Movimientos repetitivos y “santuarios”

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No sabíamos que el movimiento repetitivo produjera heridas. Pero ahí lo tienen, según la noticia que nos dio un presentador de (muy) Poca Visión, quien nos informó de “heridas por movimiento repetitivo”.

Pensamos que el citado “movimiento” sería de cuchillo o navaja en mano, lo cual no exige demasiada repetición para cortar la carne de burro —ni la humana, por cierto—. Pero no, de casualidad nos aclara el señor presentador al completar la noticia, que se trata sencilla y llanamente de movimientos que se repiten al manipular, en una fábrica o taller, palancas, equipos de empacar y otros elementos sin filo alguno.

Es evidente que el presentador noticiero quiso concretarse más bien a lesiones y no a heridas, ya que en ningún momento nos habló de haberse derramado sangre ni de tratamientos hospitalarios para puñaladas, cortadas, etc. Claro, está visto que aquí el lesionado que necesita más atención, por el alevoso e injusto ataque, es el inocente idioma de Cervantes.

Las ciudades “santuarios”, albergue de inmigrantes. Muy bien está que haya urbes o comunidades humanitarias que reciban a inmigrantes necesitados de atención y asilo. Sin duda es obra de gran nobleza e importancia según las normas humanas y cristianas. Pero no corresponde emplear el término santuario, tomado en préstamo del inglés sanctuary, que ha adquirido el sentido de refugio o lugar seguro. Es posible y más que probable que, en virtud del uso, se extienda esta acepción a nuestro idioma. Pero hasta el momento no consta en el DiLE, Diccionario de la Lengua Española (antes DRAE, Diccionario de la Real Academia Española), que viene a ser la “Biblia” en materia de nuestro idioma, y por cierto la democratización de la autoridad lingüística.

Al buscar santuario en el DiLE, vemos que la voz se define así: 1. Templo en que se venera la imagen o reliquia de un santo de especial devoción.
(La segunda acepción viene a ser igualmente religiosa: “parte anterior de un tabernáculo”.)
En conclusión, santuario no equivale al lugar “sagrado” en que imaginamos hallarían el refugio o lugar seguro los inmigrantes que tanto lo necesitan.

Bomba “sin explotar”. Así nos dieron la noticia por televisión, explicándonos que, habiéndola encontrado “antes de explotar”, la destruyeron. Bueno está eso, que la encontraran “sin explotar”, puesto que si ya hubiera estallado no había ninguna necesidad de “destruirla”. Creo que la redacción noticiera hubiera sido más lógica en estos términos: “Encontraron una bomba y la desactivaron para que no explotara”. En fin, que “encontrar una bomba” no es muy probable si ya ha cumplido su función, pues no quedarían más que polvo y añicos.

En resumen, aspiramos a que el “movimiento repetitivo” (léase “el uso y abuso”) que le ocasiona dolencias al idioma no nos impida llegar al “santuario” donde, por la gracia de Dios, no nos esperen más “bombas sin explotar”.

Emilio Bernal Labrada, de la Academia Norteamericana, es autor de: El buen uso impide el abuso / Good Usage Prevents Abusage, La prensa liEbre o Los crímenes del idioma, y otras obras. Pedidos a emiliolabrada@msn.com o a amazon.com.