La “apertura” a Cuba

Por Emilio Bernal Labrada

Amigos, eso de “la apertura a Cuba” no es más que un cuento engañabobos.

Bien estará que descarten la política anterior, que en más de 50 años no dio el menor resultado. Pero de ahí a que vaya a producirse una amplia alertura en el sentido económico y social, con libre comercio, intercambio diplomático y cultural, levantamiento de limitaciones, cortapisas, etcétera, estamos muy lejos.

Les voy a decir por qué. Sencillamente porque al régimen que se ha robado la isla no le conviene. Su intención de momento no es abrirse, sino abrir otra fuente de ingresos cuando Venezuela, sumida en el abismo por el propio régimen castrista, no le pueda seguir regalando petróleo.

A la familia Castro —hoy no es ya el Infidel, ni tan siquiera su hermano Raúl quienes controlan el poder, sino todo el clan castrista— no le interesa normalizar nada sino seguir gobernando indefinidamente, seguir robando, torturando y matando.

Y hablemos del clan, que consta de los múltiples hijos de esos hermanos facinerosos, aunque ya sean cincuentones y sesentones, más los nietos, sobrinos, primos y demás adláteres, consanguíneos o no. Todos están en puestos claves, viviendo cual si fueran pachás, disfrutando de todos los privilegios y lujos que dan el dinero, la corrupción y el poder de vida y muerte sobre los demás.

Se apoyan en las fuerzas armadas y en su perfeccionado sistema de espionaje interno, de chivatos, soplones, sinvergüenzas, sobornados y amenazados por el estado todopoderoso y su inconcebible corruptela.

Toda esta gavilla de criminales y ladrones se asegurará de que los recursos percibidos por la empobrecida isla gracias a su vicioso régimen se queden en ls arcas personales de la familia y no vayan a los bolsillos del pueblo.

Uno de sus principios rectores ha sido, desde siempre, empobrecer a todos los habitantes lo más posible.

Cualquiera que visite a Cuba puede comprobarlo andando por las calles. Los edificios en su mayoría se están desmoronando, los cines y teatros están destartalados y cerrados, las viviendas peor y los servicios públicos hechos sentinas, desconchados, despintados, en paupérrimo estado.

Los únicos automóviles dignos de nota son los Mercedes pertenecientes a los jerarcas del estado, pues los demás que circulan son vejestorios destartalados. Eso sí, el castrismo ha resuelto el problema del tránsito… acabando con los vehículos particulares. El transporte público es un desastre, lleno de “bicitaxis” al estilo de la China del siglo XIX, y en las capitales provincianas se ha recurrido a carruajes de tiro animal.

La Habana entera es una vitrina “socialista” escombrosa y espantosa, cual ciudad bombardeada a fines de la Segunda Guerra Mundial.

A las reuniones tercermundistas que allí se celebran asisten delegados que nunca vieron La Habana republicana y por consiguiente no aprecian, o no quieren apreciar, el enorme desastre del último cincuentenario. Lo mismo se aplica a los turistas.

Lo único que necesita Cuba para recuperarse —y contribuir a la prosperidad y bienestar de Hispanoamérica toda— es un gobierno democrático, con todas sus libertades, derechos y viabilidad económica. Aunque lacras tenga, como en todas partes, serán ínfimas comparadas con las de una satrapía empecinada en la maldad y la destrucción.

Lo demás es una gran mentira. El gobierno actual de Estados Unidos no logrará ningún cambio en la isla, sino que por el contrario, le hará concesiones al malévolo régimen, empezando por su intención de devolverle la base naval de Guantánamo, con sus excelentes instalaciones navales, que pasarán entonces a manos soviéticas o chinas. Ello pondrá en más grave peligro aún al resto del Caribe y a todo el continente.

Los Castro, por si no lo sabían, tienen chantajeado a Estados Unidos desde hace medio siglo, en función de lo que saben de muchas cosas y, en especial, del asesinato de Kennedy, en el cual gustosamente participaron.
Con ese artero golpe el Diablo se apoderó de Cuba y, de Estados Unidos, una gavilla de corruptos asesinos y traidores que gobernaron durante más años que la familia Kennedy.


Emilio Bernal Labrada es autor, entre otros libros, de la novela histórica (en clave) Asesinatos Impunes y Crímenes de Costra en la Vida Pública de EE.UU. (en versión inglesa, Getting Away with Murder—and Costra’s Crimes—in U.S. Public Life; y de La prensa liEbre o Los crímenes del idioma). Adquiéranse directamente del autor, emiliolabrada@msn.com, o en amazon.com.

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