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Particularidades internacionales de las elecciones peruanas

Escrito el 05 abr 2011
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El domingo 10 de Abril son las elecciones generales del Perú. En este país se han producido muchas posiciones sobre las distintas candidaturas y lo que queremos hacer en esta columna es un análisis comparativo de éstas en relación a otros comicios de su entorno internacional.

Una de las singularidades que tiene el proceso peruano es que a una semana de esos comicios lo único que puede predecirse es que habrá una segunda ronda aunque no se puede vaticinar quien puede entrar a éstas.

Por primera vez en la historia peruana (y posiblemente suramericana) hay 5 candidatos que se han ido alternando en la cima en varias encuestas.

Keiko Fujimori (la hija de quien gobernara el Perú en 1990-2000), Luis Castañeda (quien en el 2010 renunció a la alcaldía de Lima que detentaba desde el 2003 para postular a la presidencia) y Alejandro Toledo (ex presidente 2001-2006) llegaron a liderar varios sondeos, aunque en algunos últimos ellos han perdido las preferencias ante Ollanta Humala (ex militar nacionalista que se levantó contra Fujimori) y Pedro Pablo Kuczynski (ex primer ministro de Toledo).

En las últimas presidenciales que han tenido todos sus demás vecinos se podía saber de antemano quién estaba por ganarlas o por entrar al balotaje. Los actuales presidentes de Venezuela, Colombia, Ecuador, Bolivia, Chile, Argentina, Paraguay, Uruguay y Brasil lideraban las encuestas al menos una semana antes de sus respectivas elecciones.

El Perú, en cambio, está abierto a múltiples posibilidades. Un candidato que raspadamente llegue segundo, aunque solo tenga un quinto de los votos, podría llegar a la presidencia si es que fuese capaz de unir a muchos de sus ex rivales para frenar a un supuesto ‘mal mayor’.

Se trata de un escenario similar al que produjo en el 2006 la nominación del actual presidente Alan García. Él, a último momento, llegó a quitarle el segundo lugar (y por muy poco) a la socialcristiana Lourdes Flores y luego en la vuelta final logró ganar el apoyo de todos aquellos que querían evitar que el ganador de la primera vuelta (Humala) pudiese triunfar alertando el peligro que él pudiese ser un nuevo Chávez. García, a su vez, mostraba un gran cambio político pues en su primer mandato (1985-90) había sido un precursor de nacionalizaciones y prédicas anti-imperialistas que después heredaría el bolivariano.

A fin de evitar ese escenario Humala ha decidido ‘moderarse’ distanciándose del polo del ALBA para acercarse al del actual gobernante Partido de los Trabajadores del Brasil. Asesores del PT fueron claves en ‘moderar’ al farabundismo salvadoreño y hacerles llegar a la presidencia. Si bien El Salvador y Nicaragua tienen hoy a la ex guerrilla en el poder, la diferencia entre ambos es grande. Mientras Funes recibe a Obama y reconoce al gobierno hondureño, Ortega apoya a Gadafi y veta a Lobos.

Al entrar en la órbita del PT Humala busca evitar tantas animadversiones y sacar provecho de la alta popularidad interna e internacional que tiene Lula, quien, a diferencia de Chávez, es apoyado por una amplia gama de inversionistas nacionales y extranjeros los cuales ven en él un modelo de conciliación social.

PERU: Un país sin fuertes partidos

Otra de las particularidades que tienen las elecciones peruanas en relación a su contexto internacional es la de la debilidad de sus partidos.

Gran Bretaña, quien se precia de ser la potencia con la democracia ininterrumpida más antigua del mundo, le pone mucho cuidado a velar porque siempre allí haya tanto un fuerte y estructurado partido de gobierno como uno de oposición. Algo similar pasa en EEUU.

Varias veces el mismo partido retiene el poder cambiando de gobernante. Esto último se ha visto recientemente en las 4 mayores repúblicas latinoamericanas: Brasil, México, Argentina y Colombia. En todos esos países, al igual que en Uruguay, el partido oficialista ha sido capaz de ganar una nueva elección pero cambiando de líder.

Esto era algo que pasaba también en Chile y El Salvador hasta que en las últimas elecciones la oposición depuso constitucionalmente a un bloque que gobernó con 4 presidentes consecutivos. En esos dos casos la alternancia en el poder favoreció a fuerzas opuestas. La centroizquierda perdió el gobierno en Chile pero lo ganó en El Salvador.

Sin embargo, en el Perú nunca ningún partido moderno ha sido capaz de renovarse en el poder. Todos los partidos que gobernaron a ese país hasta hace medio siglo se han extinguido. Todos los que han estado en el palacio de Pizarro desde hace 5 décadas jamás han sido capaces de ganar una elección presidencial cambiando de líderes.

Acción Popular (AP) logró que Fernando Belaunde gane la presidencia en 1963-68 y 1980-85. Sin embargo, sin que su jefe pudiese candidatear todos los aspirantes que hayan podido surgir de dicha fuerza han tenido bajas votaciones. En Noviembre 2000 uno de sus miembros que había llegado al parlamento con poco apoyo fue nominado presidente del congreso y luego transitorio del Perú como una figura de transacción sin mayor fuerza propia.

El APRA, creado en 1924, pese a ser el partido más antiguo y organizado del Perú (y el único que logró internacionalizarse, logrando que discípulos suyos gobiernen Venezuela y Costa Rica) solo ha podido ganar dos presidencias (1985-90 y 2006-2011) bajo la batuta de Alan García.

En el 2000 Alberto Fujimori, un desconocido sin partido, llega segundo a la vuelta final, la cual gana proyectándose como el único capaz de frenar al candidato triunfador de la ronda inicial al cual se le quiere vetar como el ‘mal mayor’. Similar táctica sería usada por García para ganar a Humala en el 2006.

El disolvió el congreso en 1992 y se hizo re-elegir 2 veces más, lo cual generó un estallido social. El colombiano Uribe, quien se inspiró en él, evito una segunda re-elección mientras que Fujimori es el único ex presidente del mundo que fue extraditado a su propio país para ser encarcelado.

En el 2001-2006 Alejandro Toledo llega a la presidencia. Su partido Perú Posible sigue el mismo camino de AP y APRA. Sale con bajo nivel de apoyo del gobierno y sin su jefe sus subsiguientes candidatos tienen tan escaso respaldo que quedan mal en los comicios o deben declinar a sus postulaciones.

Todos los otros partidos significativos que ha tenido el Perú desde que en 1978-80 los militares fueron dejando el poder se han ido evaporando o minimizando.

Hoy no queda nada del caudal electoral de Hugo Blanco, quien fue el único trotskista del mundo que quedó en un tercer puesto, o de los distintos integrantes de Izquierda Unida (que en 1984 ganó la alcaldía de Lima y en 1985 quedó segunda en las presidenciales) y del PCP-SL o el MRTA (los que, tras su derrota armada, hoy aspiran a pocos votos para candidatos afines).

De las dos facciones socialcristianas (las cuales han apoyado a uno u otro de la mayor parte de los gobiernos del último medio siglo) una se ha extinguido y otra se ha reducido.

Finales de a cinco

Algo que distingue al Perú del 2,011 es la fragilidad de sus partidos (y la minimización de todos aquellos que provienen de una generación anterior) y el hecho que el domingo 10 existan 5 candidatos que hayan liderado los sondeos o que puedan llegar al balotaje.

Hay otras repúblicas suramericanas que han pasado recientemente por situaciones parecidas.

Una fue Bolivia. Desde que este país empezó a salir de las dictaduras castrenses de 1964 a 1978 hasta el 2005 nunca ningún presidente fue electo ni si quiera con un 40% de los votos, y, en la mayoría de los casos, éste era ungido por el congreso (aunque hubiese quedado segundo, como Victor Paz en 1985, o tercero, como Jaime Paz en 1989). La fragmentación electoral se agudizó hasta que en los comicios de 1997 hubo 5 presidenciables que sacaron entre más del 16% a menos del 23% de los votos. A fin de superar el impasse 4 de esos 5 candidatos decidieron crear una mega coalición entronando al único ex dictador militar anticomunista latinoamericano en volver al poder por la vía constitucional (Hugo Bánzer).

En el 2011 él murió sin culminar su mandato y los 4 presidentes que le sucedieron no pudieron resistir tanta presión social, en parte debido a su reducido apoyo electoral. Esa situación desembocó en una ola de grandes protestas sociales, las cuales terminaron llevando en el 2005 a la elección del primer presidente boliviano electo y re-electo consecutivamente con más del 50% de los sufragios: Evo Morales.

Él, así como su compañero ecuatoriano Rafael Correa, lograron hacer que sus países pasen de una etapa de inestabilidad a una donde un mandatario podía acabar normalmente su mandato o ser re-electo. Ambos se caracterizaron por valerse del cuestionamiento al previo desorden en el poder echándole la culpa a las economías liberalizadas y dando paso a nuevas constituciones nacionalistas, ‘anti-imperialistas’ y ‘socializantes’.

Correa lleva ya más de 4 años en el poder habiendo conseguido en más de una elección la mayoría absoluta. Antes de él, Ecuador llegó a superar a Bolivia como el país en el que más rápido caían sus presidentes en el hemisferio. Alrededor de una decena de figuras se sentaron en su silla presidencial durante la década que él cerró con las elecciones del 2006.

En éstas, paradójicamente, hubo 5 grandes finalistas (4 de los cuales bordearon entre un 15% a un 23%). Correa repitió lo que había pasado en el Perú de 1990 y 2006 donde el segundo en la primera vuelta gana el balotaje apelando al voto contra el peligro mayor.

Otro régimen nacionalista suramericano es el argentino, en el cual Kirchner, en vez de querer ser re-electo, logró hacer elegir a su esposa. Los Kirchner también debutaron en el poder cuando su país había vivido una gran inestabilidad y quedando inicialmente segundos en la elección del 2002 en la cual también hubo 5 finalistas con porcentajes similares a los del Ecuador 2006.

La atomización electoral en Bolivia, Ecuador y Argentina produjo a la postre el ascenso y la consolidación del nacionalismo.

En el caso peruano Humala quisiera ocupar tal posición, aunque la mejor manera que él podría ganar una segunda vuelta es evitar que el resto se una contra él (como en el 2006) para lo cual a él le convendría competir en el balotaje con un candidato de derecha más polarizador (como la Fujimori o antes Flores) para poder atraer a quienes antes votaron por el centro.

Tanto a Ollanta como a la Fujimori les conviene entrar juntos a la segunda vuelta, pues ambos saben que si tienen que competir con cualquiera de los otros 3 candidatos que se alinean en el 'centro' de ellos, corren el riesgo de que dichos rivales logren unir a casi todo el resto contra ellos.
Análisis Global

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