La candidata

¿Quién no sabe que esta señora es lo más listo, puro, honrado y acrisolado que jamás se ha conocido en el planeta? ¿Que estaremos en las más limpias y honestas manos vistas en la historia política de ningún país?

Señores y, sobre todo, señoras, es cierto que le ha llegado la hora a una mujer en la presidencia. Pero esta, trae un cargamento de escándalos, engaños, corrupción y mentiras que, francamente, habría que estar loco, ciego y sordo para apoyarla.

Lo siento, pero al pan, pan y al vino, vino. No debemos andar con circunloquios cuando las pruebas son tan contundentes. Pero no vamos a abordar sus no tan atractivos antecedentes. Más bien, concentrémonos en lo que promete para el futuro. ¿La misma corrupción y despreciable desempeño que en el mandato de su esposo? ¿Los mismos errores, tendencias, daños y escándalos que pusieron a ese caballero al borde de la destitución?

¿Puede alguien señalar aunque sea un solo logro importante alcanzado durante ocho años por ese matrimonio presidencial? Sabemos de buena fuente que ella tuvo muchísimo que ver con su gestión nacional e internacional, de modo que son corresponsables. Si quieren reinstalarse en la Casa Blanca, ¿no es curioso que ella no hable de ese período? Tampoco él da la cara; si sus resultados hubieran sido dignos de nota, ¿por qué no se vanaglorian de ellos? ¿Y qué de esa Fundación que lleva el apellido familiar y ha recibido millones de las fuentes extranjeras más sospechosas? No podrán afirmarnos que no está endeudada con ellas.

Hay que preguntarse si no es más lógico darle la oportunidad a alguien libre de lacras y por tanto más íntegro y prometedor (y más joven: la señora, cuya edad nunca se menciona por la prensa lacaya, será casi septuagenaria para las elecciones novembrinas). Si ya conocemos el desempeño de la candidata cuando era más joven y evidentemente más lista (últimamente ha perdido mucho filo), ¿para qué arriesgar el destino del país a más de lo mismo, o tal vez a días aun peores? Recordemos que una vez en la cúspide los malévolos ya no disimulan sus verdaderos impulsos sino que disfrutan al ostentarlos y echárselos en cara a los incautos e ingenuos. La burla es entonces abierta y sin vergüenza, como lo ha demostrado ampliamente quien la derrotó en las primarias del 2009 y se adjudicó una aparente reelección para proseguir un mandato autócrata, sospechoso y de muy pocas luces.

Con toda franqueza, lo de «aparente» obedece a que, aunque nadie lo ha cuestionado abiertamente, ciertas encuestas escasamente publicitadas han demostrado que la legitimidad de esa «hazaña» no está libre de dudas. No sería la primera vez que, pese a serios recelos, una dudosa elección estadounidense NO ha sido cuestionada por el presunto perdedor, por lo que ha salido ganando LA TRAMPA.

Es recomendable pensar en estos puntos, ya que aparte de a quién favorezca el voto ciudadano, importa que todos estemos bien informados y conscientes de lo que pudiera suceder, puesto que en esta época de peligro terrorista y fanca amenaza de extinción ejercida por extremistas desenfrenados, ya los océanos no nos protegen de las garras del mal.

La historia del nazifascismo y el castrismo, entre otros movimientos protervos, demuestra que ni los pueblos más listos están a salvo de diabólicos «redentores».

            Tras este último mandato, si bien salimos de él, buena falta nos haría eso: una redención, pero de las íntegras y veraces.

Emilio Bernal Labrada
Acerca del Autor
Idioma/Educación

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