Hombre versus mujer

HOMBRE

Estoy sentado en el bar del auditorio, hoy es sábado y me estoy tomando un café con calma, lo hago todos los sábados, no aguanto quedarme en casa. Mi mujer que tiene que poner en orden la casa con la filipina, las niñas que no quieren hacer los deberes, las riñas entre ellas… ¡no! Vengo aquí y me relajo con el periódico y mirando a la gente.

Soy macho, soy italiano y me gustan las mujeres. Me gusta mirarlas, admirarlas, coquetear con ellas y llevármelas a la cama tras una dura batalla, disfruto cuando gano una presa difícil, distinta, hostil y bella. Me dedico a la política y tengo que convencer; con las mujeres me entreno.
Mi físico me ayuda, soy de complexión atlética pero no de forma natural, mi cuerpo es el resultado del entrenamiento con mi personal trainer y de mi disciplina, no me puedo defraudar, no puedo decepcionar, me están saliendo algunas canas que me dan un mayor atractivo. La genética ha hecho el resto, en mi familia somos todos altos y ningún calvo.
Me he casado con la mujer perfecta para el trabajo que desarrollo: de buena familia, con dinero, mona sin destacar para que nadie la pueda desear y joven para que no haya tenido distracciones. Nos casamos cuando ella tenía 23 años, no acabó la universidad porque hice que se quedara embarazada enseguida para que no tuviera intenciones de trabajar; la segunda niña después de 15 meses para que estuviera lo suficientemente ocupada como para olvidarse de poder tener una profesión. Mejor dos niñas, con los niños hubiera tenido la presunción de educarlos para el éxito, las niñas estudiarán, sí, pero se casarán también ellas con dos ricos y tendrán una vida cómoda como su madre.
Antes de casarme me he dedicado a mí mismo, he tenido mi logro profesional ganando, con una pequeña ayuda, una oposición para ser letrado de las Cortes, en pocos años he entendido a la perfección cómo funciona el tren de la política italiana y, con una excedencia indefinida me he subido al tren, obviamente en primera clase. Me gusta la vida que hago, el poder y el miedo que emano. Dinero, poder y miedo… disfruto ante este pensamiento. En mi casa me respetan, mi mujer tiene el miedo justo para no pedirme nunca explicaciones, no se ha rebelado nunca, tengo que decir que sus padres, bajo este punto de vista, han hecho un trabajo óptimo.

Estoy sentado con mi café cuando llega una potencial presa. Es hembra, un poco delgada pero una mujer hecha y derecha, alta, piernas largas, vaqueros estrechos, no consigo verla el culo porque lleva una chaqueta de algodón larga, de color azul, que se lo cubre. Lo que me deja loco es cómo camina, paso firme con tacones altos y el pecho que le balancea con seguridad a cada paso que da, ese movimiento del pecho me excita y la miro con los ojos de un cazador.
Ha llegado sola con el periódico; veamos que lee… “Il corriere della sera” ¡Perfecto! Una comunista feminista a primera hora de la mañana me daría ganas de vomitar, ese tipo de mujer no para de hablar ni siquiera cuando te la estás follando.

Se pide un capuchino y un croissant ¡muy bien! No hace ninguna dieta, o sea que no será aburrida, y no desayuna en casa, así que seguramente vive sola o en este momento está sola, quién sabe… a lo mejor separada con niños, sola en su fin de semana. La echo unos cuarenta, apuesto por la separada con niños, es muy atractiva. Podría tener un compañero o un marido, mejor: disfrutaría mucho más así que dejo que mi imaginación vuele entre encuentros secretos, viajes escondidos y citas en hoteles; la emoción corrompe mi cuerpo.

“Venga, tómatelo con calma y siéntate a leer el periódico” Pienso con la boca que se me está haciendo agua.
Veo desde lejos que hace una broma al camarero y este ríe ¡muy bien! Tenemos prima de simpatía que nunca viene mal. Se sienta en una mesa muy cerca de la mía pero no nota mi presencia, todavía. Veo que sonríe pero a nadie en particular y esto hace que aumente mi curiosidad. Apoya el bolso encima de la mesa y mientras está revolviendo el azúcar del capuchino empieza a leer la primera página del periódico: es elegante con poco, la elegancia como materia prima, como algo que no se compra pero que se hereda, elegancia natural. Lleva una camiseta muy simple de algodón con rayas azules como la de los niños y un foulard con calaveras en colores flúor. Se está quitando las gafas de sol, se gira a meterlas en el bolso cuando encuentra mi mirada, me sonríe pero sin interés, es una sonrisa educada, solo de saludo.

Me ha pillado por sorpresa, me había relajado recorriendo su cuerpo y sus movimientos. Me autoflagelo por mi comportamiento de novato.

Espero en silencio y me imagino como un león detrás de un arbusto que observa su gacela. Tengo que empezar a pensar en una estrategia, mi intuición me dice que no espera a nadie, no está maquillada, solo lleva los labios pintados con un color rosa oscuro, es bellísima incluso así. Está cerrando el periódico cuando, sin reflexionar ni un segundo, me lanzo al ataque y pregunto:

“¿Podría echar un vistazo a su periódico?” digo tirando al suelo con el codo mi periódico que se cae al suelo sin que se dé cuenta.

“Claro” responde ella “solo que acabo de arrancar una página que me interesaba” su voz es baja y noto que se pone un poco colorada.

“Si es sobre los impuestos y quiere hacer una hoguera tiene mi aprobación” respondo
Sonríe con educación, me acerca el periódico y coge la revista que regala el periódico para continuar con la lectura.

Vuelvo detrás del arbusto más hambriento que nunca y avergonzado de la frase infame que acabo de pronunciar, me doy cabezazos contra la pared en mi imaginación y voy deprisa a ver qué página ha arrancado mi presa que, a estas alturas, galopa en la lejanía.

¡Bingo! No ha arrancado toda la página, solo un trozo de la noticia, es decir los horarios y el contacto de la exposición de Frida Kahlo que se inaugurará el próximo 20 de marzo.

“Estás en mi territorio” pienso y mando rápidamente un mensaje a mi secretario pidiéndole información sobre la exposición e invitaciones para la inauguración, concluyo el mensaje diciendo “quiero una respuesta en 3 minutos”.

La respuesta llega tras 2 minutos y 40 segundos con un archivo adjunto donde están las invitaciones. Me gusto, obtengo siempre todo lo que quiero, tengo un equipo perfecto a mi alrededor. “Querida gacela, serás también mía.

Te doy todo el tiempo que quieras, sé esperar cuando el premio merece la pena, mientras tanto y para estar siempre en forma encontraré otra presa, caza menor, obviamente, solo como pasatiempo”.

Ahora soy yo mismo en mi ser total y con la plena convicción de mi fuerza de seducción y de mi poder, listo para el ataque, listo para ganar, me levanto con el periódico en la mano y voy donde mi presa listo con mi estrategia bien definida en mi cabeza.

Pienso: eres mía.


MUJER

Es un día de sol, es todavía invierno pero la temperatura es templada, es sábado, es perfecto. He dormido bien y por fin muchas horas, así que me regalo un capuchino y la lectura de un periódico (el primero de la semana) en santa paz, dudo si mandar un mensaje e invitar a alguien a mi café, pero decido que sería mejor estar sola conmigo misma, en silencio.

El día es maravilloso, me he vestido de sport pero con taconazo que me da mucha seguridad, veo que la decisión es acertada y aprobada por la manada de policías que saliendo de la academia me saludan como si me conocieran desde hace años y me piropean felicitándome por cómo me he vestido. Soy mujer, me gusta que me aprecien, los hombres me atraen y estoy siempre lista para jugar/dispuesta a jugar, practico todos los juegos, juego todos los partidos, juego y gano.

Voy al auditorio, la terraza al sol me seduce. Bromeo con el camarero que, adivinando de dónde soy por mi acento inconfundible, se queja por otra derrota del equipo local contra el equipo de mi país diciendo “la roja es fuerte” y hace alusión al color de mi pelo.

Me doy la vuelta para buscar un sitio donde sentarme y elijo una mesa delante de un hombre que me está “vigilando” desde que he entrado, debe pensar que no me he dado cuenta de nada pero yo el olor del cazador lo reconozco a mucha distancia. Soy su diana desde que he llegado, he hecho como si no me hubiera dado cuenta de nada, no es mi tipo, nos repelemos, dos dominantes se repelen. Yo lo sé ya, él todavía no. Me cree y me quiere indefensa, vulnerable pero interesante y, sobre todo, una guarra en la cama.

Así que empiezo a imaginarme su vida viendo cómo se comporta y cómo va vestido: clásico, sus colores son azul y gris, pantalones con la raya delante y zapatos Hogan con cordones, veo el cuello y los puños de una camisa blanca y apuesto que tiene sus iniciales bordadas en el lado izquierdo. Cuarenta y tantos, casi cincuenta, cultiva su cuerpo pero no es de los que van al gimnasio.

Está casado aunque no lleve la alianza, tendrá hijos y una mujer deprimida en casa, cansada de cuernos y sumisa, estará en casa o corriendo por la ciudad llevando a los niños a las actividades extraescolares del fin de semana, un clásico de manual, una auténtico aburrimiento, he borrado un millón como él de mi agenda telefónica, egocéntrico, orgulloso de su poder y a la caza de presas difíciles.

“Está bien cariño, juego” pienso, estoy descansada y buscando un estímulo, estoy libre estos días y lista para jugar.

Vuelvo a las páginas de mi periódico y preparo mi trampa como una auténtica profesional, llego a las páginas de cultura y arranco un trozo de la exposición que me gustaría visitar la semana que viene, segurísima de la siguiente acción del cazador.

No pasan ni cinco minutos, cuando el predador tira al suelo su periódico y me pide con mucha educación el mío. Qué banal, querido estás suspendido ya desde el principio. Ha mordido el anzuelo a la primera y va en seguida a la página que he arrancado, mientras tanto, mando un mensaje a una amiga invitándola a la inauguración de la exposición.

Continúo con la lectura y con el capuchino que se me ha quedado helado, no sé si atemorizarlo y hacer que me marcho, pero decido ser una criatura buena y disfruto del sol y de este maravilloso día de caza. Con el rabillo del ojo veo que se acerca con paso firme, lleno de sí, pensando que ha ganado el partido.

Pienso, eres mío.

Irene Calvo
Acerca del Autor
Roma, I love you: Moda y otras historias...

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