La Igualdad

0
218

He crecido con el mantra de mi madre que, a todas horas me andaba susurrando al oído: “tú trabaja para ser independiente,… tú trabaja para ser independiente…” A veces sintiendo las sábanas tirantes por el peso de algo no identificado e intentando darme la vuelta en la cama veía entre sueños que mi madre se levantaba de mi cama y salía por la puerta.

Así que me han convencido desde la más tierna infancia de que iba a ser una grande profesional, que no tendría que dar cuentas a nadie y de que las cosas de casa se harían solas.

Me quito el sombrero, hago una reverencia, me inclino y doy un beso en la boca con lengua a todas las mujeres que cuando se les pregunta: “¿a qué te dedicas?” responden “No trabajo fuera de casa” porque la respuesta implica que son esclavas de la casa, del supermercado, del marido y de los hijos.

Tengo que dejar claro que en casa de mis padres no he hecho NUNCA nada, ni siquiera ahora sé con certeza dónde se encuentra situada la lavadora, donde está el cajón con los manteles, el armario con la aspiradora o donde se cuelgan las toallas cuando uno viene de la playa.

A la pregunta de mis amigos: ¿dónde vas de vacaciones? Mi respuesta: a casa de mi madre…

Me cierra la puerta cuando todavía duermo por la mañana, en cuanto oye que me levanto me prepara el zumo de naranja y después del desayuno ya tengo hecha la cama y ventilada la habitación. Mis tareas fundamentales son dos, la primera pensar que quiero para comer (mi respuesta es siempre “me da igual”, en este “hotel” está todo buenísimo y el servicio es impecable) la segunda hacer la mahonesa en Nochebuena, agotadoras ambas misiones…

Con esta NO “educación doméstica” te encuentras viviendo solo, las mujeres espabilamos en seguida, no nos gusta el desorden, queremos comer sano y lo de la mugre no nos va, los hombres viven la mugre como un hábitat propio, eso de la caverna mola.

Así que una vez más reflexiono:

Si hemos estudiado los dos,

Si trabajamos los dos,

Si ganamos (más o menos) lo mismo los dos,

Si nuestras madres no nos han enseñado a hacer nada;

¿Por qué cuando nos casamos los dos poco instruidos en la facultad de “Sus labores” la igualdad se desequilibra penalizando la persona limpia ya que tiene dificultades para adaptarse a la mierda y la persona menos limpia no tiene ninguna dificultad a dejarse llevar por lo limpio y el orden?

Y aquí el hombre se hace fuerte con:

“es que a mí no me ha enseñado nadie” o…

“es que tú lo sabes hacer mejor”

Al principio enamoradas y sin niños nos hace incluso hasta gracia. En el trabajo hasta que no tienes hijos te siguen mirando como a un ser humano e incluso seguimos siendo como somos multitask te dan proyectos interesantes, te convocan en todas las reuniones, viajas por trabajo, etc. El momento “Ops” es cuando llega el embarazo o la peste bubónica… en el trabajo te preguntan constantemente si estás bien, si no te pesa demasiado la barriga, si crees que lo vas a poder hacer, “chicos de momento no he pasado ninguna neurona al feto”. Cuando das a luz tienes que hacer una presentación en power point a tus compañeros para explicarles que con la placenta no has perdido masa cerebral y que sigues siendo el ser humano pensante y evolucionado de antes.

El que se frota las manos es tu marido, ahora nada de preparar comiditas, nada de coladas, nada de supermercado porque la señora se queda en casa y lo hará todo je je je.

Y aquí se acaba la igualdad porque, aunque no le des el pecho a tu hijo te toca hacer todo, todo, todo… y además el instinto maternal lo tienes que tener siempre de subidón.

De ahora en adelante, verás que tu maridito se escaquea de todo lo que le relacione con el menaje familiar, tú querida mujer, te volverás una ama de casa desesperada corriendo y corriendo todo el día entre la casa y el trabajo, o…

Vivirás por siempre feliz en un mundo donde todas las tareas se dividen al 50% entre maridos y mujeres… Yo voto por esta.