Fidel y los gusanos

¿No les llama la atención que Fidel Castro falleciese el mismo día del inicio de la revolución cubana?¿No les inquieta que nadie haya visto su cadáver?

A Fidel no le conocí, pero sí a Armando Valladares, poeta, diplomático, activista de derechos humanos y ex-preso. También al poeta laureado Richard Blanco, nacido en Madrid en el tránsito de sus padres de su Cuba de origen a Estados Unidos.

Mi compañerita de juegos infantiles era una niña cubana en el exilio, igual que su familia. Exiliada también era mi profesora de inglés (hija de un conocido periodista cubano) y podría continuar esta lista… A todos ellos les unía su amor por Cuba, pero para el régimen eran “gusanos”. Así es como definían los comunistas cubanos a los compatriotas no partidarios de la revolución.

No visité la Cuba de Fidel pero sí el Miami del Versalles. Allí probé por primera vez la yuca frita y conocí a algún ex-ministro cubano. Ambas cosas me marcaron.

No tengo problemas en admitir que el líder fallecido puso a estudiar a su pueblo. Medicina y educación han sido dos estandartes de su gobierno. Tengo amigos que fueron a la Cuba de Fidel y volvieron aterrados, otros en cambio, volvieron fascinados por su sistema educativo y sanitario.

Me pregunto ¿de qué sirve la medicina si no hay medicamentos?¿de qué sirve la formación si no se puede usar para dar información discrepante con la oficial?

¿Por qué los periódicos en Cuba no pueden mostrar extrañeza porque Fidel “muera” el 25 de noviembre?¿Por qué no se puede cuestionar el que a Fidel no se le haya dado el trato de otros altos mandatarios de la revolución cuyo cadáver ha sido expuesto?¿Por qué se ha impuesto estos días la Ley Seca prohibiéndose la venta de alcohol y nadie puede decir nada? ¿Será que en Cuba no hay posibilidad de manifestarse libremente? Recién terminada en Estados Unidos la lamentable campaña electoral en la que “todos se han dicho de todo”, uno no puede evitar las comparaciones y pensar que, en el caso de la libertad de las personas, que incluye derechos como el de la libertad de expresión, mejor que los gobernantes puedan ser elegidos por el pueblo y que establezcan leyes que permitan que el pueblo pueda “pecar” por hablar de todo, en lugar de no poder hablar de nada.

¿Será casualidad que Fidel sea enterrado el 4 de diciembre, día de Santa Bárbara –protectora contra rayos y tormentas– y de su equivalente en la religión yoruba –que mezclada con el catolicismo dio la Santería– el orisha (dios) guerrero Shangó? La leyenda está servida y el mito, a punto de ser creado.

Virginia Esteban
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