Ha nacido una estrella (A star is born)

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Cuando se termina de ver “Ha nacido una estrella”, la gran duda que asalta es, ¿cómo una historia con tanto potencial ha acabado retratada de una forma tan plana? Sencillamente, el viaje propuesto hacia el auge y el declive personal no son tan emocionales como los guionistas pretenden. Y, lo peor de todo, es muy difícil creerse los personajes y su relación, la base que debe sustentar toda la película.

El film nos muestra por un lado a Ally, una camarera con frustrada vocación de cantante cuya inseguridad y su miedo provocan que no crea en sí misma ni en su faceta como compositora. Por ello se refugia cantando canciones de otras personas famosas en vez de las suyas propias. Por azarosas circunstancias del destino, una noche, el ebrio ímpetu de Jackson, un cantante de moda, le lleva a elevar su dosis de alcohol en sangre en el local donde actúa Ally. Al instante, quedará prendado por la capacidad vocal de ésta y no parará en su empeño por conocer a la joven. De hecho, tras una velada con momentos bastante surrealistas -todo sea dicho- se iniciará entre ellos una compleja relación.

Lo que se desarrolla a partir de aquí es una sucesión de situaciones bastante repetitivas en las que el espectador debe rellenar los huecos de las vidas de estas personas pues el retrato de la tortuosa pareja termina siendo muy fallido. Para empezar, la historia no profundiza en los personajes. Nunca explora sus miedos, sus debilidades… Tampoco el vacío existencial que siempre empuja a Jackson al borde del caos, por mucho que los guionistas nos muestren a una Ally, perspicaz creadora, capaz en solo una primera noche, de leer en lo más profundo de Jackson e inspirarse para componer unos versos de una nueva canción.

Esa premura al principio que deriva en escasez a medida que avanza el metraje provocan que el espectador nunca sienta lo que debería ser un factor fundamental en la trama: que ambos personajes se conviertan en apoyo emocional del otro para poder avanzar frente a la adversidad. Ni siquiera se muestra con detenimiento la industria discográfica, los entresijos de la fama o su precio a pagar, como perder la identidad creadora. No obstante, el debut en la dirección de Bradley Cooper es muy correcto a pesar de que ciertas secuencias rocen involuntariamente la parodia como, por ejemplo, todo lo que acontece en una famosa ceremonia.

¿Qué sucede con las interpretaciones? Pues que por mucho que nos intenten vender que son fabulosas, lo cierto es que Lady Gaga muestra una actuación bastante pobre y limitada mientras que Cooper, aunque está un poco mejor, tampoco sobresale al adoptar una pose cabizbaja constante. El problema es que este film, mucho antes de estrenarse, ha sido ya vendido con la idea de conseguir varias nominaciones en las entregas de premios que se avecinan, especialmente para la protagonista femenina, lady Gaga. El resultado es un película inflada con demasiadas ínfulas de ganar un Oscar, obsesionada con publicitar, en cada festival de cine en el que se ha presentado, que Lady Gaga ofrece la interpretación del año.

Sin lugar a dudas, lo mejor de la película es su magnífica banda sonora. Todas las canciones son preciosas, conmovedoras y paradójicamente muestran el sentimiento que no es capaz de aportar la historia. Resulta bastante curioso que los temas musicales lleguen a emocionar y el resto de la cinta no. En este ámbito nadie puede objetar que Gaga sabe cantar muy bien.

Y ya que hemos hablado de relaciones musicales complicadas, solo queda cerrar con una recomendación: la estupenda <>, con las grandes interpretaciones de Joaquin Phoenix y Reese Witherspoon, que narra la delicada relación entre Johnny Cash y June Carter. Una demostración de amor frente al dolor y el declive individual con el fin de no dejar caer al otro y dar la fuerza que, a veces, somos incapaces de encontrar por nosotros mismos.