La eterna campaña

¿Están siendo realmente las primarias como las pintan o es mero espectáculo y está todo decidido?

En Estados Unidos no sólo las campañas electorales sino hasta la supervivencia de las universidades públicas dependen de la habilidad para conseguir fondos. Dinero habla y, es una realidad que la independencia de quienes lo reciben queda tarde o temprano comprometida.

Políticos, magistrados, rectores, etc. todos se ven obligados a pasarse la vida “en campaña”, dedicando más tiempo a recaudar dinero, para llegar o mantenerse en sus puestos, que a atender a los problemas reales de sus cargos.

Por tanto, los que financian cada vez influyen más en las decisiones de aquéllos a los que ayudaron a elegir. Todo ello hace perder legitimidad al sistema y contribuye, en el caso de la política, al desencanto del votante medio, quien harto de políticos “profesionales” busca alternativas en nuevos personajes (con decisiones aún más imprevisibles y mediatizadas que las de los políticos al uso).

Sin embargo el escándalo no es que alguien, diga “tal o cual cosa”, en eso consiste la libertad de expresión. El verdadero escándalo radica en que deba decirlo porque si no lo hace, los mismos que le sostienen lo harán caer. Con lo que “el salvador” se convierte en alguien tan cautivo como aquéllos a los que pretendía rescatar.

Trump dice que él se autofinancia y que por tanto hace y hará lo que quiera. Para él su “santa voluntad” es buena pero ¿lo es para los demás?¿Cómo afectará ese autoritarismo a los hispanos de Estados Unidos y al resto de los americanos?

Clinton busca financiación y al igual que siempre, su búsqueda y su deseo de obtener fondos no tiene límite. Ahora ha dado un paso más allá y ha buscado financiación en México donde ha organizado dos eventos de recaudación. Para atenerse a la legalidad ha habido que “maquillarlos” y ni siquiera la propia candidata ha estado presente pero, es lo que ha sido: Clinton ha pedido dinero en México y si lo obtiene no dejará que Trump, “el superhéroe” levante muros con el país vecino a costa del bolsillo de los mexicanos. Pero ¿qué otros “muros” levantará ella para satisfacer a sus donantes?

Es decir, que ya sea para levantar el muro (Trump) o para impedirlo (Clinton) los mexicanos deben pagar: Estados Unidos discute, y México pone el dinero y sufre las consecuencias. Estados Unidos considera a México su enemigo. Y efectivamente lo es desde el mismo instante en que la economía mexicana no es lo suficientemente fuerte para soportar a todos los trabajadores mexicanos y alienta el camino del norte para que los mexicanos de este lado envíen a casa todos los años alrededor de 25,000 millones de dólares que fortalezcan la economía mexicana. Clinton promete bajo cuerda no alterar el sistema establecido si se la apoya, aunque cuando ha estado en posiciones de ayudar a la comunidad mexicana no lo haya hecho. Trump dice que quiere hacer América fuerte de nuevo y para los americanos.

En mitad de todo, la campaña: por el voto, por el dinero o por los bienes del vecino, da igual: estamos en campaña.

“Este país se dirige hacia un gobierno único y espléndido de una aristocracia fundada en las instituciones bancarias y en corporaciones adineradas y, si sigue esta tendencia, será el final de la libertad y de la democracia”. Y no lo digo yo, lo dijo Thomas Jefferson y la cosa desde entonces, lejos de mejorar empeora.

Y ahora quieren decirme que en este mundo de millennials, tecnología y personas tan “capaces y preparadas”, nadie puede encontrar una solución. ¿O es que, estamos tan ocupados con nuestras propias campañas-espectáculo que a nadie le interesa ya mejorar un poco el mundo y dejar de fastidiar al prójimo?

Virginia Esteban
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