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Publicado el 04-12-2010
Reportero: Joel I. Klein, Michael Lomax y Janet Murguía

Por qué los buenos maestros importan tanto para los estudiantes de bajos ingresos

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Joel I. Klein, Michael Lomax y Janet Murguía
NCLR

En el debate sobre cómo arreglar la educación pública de Estados Unidos, muchos creen que las escuelas por sí solas no pueden reducir el impacto que los problemas económicos tienen en los niños, que los resultados en la vida están determinados por la pobreza y las circunstancias familiares, y que la educación no funciona hasta que no se resuelvan otros problemas.


Esta teoría, en cierto modo, es reconfortante para los maestros. Después de todo, si las escuelas solamente pueden hacer una diferencia marginal, entonces podemos dejar de culparnos por no poder lograr que éstas funcionen bien para millones de niños.


Podemos entonces dejar de trabajar para que se reapruebe la ley de Educación Primaria y Secundaria (anteriormente conocida como No Child Left Behind) y dejar de competir en la “Race to The Top” (Carrera Hacia la Cima) de la administración Obama que promete cambios polémicos.


El problema es que esta teoría está equivocada. Es difícil decir que tan equivocada –porque todavía no hacemos los cambios que nos lo dirían– pero hay suficientes evidencias de que las escuelas pueden hacer un cambio enorme a pesar de los problemas que presentan la pobreza y los antecedentes familiares.


Considere los últimos resultados nacionales de matemáticas de los estudiantes de cuarto y octavo grado, donde se muestran sorprendentes diferencias entre los resultados de los estudiantes afro-americanos de bajos ingresos de diferentes ciudades. Los estudiantes del cuarto grado de Boston, Charlotte, Nueva York y Houston, obtuvieron de 20 a 30 puntos más que los estudiantes del mismo grupo socioeconómico de Detroit, Milwaukee, Los Ángeles y el Distrito de Columbia.


Los estudiantes del cuarto grado de Boston superaron a los de Detroit por 33 puntos. Diez puntos en estas pruebas nacionales equivalen aproximadamente a un año de aprendizaje, lo que significa que para el cuarto grado, los niños afro-americanos pobres de Detroit ya se encuentran tres grados atrasados con respecto a sus compañeros de Boston.


No es sorprendente que continúen (o aumenten) estas diferencias para cuando llegan al octavo grado, donde la puntuación de los estudiantes afro-americanos de bajos ingresos de Detroit es de 36 puntos por debajo de sus compañeros de Austin.


Los resultados cuentan la misma dolorosa historia para los estudiantes hispanos de bajos ingresos de diferentes ciudades. En el cuarto grado, hay una diferencia de 29 puntos ...
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