“Servant” (o los rincones ocultos del trauma)

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Eduardo Párraga

Poco a poco, Apple TV+ se posiciona como importante competidora frente al resto de plataformas de Streaming con series tan interesantes como bien asentadas.
Entre su amplio catálogo, basta citar “The Morning Show”, “For all mankind”, “The Mosquito Coast” o los próximos estrenos de “Physical”, “Lisey’s story”o “Foundation” (esta última con el hype por las nubes), para darnos cuenta de la cantidad de creadores y actores de renombre involucrados en cada proyecto.

“Servant”, la serie que nos ocupa, no baja el listón y viene firmada por el, en ocasiones, irregular y desconcertante M. Night Shyamalan, director que suele ofrecer planteamientos muy interesantes que no siempre acaban de forma afinada. Aquí, por suerte, acierta y asume el rol de productor ejecutivo y director de varios episodios. Incluso su hija Ishana Shyamalan dirige y escribe algún capítulo de la segunda temporada de la serie. En esta ocasión, el cineasta una vez más, recurre a explorar uno de los temas recurrentes en su filmografía: la fe.

Es difícil hablar de “Servant” sin desvelar partes esenciales del argumento y no seré yo quien les prive del placer de sorprenderse con una de las premisas más ingeniosas, arriesgadas y diferentes que ha dado la televisión últimamente.

La serie transcurre de forma elegante y pausada, sin aburrir; dosifica su misterio de forma hábil hasta el punto de desconcertar al espectador quien nunca sabe muy bien lo que está ocurriendo. Los creadores salen airosos del reto de establecer la trama y la acción tan solo dentro del hogar de los Turner, la pareja protagonista. Un recurso que, en este caso, funciona a la perfección pues ayuda a desarrollar un formato muy atractivo y unas sensaciones muy interesantes, además logra que no haya momento para el aburrimiento, la monotonía o la repetición dentro de la casa.

Destaca también el tipo de suspense que caracteriza a “Servant”, presente de forma constante. El miedo y la tensión son palpables, pero no hay sustos fáciles. Incluso se permite insertar un inteligente y fino sentido del humor, más evidente este en la segunda temporada, ideal para aliviar la intensidad y para acompañar los difíciles aspectos del argumento. Muy meritorio todo, sin duda, especialmente porque funciona.

Añadan las buenas interpretaciones del cuarteto protagonista, una dirección plagada de planos desconcertantes e inquietantes donde el simple contexto físico y doméstico parece llegar a atemorizar (sello característico de Shyamalan), una peculiar forma de describir los daños emocionales y quizá su mayor logro: presentar la trama de un modo muy real para conseguir que el espectador entre en el juego y crea esta historia extraña. Todo ello con una duración que se sale de lo habitual: treinta minutos que pasan volando.

Son muchas las sorpresas que depara “Servant”, no todas inmediatas, pero si se adaptan a su particular recorrido sobre el trauma y la negación en el ser humano, este misterio a resolver cocinado a fuego lento les parecerá adictivo.