Nuevas identidades

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Por Virginia Esteban

La crisis humanitaria del pasado año trajo a menores indocumentados de Honduras, El Salvador y Guatemala a Estados Unidos. Casi un año después, es el Vicepresidente Biden quien ha viajado a Guatemala, para reunirse con los presidentes de aquellos países. Su objetivo: la implementación del “Plan de la Alianza para la Prosperidad en el Triángulo Norte”.

Se está tratando de crear en aquellos países las condiciones necesarias para acabar con las causas que provocaron una “salvaje” crisis migratoria infantil. Mientras los políticos hacen su trabajo, esos jóvenes indocumentados que llegaron, esperan escolarizados la revisión judicial de sus casos.

¿Ha generado este país nuevas identidades en aquéllos hispanos que nacieron o llegaron siendo niños a Estados Unidos, que los diferencian de los que acaban de llegar? El convencimiento de esta realidad llevó a muchos distritos escolares receptores de menores indocumentados, a crear grupos especiales de transición separados de los grados ordinarios, fomentando su integración progresiva, a medida que aprendiesen inglés y las costumbres de este país.

Algunas organizaciones, quisieron ver en esa “segregación” una discriminación y denunciaron a los distritos escolares. El tiempo ha acallado a los denunciantes y demostrado que los que crecieron aquí y los que llegaron de allá son muy diferentes, pese a ser unos y otros originarios de los mismos países.

Las organizaciones denunciantes que intentaron recrear con sus programas la unidad que invocaban incorporaron a los programas que tenían para hispanos “residentes” a los hispanos “recién llegados” y las chispas saltaron: unos y otros pidieron ser separados. No se entendían (y no sólo por el idioma).

A los que llegaron, les entiendo. A los que estaban, no. ¿Es que la identidad que ha desarrollado este grupo que ya estaba pasa por identificarse como hispano sólo para recibir los beneficios sociales que este país da a nuestra comunidad, pero no para asumir las responsabilidades que ser hispano conlleva? Alguien que invoca ser hispano para beneficiarse de “lo que den por pertenecer a ese grupo” pero no asume la responsabilidad de “ejercer” como hispano (hablar, escribir, leer en español, el idioma que nos identifica y une a los hispanos), de fomentar y divulgar nuestra cultura y tradiciones, etc., y de no ayudar a los hispanos recién llegados a integrarse, no debe definirse como hispano, es en todo caso, “descendiente de hispanos” pero él (o ella) han renunciado a la identidad, a la cultura y a los valores del grupo hispano y por tanto, no debería marcar X en esa casilla que le identifica como tal. Simplemente, porque con su actitud renuncian a serlo. El español es una lengua propia de una comunidad abierta, diversa y dinámica que abarca múltiples nacionalidades y geografías.

Acepto que un hispano de origen quiera o no aprender español, quiera o no ser bi o multicultural. Hay libertad para elegir. Pero si se elige “no hablar español, no ayudar al inmigrante recién llegado, no tender puentes entre hispanos…”, no se debe invocar entonces la condición de hispano para “lo bueno” que las autoridades den al grupo hispano.

Hay que evitar que emerja una identidad hispana egoísta, insolidaria y además inculta. Porque los hispanos que rechazan “lo hispano” porque creen que entra en conflicto con “o norteamericano” demuestran su gran ignorancia ya que la aportación de la cultura hispana a la identidad común de los Estados Unidos es profunda y extensa. De hecho, Fray Junípero Serra, apóstol de California y de origen español está considerado como uno de los Padres de la Patria americana y tiene el honor de ser el único personaje no norteamericano en el Capitolio de Washington.

Queda claro que la identidad de los hispanos – y de los norteamericanos – es inclusiva. Afortunadamente, hay jóvenes hispanos comprometidos, con el idioma de sus padres y familias, su cultura, sus países de origen, y a la vez, con el idioma, cultura y costumbres de los Estados Unidos. Son cuando menos biculturales. Saben de dónde vienen, dónde están y hacia dónde van. Eso les hará ser capaces de defender la nueva identidad hispana inclusiva y transnacional.