Historias de Hollywood (The Golden West: Hollywood Stories) de Daniel Fuchs o el declive tras el telón

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Eduardo Párraga

Por Eduardo Párraga

He aquí la historia de un eterno optimista, de un escritor que valoraba más el proceso vital de narrar que el éxito en sí mismo. Un profesor neoyorkino que, tras lograr cierta repercusión y notoriedad con sus novelas, decidió mudarse a Hollywood en 1937, tentado por un contrato temporal de la Metro-Goldwyn-Mayer, para tratar de abrirse hueco como guionista en la luminosa California. Un infatigable autor que, finalmente, en todo el tiempo que duró su estancia allí, alcanzó un triunfo moderado. Su éxito más representativo fue con su guión de la película de 1955, “Quiéreme o déjame (Love me or leave me)”, argumento por el que ganaría el Oscar de la Academia, mientras que, por lo demás, únicamente hizo figurar su nombre en los créditos de alrededor de una decena de películas, que no es poco. He aquí Daniel Fuchs.

El libro “Historias de Hollywood” retrata el auge y caída de la época dorada del cine americano, pero en realidad las vivencias mostradas podrían ocurrir perfectamente en el cine moderno. Como si se tratara de una vibrante película de cine negro, presenciamos actrices a la fuga en plena crisis de ansiedad, actores despreocupados, inmersos en disputas personales, productores y directores déspotas y enfurecidos, guionistas sin trabajo, nervios, tensión, persecuciones varias, historias rechazadas cuando parecían salir adelante, glamour y cine, mucho cine, por encima de todo. Porque, si algo destaca Daniel Fuchs, es que, a pesar de las desavenencias personales y creativas que pudieran existir, al final, todos los implicados intentaban remar en la misma dirección para sacar adelante el proyecto.

A Fuchs no parecía convencerle la creación literaria, a modo de novela, y buscaba la energía, la vitalidad que, según él mismo, recorría las arterias del mundo del espectáculo. Fascinado por conocer los entresijos de las grandes productoras de cine, siempre se muestra agradecido, a pesar de los fracasos, por la oportunidad de formar parte de esa mágica maquinaria. Por eso, sus páginas son respetuosas con toda la galería de personajes que desfilan ante nuestros ojos Su empecinada admiración y búsqueda de una intensidad, de un misterio, en definitiva, de un sentido de la vida, para él ya resultaba, por sí solo, gratificante.

Quizá esta idea queda muy bien resumida en un extracto de su relato titulado “Por triplicado”: “Los desconocidos que se encontraba y con los que se relacionaba allí tenían un comportamiento que lo atraía, incluso siendo consciente de que esta forma de ser era deliberadamente elaborada para lograr un efecto, fingida. Estaban en pleno ascenso, eran enérgicos, sonrientes y generosos, y buscaban, a ojos de Rosengarten, una verdadera emoción, un elixir vitae, por lo que tras la personalidad que impostaban existía un valor auténtico y, por eso, Rosengarten no podía evitar pensar en ellos y sentirse atraído”.

El autor desvela los entresijos de la industria cinematográfica del Hollywood dorado a través de una serie de relatos cortos y también por medio de unas cartas personales. En referencia a los relatos, el guionista deja que sean sus alter ego los que se paseen por la escena, generalmente en forma de observadores bastante silenciosos de la situación. Narraciones comparables a pequeñas obras de teatro que ocurren, casi en su totalidad, en un solo escenario, llenas de personajes surrealistas, extravagantes, pero muy humanos, a pesar de todo. Auge, debilidades y declive se combinan en unas personas que Fuchs logra desnudar a la perfección. Destacan los relatos “Al Oeste de las Rocosas”, “Florida” o el divertido “El Dorado Oeste”.

Daniel Fuchs también tiene tiempo para la reflexión personal, a través de sus cartas desde Hollywood, en las que se sincera sobre los efectos del paso de los años y en donde reconoce la tristeza y el sufrimiento que acompañan su trabajo. Confiesa además, la insatisfacción con sus propias creaciones, las esperanzas truncadas y la pena ante la cantidad de guiones fallidos u olvidados.

Sería injusto olvidar la introducción del escritor John Updike quien, no solo nos sitúa muy bien en el contexto histórico, revelando incluso el nombre de algunas de las figuras reales de la época a las que Fuchs hace alusión en sus ficciones, sino que también, en pocos y precisos cincelados, nos esculpe la figura de Daniel Fuchs, nos hacemos una idea de quién es y su devenir: el hombre embelesado, en busca de lo indefinible, aquél que nos da una visión diferente del concepto de triunfo, advirtiendo, en sus propias palabras, que “lo que la gente no entiende de este sitio es que la idea real no es hacer grandes películas, sino disfrutar la vida al sol”.