Matar al mensajero

Nadie lo esperaba. Tampoco él. Pero seguro que al profesor de Teoría Política al que escuché hace siete meses en una conferencia no le pilló por sorpresa. Dijo que el eslogan de Hillary no estaba llegando correctamente a los votantes, mientras que sí el de su oponente. Ante un auditorio escéptico al que utilizó como conejillo de Indias, demostró su teoría. El cambio de mensaje de Clinton en Raleigh en víspera de las elecciones en un intento de captar a la mujer americana de los suburbios, daba la razón al viejo profesor.

Ganó contra todos: Wall Street, los medios y su propio partido. Su mensaje convenció a 59.5 millones de americanos, al menos más que el mensaje de su oponente.

Trump, como el hombre de negocios que es, escucha a los números y en éso basó su campaña. “Hizo números” y calculó que la “baja de votos” por sus declaraciones en materia de inmigración se vería compensada y superada con los votos de las áreas empobrecidas y de mayor necesidad –zona superior del medio oeste–, que habían sido –según Census– receptoras de numerosos inmigrantes en los últimos quince años. El votante medio quería que “todo volviese a ser como antes de la crisis económica” y prometió mejorar la economía. Clinton, se centró en conseguir el voto femenino, latino, y el voto de los condados de los suburbios que tradicionalmente habían sido republicanos. Los condados tradicionalmente demócratas y el voto afroamericano consideraba que los mantendría. Pero el 53% de las mujeres tipo no votaron por Hillary, tampoco uno de cada tres latinos, ni los afroamericanos en la forma en la que ella esperaba.

No obstante, el voto latino fue importante y los números dicen que los hispanos en el congreso en Washington pasaron de 29 a 34 y que en lugar de los tres senadores hispanos que había, ahora habrá cuatro. También que la primera senadora latina ha llegado a Washington.

Se han dado multitud de explicaciones al porqué de esos resultados (comentarios sexistas, filtraciones de Wikileaks, emails, imputaciones-no imputaciones, “Los Miserables”, “Los Deplorables”, los “…able”…), Pero de todas las culpabilizaciones que he escuchado la más cruel e injusta es la que se ha hecho en la persona del comunicador Jorge Ramos. Cargar sobre los hombros de cualquier mensajero una responsabilidad política es una forma de eludir responsabilidades por parte de los acusadores y al mismo tiempo de atacar valores fundamentales de la Constitución: libertad de prensa, libertad de expresión…, derechos de los que goza todo ciudadano (Jorge Ramos, incluido).

Delaware votó demócrata (53,35%) no sólo en las presidenciales sino también en su representación en el Congreso en Washington, en la elección de gobernador, vicegobernador y comisionado de seguros. Todos ellos junto con los dos senadores por Delaware en Washington representarán a los delawareanses en la política nacional y estatal.

Los resultados electorales son los que son y han generado inquietud en ambos partidos. A ellos les corresponde entender el mensaje enviado por los votantes. Esa es la democracia, según Churchill “el menos malo de los sistemas políticos”.

Pero en la inquietud, en la que como adultos, sí debemos ayudar a paliar es la de de los hijos de inmigrantes indocumentados. Niños que deben vivir su infancia y que merecen que los adultos sepamos tranquilizarles procurando que tengan el entorno de confianza que merecen, alentándoles a que estudien duro y sean mejor que los mejores al margen de los avatares políticos.

Ninguno de los políticos –nacionales, estatales o locales– puede ignorar que un 11% de las personas que acudieron a las urnas el 8 de noviembre, fueron latinos y que en el futuro este porcentaje – aunque sólo sea por demografía – irá en aumento; que la Cámara de Comercio de los Estados Unidos declaró hace años que los hispanos eran un motor muy importante en el funcionamiento del país y que la expulsión de once millones de indocumentados colapsarla la economía. Números hablan y el pueblo americano quiere un futuro lleno de números buenos, que digan que su economía resurge. En ese futuro también los hispanos están incluidos.

Como dijo el nóbel mexicano Octavio Paz “Estados Unidos debe ser lo suficientemente valiente en reconocer que la fuente de su fortaleza y la base de su futuro son su diversidad racial y étnica”. En la sociedad americana. no es la raza lo que une, sino la adhesión a un conjunto de principios que están en la Constitución. Seamos respetuosos con ella, seamos parte de ese motor del desarrollo de este país. Nadie quita las partes de un motor que funciona.

Y mientras tanto, dejo una pregunta en el aire ¿qué le dijo ella ahora presidente electo al presidente mexicano en su reciente visita a México para que EPN esté tranquilo con el resultado electoral?

Virginia Esteban
Acerca del Autor
Editorial

Leave a Reply