García y Rodríguez

Trumpización es el fenómeno consistente en la exacerbación de los sentimientos xenófobos a raíz del discurso de Donald Trump. Él y Clinton saben que “si no tienes el apoyo de la comunidad hispana es difícil ganar unas elecciones en Estados Unidos”, tal como señala Angel Badillo, investigador principal del Real Instituto Elcano.

En 2060 –de seguir la tendencia de crecimiento al alza– 1 de cada 3 estadounidenses será hispano, convirtiéndose en la mayoría étnica de Estados Unidos. La seña de identidad de esa minoría es el español. Para 2050 Estados Unidos tiene perspectivas de ser el primer país hispanohablante.

Thomas Jefferson ya lo sabía hace muchos años y por eso, el padre fundador de Estados Unidos, insistió en que su círculo familiar y político aprendiera español. Lo definió como “el más necesario de los idiomas modernos” y en carta a su sobrino fechada en 1785 le dice que el poseer tal idioma “podría darte una situación de preferencia frente a otros candidatos”. Clinton aplicó esa lección y eligió como segundo a alguien que contenta al americano medio y al latino, no aparenta ansias de poder y de paso habla, escribe y piensa perfectamente en español: Tim Kayne. Este político no al uso, tiene a su favor una inmaculada trayectoria política llena de logros y ausente de escándalos. Pero ¿por qué anda desaparecido después de su nominación? Aunque Pence, candidato a la vicepresidencia por el otro lado, también anda bastante ausente. ¿Habrá un limbo donde los candidatos a vicepresidentes sean escondidos, custodiados y aleccionados?¿Por qué los candidatos presidenciales se empeñan en librar ellos solos la contienda? ¿No confían en sus segundos?

Clinton y Trump se empeñan en que nos fijemos exclusivamente en ellos como si no hubiera un más allá.
Fijémonos entonces. ¿Qué hace Trump? Parece que hacer América grande nuevo no es suficiente, así que dice que quiere hacer con México lo mismo. Y allí ha ido, invitado por Enrique Peña Nieto. Dicen que Trump está suavizando su discurso sobre deportaciones forzadas tras su visita, pero la mayoría de los Garcías y Rodríguez residentes en los Estados Unidos no perciben este gesto como auténtico.

García y Rodríguez no van a confiar en ningún “amiguis” de EPN. ¿Y en alguien que no lo sea? La sra. Clinton ha estado rápida y le ha dado portazo a EPN rechazando su invitación a visitar el país. O según dicen las malas lenguas, su salud no está todo lo bien que debiera y si no está bien para comparecencias “en casa”, aún menos para comparecencias “en el extranjero”.

Los analistas políticos saben que el candidato que gane las elecciones será el que García y Rodríguez perciban como real pero ¿lo saben García y Rodríguez? Me temo que no. El sr. García y el sr. Rodríguez, están asustados. Si los mexicanos en Estados Unidos tienen más que serias dudas sobre las intenciones que sobre su país de origen y su país de residencia tienen los dos candidatos presidenciales, de lo que no dudan es de que el presidente EPN está desempeñando su cargo de forma aún menos afortunada que sus predecesores.

Pero… ¿qué culpa tiene México de nada? ¿Por qué tiene que ser moneda de cambio entre presidenciables en Estados Unidos? Mi respuesta es que, de la misma forma que el Acuerdo de Libre Comercio entre la Unión Europea y EEUU (TTIP) da estabilidad mundial, cualquier acuerdo entre México y Estados Unidos sería muy beneficioso en el continente americano en general y en ambos países y aledaños en particular, me refiero a NAFTA y a otros acuerdos de libre comercio que Trump ha anunciado en su discurso económico que quiere revisar. Y aquí es donde el sr. García y el sr. Rodríguez lo ven claro “si quieren el voto mexicano pues que lo peleen, que ofrezcan alternativas y soluciones reales a un país (México) y a sus nacionales (especialmente a los indocumentados en Estados Unidos) que, no merecen estar como están".

La señora de García (¿o era quizás la de Rodríguez?) miraba el otro día a las alturas rogando que no ganase Trump las elecciones, pero se preguntaba qué ocurriría si ganaba Clinton. La pequeña de los Rodríguez, que tiene 16 años y no puede votar, lo que sí tiene es una idea muy clara, no le gustan ninguno de los dos candidatos porque “no son creíbles”. Y el bisabuelo García que ya ha visto mucho, se pregunta por qué quiere Trump ocupar la Casa Blanca cuya primera piedra fue colocada en 1785 por el quinto alcalde de Georgetown que era de Navarra (España), que además se empezó a construir el 12 de octubre de 1792 coincidiendo con el tercer centenario del descubrimiento de América y que está situada en el Distrito de Columbia (DC), llamado así en honor a Cristóbal Colón, si no le gusta lo hispano.

¿Truco o trato? La “escaldada” comunidad hispana en los Estados Unidos ya no sabe en quién creer, pero los nativos, tampoco. La retórica política –y sobre todo, el fallo reiterado al electorado– ha conseguido el aburrimiento de los votantes en general y la preocupación de los sres. García y Rodríguez, de sus esposas, de sus familias, de sus amigos y de sus connacionales, en particular. Algo puede tener seguro el candidato que salga elegido cualquiera que sea: que por no quererle no lo querían ni los que le van a votar.

Hay quien mira a su derecha y a su izquierda y como no ve nada que le convenza, piensa y “¿qué onda con Johnson y Stein? Y ese es el motivo por el que las encuestas muestran un respaldo inusual a libertarios (del 8 al 14%) y a los verdes 4%s: votantes demócratas y republicanos (sin olvidar a los independientes) andan tan disgustados e insatisfechos con los candidatos de sus partidos, que confían hasta en lo desconocido.

Si ahora les digo que el octavo apellido más común de Estados Unidos es García y el noveno, Rodríguez, comprenderán que son miles, las personas que andan muy preocupadas por dos ciudadanos presidenciables en particular, por lo que dicen, hacen y sobre todo por lo que harán y no dicen. Así que, este es el momento en el que todos los sres. García y Rodríguez de los Estados Unidos, sus padres y sus hijos deben preguntar a los candidatos “¿Quién da más?”

Así que, señores candidatos, disputen por favor el voto de García y Rodríguez, no se lo jueguen a la ruleta rusa. Les va en ello su futuro (el de ustedes, el de los que les votan y el del resto del mundo). “Hagan juego señores García y Rodríguez”, voten y no dejen que “la casa gane”, hagan que todos ganemos.

Virginia Esteban
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