia y África, las mismas que son más autocráticas. En el continente negro subsisten diversas casas reales aunque la única que no está subsumida dentro de una república es la de Suazilandia, la cual mantiene su independencia, aunque esté 100% rodeada por Sudáfrica. En las de la península arábiga las mujeres y los cristianos tienen pocos derechos, mientras que la saudita (que es la más grande y poderosa de todas las monarquías del ‘tercer mundo’ no permite que en su país hayan partidos o iglesias o que las mujeres puedan andar solas). Fundamentalismos El Reino Unido se propaga a sí mismo como uno de los pilares que está luchando contra el ‘fundamentalismo islámico’ y que está democratizando al mundo. Hoy el planeta ha estado viendo la boda del heredero al trono de dicho país. Sin embargo, si uno ve con detenimiento lo que pasa en las nupcias reales comprenderá que la realidad es más compleja y que elementos de fundamentalismo religioso también existen dentro de quienes hoy se enfrentan a Al Qaeda, a los talibanes y a nacionalistas musulmanes como Hussein o Gadafi. William y Kate se casan en la abadía y no en la catedral de Westminster. La primera es una gran iglesia anglicana y la segunda es católica. Cualquier persona que se declare seguidora del Papa nunca podrá acceder al trono británico, el cual, a su vez, implica ser la cabeza de la iglesia anglicana. Esta última es la iglesia que más compitió con la de Roma por la evangelización del resto del mundo fuera del este europeo y del oeste asiático. El anglicanismo se impuso en Gran Bretaña hace 4 siglos reprimiendo duramente a los católicos. Mientras en Occidente se cuestiona a Irán por ser una república donde los ayatolas tienen mucho poder o a Gadafi y Hussein por su nacionalismo pan-musulmán, el jefe de Estado del Reino Unido, Canadá, Australia, Nueva Zelandia, Jamaica y otros 11 países regidos por los Windsor, solo puede ser la figura suprema heredada y vitalicia de la Iglesia de Inglaterra. Mientras un Papa puede provenir de cualquier nacionalidad y es electo en un concilio y su Estado (el Vaticano) es el más chico en área del planeta, la cabeza del anglicanismo siempre ha sido un británico que herede la corona de su fundador Enrique VIII, el mismo cuyo reinado se da en 16 países que suman un territorio mayor que el de cualquier Estado del mundo. Mientras todos los reyes o gobernantes católicos, evangélicos y ortodoxos aceptan la autoridad de sus respectivas iglesias, en Londres el o la monarca está por encima del clero anglicano. Mientras muchos en Occidente muestran su disgusto cuando un país musulmán tiene emblemas con símbolos religiosos (como la media luna) toda la parafernalia oficial británica se cimenta en cruces. La bandera de ese país se basa en la yuxtaposición de tres cruces, las mismas que son, a su vez, los símbolos y estandartes de Inglaterra, Escocia e Irlanda. El lema británico es ‘dios salve a la reina’. No obstante, el fundamentalismo religioso británico no se percibe tanto debido a que éste tiene un carácter más tolerante. El anglicanismo permite varias fracciones (es incluso la única gran iglesia que acepta sacerdotes y casamientos gays) y en Gran Bretaña uno puede encontrar literalmente miles de cultos diferentes, todos ellos, al igual que los ateos, gozando de plenas libertades. La corona británica tiene la habilidad de aceptar elecciones y alternancia en los gobiernos, pues mantiene el poder final en sus manos. Esto lo demostró, por ejemplo, en 1975 cuando Elizabeth II depuso al primer ministro laborista electo de Australia Gough Whitlam.
Isaac Bigio
Análisis Global

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