La gran batalla

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25.2 millones de hispanos (11% del total de votantes) son elegibles para acceder a las urnas el 4 de noviembre, de acuerdo a los datos de Census. Estas elecciones decidirán la composición del Senado de los Estados Unidos y eso es clave para gobernar el país.

Los demócratas disfrutan en la actualidad de una mayoría del 55%. Según encuestas de Gallup del pasado septiembre, el 49% de los norteamericanos opinaron que los republicanos harían mejor trabajo que los demócratas en materias como prosperidad nacional, protección contra el terrorismo y amenazas militares.

El presidente se encuentra en los niveles más bajos de popularidad de toda su presidencia (41%) y eso puede influir en los electores a la hora de elegir a un senador demócrata. Toda esta situación ha influído en que el presidente diese marcha atrás en la propuesta de reforma migratoria.

Los senadores demócratas quieren el dinero que el presidente recauda para sus campañas, pero no quieren que “salir con él en la foto” les reste los votos de aquéllos que no simpatizan con la causa migratoria. El primer estado es un reflejo del resto del país. El debate entre el senador Coons (D), que aspira a revalidar su posición y el aspirante Wade (R), ya ha tenido lugar. Senador y aspirante no coincidieron en prácticamente ninguna postura.

El senador demócrata defendió sus posiciones en Washington, muchas de ellas consensuadas con el partido republicano, como única forma de de hacer cambios en la capital. El aspirante Wade le acusó de decir sí a todo lo que propone el partido demócrata.

Ebola y Common Core tuvieron su momento en la noche. Wade acusó la falta de liderazgo en Washington y Coons señaló que el hecho de estar vacante la posición de Cirujano General es consecuencia del obstruccionismo del partido al que Wade pertenece. En materia de Common Core, Wade sostuvo que se ha realizado un planteamiento desde arriba, sin tener en cuenta las preocupaciones locales…

El pesimismo que planea en el país es reflejo del pesimismo general que reina en Occidente, donde pese a todo, aún se cree que la formación sí es definitiva en la vida de una persona aunque no garantice su éxito económico. Sesenta por ciento de la población de cuarenta y cuatro países, según el Pew Research Center considera la educación como un factor muy importante para el éxito.

El Presidente Obama habilitó ayudas federales a partir de 2009 para “Race to the Top”, iniciativa con la que se pretende formar estudiantes que tengan éxito en la universidad, el trabajo y que compitan en la economía global.

En busca de esa excelencia en educación, los estados participantes han aceptado someterse a unos estándares de educación y evaluaciones comunes denominados “Common Core” y ahí al igual que en el debate senatorial del primer estado, los partidos no coinciden en nada, excepto, que hay que conseguir que los estudiantes lleguen a las Universidades.

Al igual que la superación de las diferencias que enfrentan sus países de origen para defender el derecho a la educación ha supuesto para Kailash Satyarthi y Malala Yousafzai la concesión del premio Nobel de la Paz, una política consensuada bipartidista -también en educación- permitiría a los Estados Unidos retomar sus puestos de liderazgo y devolver la paz que el mundo necesita. En democracia, el lugar donde se debe librar la batalla es en las urnas con la fuerza de los votos.

Y esa batalla debe ser librada por la ciudadanía el 4 de noviembre acudiendo a los colegios electorales y ejerciendo su derecho a votar.