“Estados Unidos me enseñó a defender lo hispano”

Alberto Avendaño, una influyente voz periodística en Washington, reflexiona sobre la prensa y “la realidad hispanounidense”

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Alberto Avendaño fotografiado en la puerta del Oratorio de San Felipe Neri (Cádiz). / foto Lourdes de Vicente

Ha sido galardonado con el Premio Emmy en tres ocasiones por reportajes en video para el sitio web de The Washington Post y el canal de TV NBC4-Telemundo. Durante casi dos décadas fue un referente del periodismo latino, ganador de una larga lista de Premios José Martí de la Asociación Nacional de Prensa Hispana (NAHP) durante sus años al frente de El Tiempo Latino que dirigió desde el año 2000 y durante 12 años como parte de The Washington Post. Fue corresponsal en la Casa Blanca, columnista polémico y entrevistador de prominentes figuras políticas en las Américas de los últimos años. Pero hoy, Alberto Avendaño —estadounidense y español— ha decidido iniciar caminos que enlazan lo periodístico, con el pensamiento, la educación y la literatura. Es lo que él llama su “aventura trasatlántica”: vivir su amado Washington desde Galicia, España, en un constante ida y vuelta para, dice, “reforzar la agenda hispana” en las dos orillas.

—¿No echa de menos sus años en la prensa latina de Estados Unidos?
—Claro. El periodismo nunca se va de tus venas. Pero la vida es cambio. Haber tenido el privilegio de crear equipos de talentosos reporteros latinos, de construir un periódico en español que logra ser parte de The Washington Post y ayudar humildemente a elevar el prestigio y credibilidad del periodismo hispanounidense… es algo que nunca olvidaré.

—¿Hay vida después del Post y de la alta política de Washington?
—Hay vida y tal vez de mejor calidad. Le tengo un gran amor a la Chesapeake Bay, aunque mi pasión serán siempre las Rías Baixas (costa sur de Galicia). Pero la conexión Washington la pienso mantener en 2020 con unas elecciones presidenciales que considero claves para la salud democrática de Estados Unidos. Mi trabajo ya no será el de planear coberturas mediáticas, sino analizar y opinar (que es lo que llevo haciendo los últimos años). Además estoy planeando eventos trasatlánticos que informen y eduquen. Será mi nueva aventura.

—¿Cómo se ve desde España el fenómeno del Estados Unidos hispano?
— Los españoles tienen que superar cierto racismo del distanciamiento respecto a las culturas hispánicas. Los españoles debemos recordar que seríamos menos en el mundo sin las Américas. España todavía debe aprender a liderar procesos entre los hispanounidenses. Los catalanes, gallegos, castellanos, valencianos, andaluces, vascos… esa Iberia de las Españas pertenece a una poderosa plataforma global llamada hispanidad. Una plataforma global de la que son parte el maya, el aymara, el guaraní y todas las culturas y lenguas que convivieron y conviven con el español… Pero a veces parece que los españoles no lo entienden, unos porque quieren creer que los latinos son “los otros”; y algunos porque quieren creer que su cultura es de otro planeta. España siempre se ha contado muy mal a sí misma. Creo que es el momento de generar emocionalidad e historia común sin prejuicios ni politiqueos. Se equivoca quien define su cultura contra otra y se equivoca quien quiere pasar la apisonadora de una supuesta uniformidad española por encima de los mapas. 

—¿Será Estados Unidos la nueva frontera del español y la hispanidad?
—Sin duda. Aunque la actual Casa Blanca quiera ningunear al español como lengua del país hay una realidad demográfica y una actitud positiva de las nuevas generaciones hacia el español que hace de este idioma y de la cultura hispana algo imparable. Recordemos que en Estados Unidos se puede ser hispano de cultura y no de lengua, o sea, hablando en inglés. Pero la juventud, en sus expresiones artísticas y musicales, en su uso de la lengua, está enviando mensajes esperanzadores aunque no hayan muchos modelos a seguir ni muchos contenidos que los atraigan en español en este momento.

Alberto Avendaño, una influyente voz periodística en Washington

—Pero en Estados Unidos ha habido recientemente posicionamientos hostiles a la hispanidad…
—Siempre habrá quien lea la historia de manera plana. La llegada de los hispanos a las Américas (con todas las luchas y desgracias que se produjeron) no representó un “genocidio” de las poblaciones indígenas ni la desaparición de todas sus lenguas. Hay historiadores que nos recuerdan que hubo más represión e injusticias a partir de las independencias… Los españoles en las Américas construyeron iglesias y universidades y familias mixtas y un sistema legal muy avanzado para su tiempo que incluyó temas de derechos humanos. Las otras potencias europeas que penetraron en África, Asia o América del Norte tiempo después no llevaron esos principios, ni crearon la cultura de la diversidad y sí exterminaron. Pero parece que los malos de la película son los españoles.

—¿Cómo se superan esas tensiones culturales?
—Fijándonos en el día a día de la lengua y la cultura hispanas en la calle, en los barrios, en las oficinas. Lo latino es hispano y lo hispano es latino. Estados Unidos nos enseña cada día que es el gran laboratorio donde se está cocinando una cultura panhispánica, la cultura hispanounidense. En casi 30 años de mi vida estadounidense he sido testigo del orgullo con que muchos latinoamericanos se identificaban como hispanos de Estados Unidos primero (luego hablaban de sus países de origen) para enfatizar la necesidad de una unidad hispanounidense que aún está por llegar. Este país me ha enseñado a defender lo hispano.

—Pero parece que los anglos de Estados Unidos ignoran la raíz hispánica de su propio país.
—Porque se les ha contado muy mal su propia historia. Lo hispano está en la esencia y el inicio de la nación. Pero se ha escondido. Así supongo que se esconde el robo y la identidad de territorios que solo a ojos del usurpador anglo estaban “vacíos”. Pero esto está cambiando. Hay políticos, como el senador Tim Kaine, que hablan con normalidad de lo hispano como parte del país y no como resultado de la última crisis migratoria.

—¿Lo hispano no es migratorio entonces?
—Todos somos inmigrantes. Pero es una perversión, en la que habitualmente caen los medios de comunicación, identificar hispanos con inmigrantes solo porque exista una crisis humanitaria en la frontera sur. La mayoría de los hispanos de Estados Unidos no son inmigrantes: son ciudadanos, han estado aquí por generaciones, muchos desde antes de que existiera este país, o son residentes legales. Y la mayoría de los nuevos inmigrantes no son hispanos: son asiáticos. Por eso a mí me gusta hablar de hispanounidenses, de personas de cultura hispana que son estadounidenses de pleno derecho.

—Un largo número de premios José Martí, tres Emmys, y reconocimientos del Estado de Maryland o del Distrito de Columbia, además de los consulados de México y El Salvador… ¿Qué son los reconocimientos para usted?
—¡En este país se premia mucho! Pero es bueno reconocer a los profesionales hispanos que trabajan por la lengua española y las culturas hispánicas en el país más poderoso del mundo. Hay que unirse en una poderosa plataforma llamada hispanidad creando plataformas de comunicación influyentes; formando nuevas empresas para que el futuro sea más hispanounidense. Y que la influencia trasatlántica sea un rico camino de doble vía. Eso es lo que he venido haciendo con más o menos fortuna durante años.

—¿Cómo se llega desde un barrio humilde de su Galicia natal a ser considerado una de las personalidades del periodismo hispano de Estados Unidos?
—Supongo que lo fui durante un tiempo, si usted lo dice; pero ya estoy de retirada. En cualquier caso, solo acierta quien se atreve a fallar. Ese es el lema de todo inmigrante. Los fracasos son parte del camino y el peregrino no guarda rencores, solo esperanzas. Todo camino es largo, así que la otra palabra es resistencia y si tienes mi suerte, o sea, el amor de tu mujer y de tus hijos, y en el camino encuentras mentores, personas que creen en ti, entonces todo, al final, parece fácil, incluso para un gallego que sabe lo que son las depresiones provocadas por la emigración.

—¿Con qué se queda de sus años en el periodismo hispanounidense?
—Recuerdo que gracias a nuestro trabajo de investigación y de seguimiento logramos cosas que solo se consiguen con la buena información. Por ejemplo, reunir a un niño nacido en EEUU con su madre deportada en Honduras. Y también,  gracias a nuestras crónicas en el caso de una mujer que se hallaba en una prisión para inmigrantes, en el estado de Virginia, conseguimos que un abogado se interesara por el caso y pudimos sacarla de la cárcel, reunificarla con sus hijas y protegerla legalmente… Posiblemente lo que más me interesa del periodismo es el ángulo humano, la historia personal de las coberturas que nos permite hacer la diferencia en la vida de las personas. Ese es el combustible que me mantuvo en la profesión.

—No puedo terminar sin preguntarle por la crisis de los medios de comunicación, del periodismo ¿A qué deben temer los periodistas?
—Solo hay que temer el miedo. Toda la industria de la información está buscando el nuevo modelo de negocio y eso daña a quienes hoy ejercen. Pero uno de los resultados de esta crisis es el periodista emprendedor. Porque las nuevas generaciones tienen en las nuevas tecnologías un aliado para “buscarse la vida”. Que las grandes cabeceras se anden con cuidado porque sus mayores competidores ya no serán otras grandes cabeceras, sino las nuevas alternativas mediáticas construidas con creatividad por muchos de los que despiden o no contratan. Escrito sobre una pared en el nuevo edificio del Washington Post hay una frase de Jeff Bezos, que dice: “Lo que es peligroso es no evolucionar”. No hay que asustarse, la vida es cambio y la industria de la información es cada vez menos vertical y más horizontal. Deberemos pagar un precio por la revolución de esta evolución. Veamos qué maravillas nos aguardan y cuánta tontería aparecerá en el camino. A fin de cuentas, la nueva industria de la información está en la infancia.

Foto portada: Cortesía Lourdes de Vicente