San José y la Virgen

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¿Tienen los pueblos los políticos que merecen? Ni los colombianos, ni los españoles deseamos el “belén” que el presidente colombiano Juan Manuel Santos ha decidido organizar.

Conseguida de España la supresión de obstáculos migratorios a la par que ventajosas ayudas económicas a fondo perdido en virtud del Fondo para la Cooperación y el Desarrollo, Santos inicia un pulso con el asunto del San José.

La recuperación de los restos del galeón español San José, hundido por los ingleses frente a las costas de Cartagena de Indias, es algo que los dirigentes colombianos han venido preparando desde los ochenta. Ya entonces el gobierno de Belisario Betancur no suscribió la Convención sobre el Patrimonio Subacuático de 1985. En 2013 Santos y su gabinete aprobaron la Ley de Patrimonio sumergido. La combinación de ambas hace que Colombia pretenda quedarse todo lo que extraiga del San José pudiendo compartir hasta el cincuenta por ciento con la empresa encargada de los trabajos.

El galeón San José fue hundido en un intento inglés de capturar lo que transportaba: el equivalente a entre dos a cinco mil millones de dólares actuales en monedas de la época, los bienes y patrimonio de los 300 colonos que regresaban a España, la mayoría de ellos procedentes del Virreinato del Perú y finalmente las llamadas “mandas” (remesas de dinero que los españoles que se quedaban en las Américas enviaban a sus familias en España).

Más de un colombiano guiado por la información parcial que se le ofrece intenta justificar estas pretensiones inquiriendo qué harían otros si un ladrón hubiese entrado en su casa, y después de robarles, perdiese en la huida un saco, encontrado por los descendientes de los dueños de la casa trescientos años después y reclamado por los herederos del ladrón.

Santos obvia explicar a sus gobernados cómo se comportaban los conquistadores (Inglaterra, Portugal, Bélgica, Francia, etc.) en aquella época con sus colonias. Ponerlo en perspectiva histórica y legislativa sorprendería tanto como el hecho de saber que gran parte de la fortuna que transportaba el San José no pertenecía al Reino de la Nueva Granada (núcleo de la actual Colombia que entonces no existía) sino a una buena parte de otras colonias de América que, canalizaron en el viaje del galeón español sus ingresos de seis años. Los mismos que las colonias suspendieron sus envíos a España ante los saqueos de los barcos ingleses.

Es frecuente en los gobernantes latinoamericanos traten de distraer la atención y evitar que sus pueblos les pidan cuentas enarbolando la bandera de los nacionalismos. Más acorde con el interés de los pueblos sería copiar el ejemplo norteamericano: después de la guerra de independencia contra la Corona británica, lejos de reprocharla coopera política y económicamente con ella.

No sólo Estados Unidos, ninguna de las otras antiguas colonias de Gran Bretaña, Bélgica, Portugal, Francia, Holanda, etc. combaten a las que fueron sus metrópolis. Todo ello pese a que cualquiera de éstas, asesinaron y saquearon brutalmente a sus metrópolis y a diferencia de España carecieron de las leyes avanzadísimas para la época que España creó y aprobó para sus colonias y que propugnaron entre otros el marco jurídico para favorecer los matrimonios mixtos, la integración de la población en el marco de la igualdad de derechos.

Para saber algo de ésto nada mejor como consultar el Archivo de Indias de Sevilla donde todo está registrado. Los investigadores del gobierno colombiano sí acudieron a este archivo pero solamente para copiar el cuaderno de Bitácora del San José y averiguar las coordenadas exactas donde fue hundido.

El gobierno colombiano se considera legítimo dueño de lo que se rescate en el San José; seguramente las 600 personas que perdieron sus vidas en él reivindicarían ese derecho para sus herederos. Al igual que en el caso de la fragata Nuestra Señora de las Mercedes, hundida por los ingleses será necesario acudir a los tribunales internacionales. El Tribunal Supremo de los Estados Unidos entendíó del tesoro de la fragata española y sentenció la devolución al gobierno español en virtud de la inmunidad soberana.

Los barcos de guerra gozan extraterritorialidad lo que les convierte en un pequeño espacio de territorio de su estado de origen, cualquiera que sea el lugar donde se encuentren. Por tanto, ningún estado puede tomar una decisión unilateral sobre lo que afecte a un buque sin la conformidad del estado de bandera.

Espero se imponga la sensatez de los pueblos, en este caso colombiano y español, y que aboguen porque sus gobiernos desarrollen políticas que conduzcan a un mercado común preferente entre Latinoamérica y España, algo poco apetecible para terceros ajenos a nuestra relación histórica.
Eso respondería al espíritu acorde con el siglo XXI y especialmente con estas fechas. Dejemos a San José y a la Virgen tranquilos en el pesebre junto a su Hijo y celebremos la Navidad –o como cada uno quiera llamarlo– en paz.