ads@hoyendelaware.com | 19-Aug-2019 04:07:22 pm

Roma, de Alfonso Cuarón

O el bullicio de una vida silenciosa

Escrito el 06 Feb 2019
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El visionario cineasta Alfonso Cuarón nos ofrece esta vez una historia íntima para que el espectador, y quizá el propio director, encuentre el significado de una etapa en la vida de una persona, pues solo el tiempo hace que muchas cosas se aprecien con otra perspectiva cuando se echa la vista atrás.

El director nos abre la puerta a unos recuerdos de su infancia para que demos sentido al día a día de una sirvienta en los años 70 que quizá en su momento pareciera oculto o anodino. Libo, nombre real de la criada de la familia de Cuarón, vuelve al pasado con el nombre de Cleo, en la piel de la actriz Yalitza Aparicio, con el fin de mostrar todos los detalles de la personalidad de la asistenta que pasaron inadvertidos en aquel entonces.

La forma elegida para el retrato es este elegante film que de forma calmada nos va cautivando poco a poco con sus imágenes. Con un blanco y negro esplendoroso, los planos de Roma son bellos y cuidados y están llenos de detalles aprovechando cualquier rincón del encuadre. La cámara se mueve con la finura y distinción propias de este maestro quien, por el momento, ha demostrado desenvolverse bien en cualquier género. Cuarón incluso asume esta vez las labores de director de Fotografía, cargo que solía ocupar Emmanuel Lubezki en casi todas las anteriores películas del cineasta.

Nada para Cuarón queda en segundo plano. Todo queda enfocado, cualquier personaje y acción, en una sucesión de imágenes repletas de sensibilidad y poder, pues hasta lo que parece nimio termina adquiriendo fuerza visual. Ante la vorágine de la ciudad de México, el espectador termina encontrando a Cleo entre esa multitud de calles abarrotadas, fiestas o en esas salas de hospital repletas de gente. Y es que hay una cierta predilección por el director por retratar a Cleo inmersa en contextos llenos de personas en contraposición al silencio de la rutina de la sirvienta. Lugares, situaciones y sonidos que parecen anularla, ocultarla, en los que al final la entereza del personaje la hace sobreponerse y emerger a la superficie bien sea como testigo mudo de los acontecimientos o como soporte del núcleo familiar.

También encontramos en “Roma” una constante muy interesante en el cine del mexicano: enfrentarse a solas a retos y a miedos. Cleo no es una excepción en el tramo final y en la escena de la playa. Del mismo modo ocurre con los personajes de Sandra Bullock en “Gravity” o los de Clive Owen y Clare-Hope Ashitey en “Children of men”. Incluso podemos verlo también en Daniel Radcliffe en “Harry Potter y el prisionero de Azkaban”.

En definitiva, solo queda rendirse ante el virtuosismo de este director que no solo logra asombrarnos durante el metraje con todo tipo de planos secuencias o travellings capaces de abarcar cualquier cosa, sino que también nos hace creer, al principio de la cinta, que el mar y su sonido pueden ocultarse en el agua utilizada para limpiar el suelo de la casa.

 

 

Eduardo Parraga
Acerca del Autor
Cine, series, literatura, escritura, psicología y otras pasiones por descubrir