Huelga de hambre por lograr un sueño

Viridiana, Loida y Rosario, integrantes del trío de estudiantes del Equipo de los Sueños de Carolina de Norte, desgajaron lágrimas de desazón el pasado viernes 18 de junio después de sostener un breve encuentro con la senadora demócrata Kay Hagan en Raleigh.

Hagan les argumentó que no comparte la idea de discutir en el Capitolio en Washington proyectos de legalización por separado, como la Dream Act, que las beneficiaría a ellas y a mas de un millón de estudiantes indocumentados.

“Creo que la Dream Act debe ser considerada en el contexto de una reforma migratoria integral”, les dijo Hagan, repitiendo las mismas palabras que había cursado en un correo electrónico previo, en el que de forma sucinta aclaró su posición respecto al tema de inmigración.

Cinco días antes de su cara a cara con Hagan, las tres jóvenes habían iniciado una huelga de hambre en predios aledaños al edificio de la legislatura estatal de Carolina del Norte, donde tienen previsto permanecer acampadas hasta fin de mes.

“No hemos estado consumiendo alimentos sólidos desde que comenzamos (el ayuno), sólo tomamos líquidos”, me contaron en una conversación telefónica, en la que intervinieron las tres.

Viridiana, Loida y Rosario representan a una generación valerosa que ha decidido tomar el destino en sus propias manos, como lo han hecho otros soñadores que se han plantado en las oficinas de legisladores federales o han caminado miles de millas en defensa de su causa.

Ellas en una muestra determinación y audacia han revelado públicamente su estatus migratorio, arriesgándose a la deportación, una acción que rememora la senda de sacrificio de aquellos que han buscado cambios trascendentales pacíficamente.

Las tres han sido estudiantes ejemplares, merecedoras de honores y reconocimientos, que reflejan en el trasfondo un compromiso con su comunidad y la sociedad en general.

Viridiana, originaria de Monterrey, México, que llegó a Estados Unidos cuando tenía 7 años, quisiera estudiar relaciones internacionales y trabajar para la ONU.

Loida, quien nació en Perú, y llegó a los 13 años, aspira a ser socióloga y antropóloga para trabajar en entidades que sirvan a las minorías.

Rosario, nacida en el Distrito Federal, en México, que está aquí desde los 14 años ya logró graduarse de bióloga, pero su sueño es obtener una maestría y un doctorado en inmunología.

Las tres enfrentan la enorme tranca de no tener un estatus migratorio que les permita continuar sus estudios universitarios y perfeccionar sus destrezas para contribuir al progreso del país al que ahora pertenecen.

Desde hace una década, el senador demócrata por Illinois, Richard Durbin, ha estado tratando de que la ley para legalizar a los soñadores se apruebe, pero las piedras en el camino lo han impedido.

En Carolina del Norte se presentó en abril de 2005 una iniciativa estatal para permitir que los estudiantes indocumentados pudieran estudiar en los centros de educación superior pagando tarifas de residentes del estado, pero fue truncada por el odio.

Una parte de los impulsores de la HB 1183 renunciaron a apoyarla en una nefasta semana de abril que estuvo marcada por amenazas.

Al trío de activistas de la Dream Act de Carolina del Norte le pregunté por qué no presionaban al senador republicano Richard Burr y su respuesta fue “él es un caso perdido”.

De su insistencia en acudir a la senadora Hagan dijeron “ella tendría que tener una mente más amplia”. Contra los pronósticos de comienzos de 2008, Hagan fue elegida al Senado en noviembre de ese año con el impulso de la campaña presidencial de Obama y una votación hispana sin precedentes.
Rafael Prieto Zartha
America's Voice

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