Ser buenos –también en tiempos de COVID– no es difícil

Tus donativos ayudan a muchas personas de Tacaná y aquí explicamos cómo

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Queridos Amigos,

Como todo saben, estamos atravesando un período muy complejo a causa de la pandemia del coronavirus, en estos meses, cada uno de nosotros ha debido cambiar la cotidianeidad para evitar el ascenso del número de contagios y, al mismo tiempo, hemos aprendido a realizar las cosas acompañados de otro tipo de miedo, quizás el más grande de todos. Es decir, el distanciamiento de la gente, de las personas que amamos. Esta distancia se está convirtiendo cada vez más grande y el aislamiento comienza a desorientarnos. La soledad nos hace sentir cada vez más vacíos, más frágiles, más inseguros y se corre el riesgo de no ver más allá de nosotros mismos, concentrándonos solamente en evitar el contagio. El miedo nos bloquea y nos impide realizar cualquier acción, sobretodo aquellas acciones que sirven a dar consuelo al prójimo, a los necesitados, a aquellos que no solo viven en soledad sino que también en la miseria total.

Una vez más, desde esta tierra de misión, apelo a vuestro buen corazón para clamar ayuda, de manera que pueda intervenir para luchar contra la pobreza que afecta a familias enteras que no tienen nada que comer, un trabajo, una casa o medicinas. No puedo dejar que pase este tiempo oscuro sin dar una mano a quien sufre y es por esto que les pido hacer pequeños sacrificios para poder hacer grandes cosas. Con una pequeña donación a la asociación Hermana Tierra garantizarán un tiempo de comida a un niño, una medicina a un anciano o unos cuantos víveres para una familia. Son las pequeñas cosas y los gestos simples los que logran difundir la paz y permiten arrancar una sonrisa a un pobre.

Ser personas buenas no es difícil, basta con ser hombres de fe, testimoniar con la vida que, incluso en los períodos oscuros, Jesús es la luz que enciende los corazones, que los hace palpitar y operar en la realización del bien. No perdamos la esperanza, no nos acobardemos, no caigamos en la depresión y sobre todo no cerremos nuestro corazón a los demás. Aún en la distancia continuemos amando, continuemos a tener nuestra mano siempre tendida, porque quién se está ahogando tiene necesidad de un apoyo para no morir. Nosotros debemos ser ese apoyo y Jesús la fuerza que nos ayude a rescatar a quienes tienen necesidad para que no se ahoguen. Les agradezco por su ayuda y el sacrificio que realizarán. Mujeres, hombres, niños y viejos que no tienen un rostro rezarán por ustedes.

Ánimo, con Dios al lado, todos superaremos esta pandemia.
Están todos incluidos en mis oraciones, que Dios los bendiga.

Padre Angel Esposito