“Malcolm & Marie” de Sam Levinson (o el sugestivo influjo de una discusión)

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Con autorización para rodar durante el confinamiento, a causa de la pandemia mundial, el muy prometedor cineasta Sam Levinson nos regala un film brillante y maravilloso; un cine moderno que, a su vez, rezuma aroma clásico en cada fotograma (vertebrado por un portentoso guión, también a cargo del director), capaz de ofrecer, sin miedo, el reto de un épico duelo interpretativo, digno de llenar la trama por sí mismo.

La historia, con ese matiz de estructura teatral, transcurre en una sola noche y en un único escenario. Tras la fiesta de presentación de la nueva película de Malcolm como director, recibida con gran acogida por la crítica, él y Marie regresan a casa, aún inmersos en la vorágine del triunfo. No obstante, el júbilo nocturno de Malcolm por el éxito no parece atisbarse del mismo modo en Marie. ¿El motivo? En el momento del discurso de agradecimiento de Malcolm a los medios y al público, ha olvidado mencionar a su pareja Marie. Un genial detonante explosivo que pondrá a prueba a la pareja a través de unas confrontaciones electrizantes y que sacará a relucir interesantes cicatrices de la personalidad de cada uno, latentes y escondidas entre ellos, esperando el momento para surgir y, quién sabe, ser sanadas.

El ritmo no decae, gracias a una elegante puesta en escena envuelta de un blanco y negro hipnótico que hace aún más sugerente la situación. A medida que avanza la noche en el film, el espectador adquiere la sensación expectante de que, en ese lapso sostenido, algo intenso puede ocurrir en cualquier momento. Los personajes se mueven con dinamismo y encanto por todo el escenario, en un equilibrio pausado, pero ágil. Y cada uno de ellos goza de su momento y oportunidad, a veces hablando con largos monólogos, otras reaccionando ante su compañero. Hay tantas buenas frases, tantas réplicas agudas, apasionadas e ingeniosas, que es muy difícil captar todas ellas en un único visionado.

Muchos calificarán su prosa de pretenciosa, pero nada más lejos de la realidad pues este refinado barroco esconde momentos de gran desnudez emocional. Los diálogos atrapan al espectador y no lo sueltan. Éste se hace adicto a ellos y constantemente quiere más; desea ser el vértice entre la larga conversación que mantendrán Malcolm y Marie.

Los actores Zendaya y John David Washington sostienen admirablemente todo el peso de la historia con su duelo dialéctico. Ambos se complementan a la perfección, sin alardes por tratar de sobresalir uno sobre el otro. Juntos crean una proeza portentosa que recuerda a cintas como “Cat on a Hot Tin Roof” de Tennessee Williams, dirigida por Richard Brooks o “Who’s afraid of Virginia Woolf?”, dirigida por Mike Nichols. También los hay quienes encuentran reminiscencias del cine de Cassavetes.

El virtuosismo de Sam Levinson retrata la intimidad, la furia, el amor… sin caer en la cursilería o lo grotesco. Asimismo, también tiene tiempo para lanzar alguna que otra reflexión sobre el mundo del cine, la crítica especializada y, muy importante, la tendencia a querer o necesitar politizar cualquier mensaje artístico.

Buena parte del talento visual y narrativo de este cineasta se pueden apreciar ya en la serie de HBO “Euphoria” (sí, parece que el director le ha tomado el gusto a eso de trabajar con las plataformas de Streaming), retrato adolescente duro y descarnado que en manos de otro director más convencional, quizá no fuera igual de interesante.

Resulta curioso que una gran película como “Malcolm & Marie”, que a priori sonaba en todas las quinielas, haya pasado tan desapercibida en casi todos los premios cinematográficos. Ninguneada, sin explicación, en los SAG, en los NYFCC, en los Globos de Oro (por citar algunos)… incluso en los Oscar, de momento, solo cuenta con la nominación a mejor actriz (Zendaya) en los Critics Choice Awards.

Sin más, prepárense para verse aturdidos y seducidos por el poder de la oratoria llevada al límite. Comprobarán que, como siempre, resulta más difícil verbalizar el amor y aquí los personajes tampoco son una excepción a la regla, por lo que utilizan los silencios y la música cuando necesitan un acercamiento o para decir que se quieren. Y es que no hay arma más cautivadora, compleja, destructiva y conciliadora que la palabra.