La competencia cultural es un factor básico para la reforma del sistema de atención de la salud

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Viajar a otros países puede resultar muy frustrante si no se habla el idioma del lugar. Ordenar platillos se convierte en un una empresa para mimos, repleta de gestos exagerados y gruñidos significativos. Y hasta un simple pedido de ayuda a un transeúnte para encontrar un lugar determinado se convierte en pura futilidad.

No obstante, a pesar de la frustración, los viajes al exterior por lo general valen la pena.

Imagínense si tuviésemos que enfrentarnos con la misma barrera idiomática (y todas las barreras culturales) cuando vamos al médico. Sería muy difícil comunicar nuestras preocupaciones en cuanto a la salud. Los profesionales de la salud, incapaces de comprender la situación del paciente, se verían limitados en su capacidad para elaborar y comunicar un plan de tratamiento eficaz. En resumen, la atención de su salud se vería gravemente comprometida.

Millones de integrantes de minorías se enfrentan diariamente con esta realidad en los Estados Unidos. La falta de entendimiento cultural entre proveedores de atención de la salud y poblaciones minoritarias constituye un problema básico de la salud pública. A medida que los legisladores elaboren la reforma del sistema de salud en los próximos meses, es importante que intenten resolver este problema que viene afectando el sistema de salud de Estados Unidos desde hace mucho tiempo.

Si bien el problema de la competencia cultural entre los médicos recibe muy poca atención de los medios de comunicación, hace mucho tiempo que sabemos que las barreras idiomáticas y culturales contribuyen a las disparidades en la calidad de la atención médica que afligen a las poblaciones minoritarias.

Estas desigualdades están bien documentadas. Diversos estudios demuestran que las mujeres afroamericanas, latinas, amerindias y de las islas del Pacífico tienen una probabilidad de dos a cuatro veces mayor que las mujeres blancas de contraer diabetes. En comparación con la población blanca, los afroamericanos tienen una probabilidad superior en un 29% de morir de un ataque cardíaco. Sus probabilidades de morir por un episodio cerebrovascular son un 40% más elevadas.

Según el ex Cirujano General de Estados Unidos David Satcher, si se eliminara la laguna existente entre los índices de mortalidad de los afroamericanos y los de los blancos, se podrían salvar aproximadamente 84,000 vidas por año.

Si bien los factores básicos que influyen sobre estos problemas son muchos (barreras económicas y geográficas, barreras que obstaculizan la atención médica, variaciones en la preponderancia de determinadas enfermedades y disponibilidad de servicios médicos), sabemos que las diferencias culturales, idiomáticas y de comunicación no verbal entre paciente y médico constituyen un factor de suma importancia.

Es bueno saber que es posible reducir estas disparidades mediante una reforma exhaustiva del sistema de atención de la salud.

Consideremos el panorama demográfico. Si bien los afroamericanos, latinos y amerindios constituyen más de un 25 por ciento de la población, el porcentaje de enfermeros y médicos provenientes de dichos grupos representa tan solo el nueve y el seis por ciento respectivamente. Según el censo estadounidense, se calcula que para 2050 la población afroamericana habrá llegado al doble, mientras que la población hispana y asiática probablemente se habrá triplicado.

Con el fin de remediar la escasa representación de las minorías en la industria de la atención de la salud y mantenerse al ritmo de dichos cambios demográficos, los legisladores podrían incluir en la propuesta de ley para la reforma completa del sistema de atención de la salud una política tendiente a atraer a las minorías al campo de la atención de la salud. Necesitamos un mayor número de investigadores en el campo de la medicina, peritos en política pública, médicos, enfermeros y otros profesionales asociados a la industria médica que pertenezcan a las minorías.

Actualmente, muchas voces influyentes, inclusive los sindicatos y el sector farmacéutico a través de la Asociación de Trabajadores y Patronal de la Industria Farmacéutica (The Pharmaceutical Industry Labor-Management Association), reconocen la importancia de la competencia cultural en nuestro sistema de atención de la salud. Dicha competencia es indispensable para promover la confianza entre pacientes y profesionales de la medicina y para aumentar la eficacia de los programas de extensión a la comunidad.

Es más probable que los especialistas en atención de la salud que provienen de minorías tengan una mayor sensibilidad por los matices étnicos y culturales de sus respectivos grupos culturales, por lo tanto están mejor capacitados para responder a las necesidades singulares de los integrantes de dichos grupos.

Después de todo, la relación entre paciente y profesional se basa en la confianza mutua. Solo es posible desarrollar dicha confianza mediante una comunicación eficaz y una comprensión genuina. A medida que aumenten la confianza y la comprensión entre paciente y profesional, será más fácil compartir información libremente, las afecciones se entenderán mejor y las opciones de tratamiento se podrán explicar más claramente.

Asimismo, los programas comunitarios de detección temprana, prevención y atención médica integral se podrán beneficiar con la inversión en una mayor competencia cultural. Estos programas tienen el propósito de educar a la gente sobre enfermedades de alta preponderancia como la diabetes y el asma y problemas medioambientales importantes que pueden afectar la salud.

“Comunicadores de confianza” establecidos: el clero, los maestros, los organizadores comunitarios, los dirigentes sindicales y los funcionarios elegidos, pueden dirigir y apoyar programas para servicios sociales (outreach programs). Cuanto más los integrantes de una comunidad se sientan conectados a su sistema de atención de la salud, tanto más estarán dispuestos a absorber la información que reciban del mismo y actuar en consecuencia.

Creo que todos los estadounidenses deben apoyar la reforma del sistema de salud. El reciente anuncio por parte del sector farmacéutico en el sentido de dedicar $80 mil millones a la reducción de los costos de los medicamentos de marca para la Parte D de Medicare indica liderazgo y colaboración con la Casa Blanca y el Congreso. Me da ánimo.

Conviene considerar que el mejoramiento de la competencia cultural de los profesionales de la atención de la salud en Estados Unidos es un componente necesario para llevar a cabo una reforma coherente del sistema de atención de la salud. En estos momentos, con el impulso hacia una reforma completa del sistema de atención de la salud, el Gobierno de Obama y el Congreso cuentan con una gran oportunidad para mejorar nuestro sistema de forma que preste servicio por igual a todas las poblaciones, independientemente de la raza y el origen étnico.

Jason Leon

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