La barbacoa clónica

En algunos países, entre los que
se encuentra Estados Unidos, está autorizado
el consumo humano de carne clonada. Se vende en los supermercados sin distintivo y su
sabor es idéntico al de la carne tradicional. Como se desconoce si la ingesta de este tipo de carne
produce efectos secundarios, no cabe achacarle a la barbacoa
el fenómeno de la proliferación de los “clónicos pensantes”.

La característica más destacada de este tipo de clónicos,
es que no piensan, otro lo hace por ellos. Las consecuencias
de esa laxitud mental perjudican a toda la sociedad, incluida la pensante.

Una de las muchas consecuencias, es la de la frivolización
de la cultura y con ella de las escalas de valores que,
tambaleantes, dejan un terreno abonado para líderzuelos carismáticos y sin escrúpulos.

Nos movemos en un mundo con muchas ficciones. El precio
de creer ciegamente en esas ficciones inducidas es convertirse en borregos manipulaldos como
Dolly, la primera oveja clonada.

Muy famosa, pero no por ello menos borrego... y encima ni siquiera genuina, sino copia.

Algunas personas son aficionadas a la creación de
ficciones malintencionadas que propagan subrepticiamente. De nada sirve culpar al liderzuelo intoxicador que juega sus cartas para ganar la partida. Los verdaderamente culpables son aquéllos que le siguen el juego y
que cooperan con él.

La vuelta a las Humanidades, al período clásico, a Sócrates
y Platón cuyos diálogos enseñaron que conversar, y no
criticar; debatir, y no descalificar; aflorar la verdad en lugar de engañar y usar la libertad propia
en lugar de manipular la voluntad ajena, es una forma civilizada de convivir. El diálogo puede colaborar a que las aguas vuelvan a su cauce y los intoxicadores,
a la indiferencia de aquéllos de los que se rieron y sin
los que no son nada.

Por mucho que a los manipuladores les pese y los manipulados
ignoren.

Se acercan las elecciones presidenciales en México, más tarde le tocará el turno a los Estados Unidos. Piensen en
lo que les prometieron en las anteriores elecciones los candidatos, sean los que fueren y de donde fueren, analicen qué promesas cumplieron y cuáles no, decidan y participen en el proceso electoral.

La democracia otorga a los ciudadanos el derecho al voto,
que es un deber moral para con la sociedad. No deje que otros decidan por usted. No sea un clónico de otros. Y, por si acaso, procure alimentarse de forma saludable. Quizás éso no influya en su voto pero sin duda, mejorará
su calidad de vida.

Virginia Esteban
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Editorial

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