Repetición de tragedias: La ley de locos y copiones

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¡Otra tragedia y otra reacción errada de la prensa y las autoridades!, que actúan irresponsablemente, haciendo caso omiso de la lógica.

Llorar en público, ya sea con lágrimas o lamentaciones, no hace más que agravar la situación, porque es lo que esperan y desean los malefactores (¿dementes o pretensos?) que cometen estas fechorías. Transcribo, más o menos, parte del artículo en que, tras la anterior, comenté el remedio que corresponde a tales atrocidades.

Al paso de las noticias que periódicamente nos asedian sobre la ola de ALOCADOS asesinos que se dedican a la cobarde matanza de inermes e indefensos niños —por no hablar de mayores—, surge una pregunta que todos se hacen desconcertados: ¿Por qué?

Y no nos digan que son inadaptados, sufridos que se ven atrapados en una sociedad que no los ama y que por lo tanto explotan en desaforada violencia, motivo por el cual necesitan comprensión y tratamiento psiquiátrico. ¡Es lo que quieren ellos que creamos!

La respuesta es tan sencilla que al parecer nadie se ha percatado de ello, ni siquiera los presuntamente ultracapacitados dirigentes gubernamentales: los tales orates —fingidos en muchos casos— disfrutan de la publicidad, de la notoriedad, del hecho de hacerse famosos de la noche a la mañana. Luego se suicidan y sanseacabó. Si no, tras un juicio exageradamente publicitado y escandaloso —la prensa hace su agosto—, se regodean al ver cómo se difunde su relato por los medios informativos, que así les hacen el juego. Y ellos, contentos, despreocupados.

La solución: no darles ninguna publicidad —o la mínima— al nombre, la foto, la vida y los motivos (o falta de ellos) del responsable. Semejantes sujetos deben soportar el silencio y el anonimato por el resto de su vida y por secula seculorum. Eso les hará reflexionar sobre la «utilidad» de sus actos de barbarie.

Mejor será concentrarse escuetamente en los hechos y punto final: pásese a otra noticia. Publicitar y analizar al victimario, o incluso en más de la justa medida a los padres y familiares de las víctimas, es precisamente lo que NO se debe hacer, puesto que claro está que ello no hace otra cosa que dar estímulo a más LOCOS COPIONES que enluten al país con sangre inocente.

Ya lo dijimos antes: mientras sigamos dando a los asesinos lo que desean, seguirán las matanzas, ya de moda a escala internacional. Los hechos son bien claros, como lo evidencia este último caso decembrino.

No se coarte la libertad de prensa; pero esta, si es responsable, deberá atender a una exhortación de los mandatarios que pida este pequeñísimo sacrificio en nombre de las víctimas, pasadas y futuras, de tan repudiables hechos. Si no, pesará la correspondiente responsabilidad sobre quienes infrinjan la veda. Pero, ¿está la prensa dispuesta a morderse la lengua? Parece que no, pues el escándalo agranda la radio- y teleaudiencia —y, de paso, ¡da endiabladas ideas a LOCOS y COPIONES—!

Dicho esto —y haciendo caso de nuestra propia admonición de silencio, pasemos a hablar del idioma, donde otros copiones también campean por sus fueros. Las noticias típicamente nos dejan pasmados por la desatención a lo que es lícito, lógico y correcto.

Nuestros amigos los publicitarios siguen alocando sus textos, verdaderas adivinanzas que es preciso retrotraducir para que tengan sentido. A ver, ¿qué sacan ustedes de este anuncio de Toyota: «Guardará todas tus historias y todas sus versiones»? Nada, una cuquería anglo que a los hispanos nos deja perplejos. ¿Qué tal, señores toyoteros, si usamos esta versión, en voz algo misteriosa?: «¡Nadie se enterará de tus secretos!… a no ser que tú quieras».

Cuando hablan del estado de Connecticut lo pronuncian Conética o Conético, dos versiones incorrectas. Eliden la T final, como si no existiera o fuera voz francesa. Es como decir Neu Yor, o peor aún, Flórida.(¿se dice homícida, pártida, séntida?) ¡Por favor!

Afirman , no sin buenas razones, que el público debe estar «EN ALERTA» a la posibilidad de atentados (¿qué, todos armados?). Pero eso será en inglés, porque lo que es en castellano, se está EN ESTADO DE ALERTA, o simplemente ALERTO-A (es voz que muda de género y número).

Por cierto, ahora se van colando en el diccionario maestro muchas voces que se consideraban del habla vernácula, informales o incorrectas, por el solo hecho de que, si tienen uso suficente, se estima que hace falta definirlas. Por ejemplo, friki (freaky = excéntrico, estrafalario, escalofriante) ¿A dónde vamos a parar? (¡Oye, pa´ qué vamoj a hablá bien, si tó ej aceitable?)

Bueno, ¿y cómo se explica esta noticia? «Los terremotos pueden presentarse en tiempos similares sin estar conectados». ¿No será que «los terremotos pueden coincidir en el tiempo sin ninguna relación entre sí»?
Eso sí, el mal uso del español promueve constantemente el olímpico desprecio por nuestra maltrecha lengua, cuyo

ESTADO DE ALERTA ante los TERREMOTOS del mal decir no basta para darle el amparo y protección que su bienestar merece.