Feliz Día de la Independencia, Walter Lara

WASHINGTON, D.C. – Walter Lara no será deportado el lunes. Su presión y la presión de estudiantes, legisladores, activistas, blogs y algunos medios tradicionales rindieron frutos. La Secretaria de Seguridad Nacional (DHS), Janet Napolitano, postergó hasta el 3 de julio de 2010 la deportación del joven indocumentado de 23 años de edad que se ha convertido en símbolo de la incertidumbre que viven miles de jóvenes en su misma situación, pero también del efecto positivo que tienen las alianzas y las coaliciones con un objetivo común en mente.

Walter tiene un año más para seguir siendo la voz de otros jóvenes como él.

Al agradecer a la Secretaria Napolitano y al amplio sector que lo apoyó con llamadas y peticiones por las pasadas 48 horas, Walter dijo que “me han dado una segunda oportunidad de vivir mi sueño americano”.

Agregó que en medio de “esta tremenda victoria personal mis objetivos están claramente fijos en la lucha que comienza para forjar un mejor futuro a largo plazo para mí y para dos millones como yo cuyas vidas pueden ser interrumpidas y sus sueños postergados”.

Walter fue traído de Argentina cuando tenía tres años. Fue un estudiante de honor que pudo incluso sacar más partido de su talento, pero su situación migratoria se interpuso. Finalmente, esa situación migratoria y el mal consejo de abogados lo colocaron en la ruta hacia la deportación que ayer fue retrasada.

“La acción tomada por los líderes del Congreso y el Departamento de Seguridad Interna es reconocimiento de que nuestras leyes migratorias están rotas. La medida DREAM Act, de aprobarse, ayudaría a personas como yo, que no tienen la culpa de haber sido traídos a este país, a permanecer aquí, iniciar una vía hacia la ciudadanía, y contribuir a nuestra nación”, concluyó Lara.

En efecto. El año adicional otorgado a Walter supone la oportunidad de que el joven regularice su situación migratoria mediante un proyecto independiente, la promulgación de la medida DREAM Act, o a través de la anhelada reforma migratoria integral que ayudaría no sólo a Walter sino al resto de los más de 12 millones de indocumentados que viven en este país para que sigan haciéndolo sin temor a la detención, la deportación, la separación familiar y la destrucción de sus sueños.

Su caso ofrece también una lección de lo que puede lograrse cuando el sentido común reina sobre lo absurdo de nuestro maltrecho sistema migratorio. Es también lección de lo que puede lograrse cuando se hacen a un lado las diferencias para centrarse en un objetivo claro (sin contar cómo evidenció el efecto del activismo vías redes sociales en la web).

Muchos dirán que es más fácil solucionar un caso que millones de casos, pero el de Walter nos da esperanza de que en la lucha por la reforma migratoria, el sentido común pueda prevalecer sobre la ceguera y la retórica que han dominado el debate por todos estos años.

Maribel Hastings
America’s Voice

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