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Publicado el 09-11-2010

Carta de Matías Ramos a Barack Obama

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Americas Voice

Estimado Sr. Presidente:

Lo saludo con respeto y admiración, pero también con una queja y un pedido.

En abril de 2010 empaqué mi ropa en dos bolsos y dejé a mi familia y amigos en California para trabajar a tiempo completo por el DREAM Act, un proyecto de ley que usted conoce bien, y por el cual he esperado por muchos años. En ese entonces no tenía dónde vivir pero un amigo me albergó por varios meses hasta que pude alquilar una habitación. Washington es muy diferente a Los Ángeles en la cultura y el ritmo de vida. La adaptación fue difícil, pero recibí el apoyo de muchas personas a través del país que comparten conmigo el mismo sueño: ser ciudadanos de Estados Unidos de América.

Cuando empecé a involucrarme con organizaciones de estudiantes indocumentados no sabía a dónde me llevaría ni cómo me apasionaría este movimiento. Pero me motivó porque he visto el talento, el carácter, y la capacidad de esta generación de inmigrantes que ha crecido con recursos muy limitados, pero con un potencial tremendo. Miles de soñadores hemos salido a las calles a demandar nuestros derechos. Al expresar públicamente que somos indocumentados, lo hemos arriesgado todo, incluyendo uno de los males más temidos en nuestra comunidad: la deportación. Sin papeles, pero sin miedo, hemos marchado y visitado a cada uno de nuestros representantes en el Congreso. También hemos creado una organización nacional llamada United We Dream.

Conocí a muchos soñadores en febrero, cuando decidimos reunirnos para planificar nuestros próximos pasos. Para ese entonces, estábamos muy decepcionados de usted. Parecía que la audacia de la campaña presidencial había sido reemplazada por la timidez y el abandono del tema de inmigración. En su discurso presidencial de enero, sólo pronunció 38 palabras sobre el tema que domina nuestras vidas. Al mismo tiempo, su Departamento de Seguridad Nacional autorizaba más deportaciones que nunca, y los líderes demócratas del Congreso no decidían cuándo habría un voto para crear nuevos programas de legalización. Ese día de febrero decidimos que no esperaríamos más.

Por esas cosas de la vida, un día después fui arrestado en el aeropuerto de Minneapolis/ St. Paul por autoridades de inmigración. Ese mismo día, los agentes de ICE me entregaron los papeles de deportación. Gracias al trabajo del movimiento juvenil, me liberaron y me transfirieron a Washington, D.C. Dos semanas después, recibí una prórroga ...
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