Soñar en grande

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“Ganarás el pan con el sudor de tu frente” dice la Biblia. Lo que parece que no se preveía en los tiempos en que las Sagradas Escrituras se escribieron es que habría un país (éste), una comunidad (la hispana) y un tiempo (ahora)  en que la tasa de desempleo para los hispanos jóvenes con educación universitaria sería del 11% (casi dos veces la tasa de los estadounidenses blancos) y del 36% entre los jóvenes hispanos que tengan sólo el diploma de preparatoria.

Así que, ¿qué hacer si no hay medios para ganarse ese pan y cumplir como se viene haciendo desde la eternidad con aquel mandato divino?

La respuesta es, que si no hay trabajo, hay que buscarlo y si no se encuentra, hay que crearlo sin esperar a que otros lo hagan por nosotros. Ahora, situémonos en el otro lado, el de los que tienen la dicha de ser parte de la población activa: Los que nos siguen, o sea los “millennials”, quienes formarán el 75% de la fuerza de trabajo en 2025 dicen que “se lo toman” de una forma más tranquila y el 95% de ellos opina –según una encuesta de Oakwood Worldwide– que es importante un equilibrio entre vida y trabajo; algo que valoran más que la recompensa financiera. Sin embargo el 90% de ellos revisa regularmente sus correos electrónicos después del trabajo. Algo impensable hace quince años. Siguiendo la máxima bíblica, quienes antepusieron el trabajo a la familia, en un intento de procurarle a ésta un mayor bienestar económico, deberían ser los más bendecidos.

Entonces ¿por qué nuestros hijos nos dan sorpresas –y sustos– trayendo malas calificaciones por pasar más horas jugando ante la computadora que estudiando?¿Por qué nuestra hija adolescente que apenas ha dejado de jugar con muñecas, se convierte en niña-madre? ¿Por qué nuestras familias en los países de origen cada vez nos cuentan más tristezas que nos llevan a enviar un poco más de dinero cada semana para paliar su pena, aún a costa de vivir nosotros miserablemente?¿Por qué parece que estamos malditos y esa maldición se extiende a los nuestros cuando debería ser al contrario?

Quizás –aunque ni ellos mismos lo crean así–, necesitan más de nuestra presencia que de nuestro dinero. El prof. Stewart D. Freeman, afirma que si se tiene claro qué tipo de vida desea vivir, se seguirá un camino más recto para llegar a ella; si se sabe lo que de verdad le importa a uno, se desarrollará mayor energía y creatividad para conseguirlo. En definitiva, si somos jefes de nuestra vida rendiremos más en nuestro trabajo. La solución no es quitarle horas a la familia y a uno mismo para trabajar, sino al contrario, dedicárselas y estar más satisfecho con su vida, lo cual redundará en una mayor calidad de su trabajo, empleando un tiempo menor.

Trabajar para vivir y no, vivir para trabajar. Hablo de cualquier trabajo digno y hablo de ocio, de cualquier tipo de ocio que sea  igualmente digno. Porque en ese equilibrio entre trabajo y ocio radica la felicidad. Pero ambos (ocio y trabajo), deben respetar los valores de uno mismo y de los semejantes. Hoy en día, se admira más a un futbolista, que a un premio nóbel.

Si “papá-estado” nos “da” todo, también se atribuirá el derecho de “dirigirnos” en todo. Aunque el estado no genere recursos y debiera limitarse a gestionar lo que hay, la mayoría de estos gestores se extralimitan en sus funciones y se convierten en ideólogos y ejecutores (algo bastante peligroso, por cierto).

Tampoco hablo de que haya que olvidarse de nuestras familias –y de nosotros mismos– por darles y concedernos mayor cantidad de comodidades, negándonos la principal: estar con los nuestros, compartiendo y haciendo lo que realmente nos llena.

En último extremo cada uno de nosotros mandamos en nuestras propias vidas y decidimos hasta dónde estamos dispuestos a llegar. No merece la pena seguir a alguien a quien ni nosotros, ni nuestras familias, ni nuestras vidas le interesan. Tampoco a aquél que sólo nos necesita para contarnos como un número más que ratifique su liderazgo. Sea valiente. Sea su propio jefe, y no me refiero a que sea jefe de su trabajo, me refiero a que sea jefe de su propia vida. No deje que otro, venga a manipularle, chantajearle, amenazarle o engañarle. Simplemente, dígale NO. La educación es una buena forma de hacerlo. De los 55 millones de latinos en Estados Unidos, la tercera parte es menor de 18 años. Más del 46% de los estudiantes en colegios comunitarios son latinos, ése es un buen comienzo para decir no a la pobreza, a las drogas, a las ganancias “fáciles y rápidas” y a todos aquéllos que desearían que los hispanos estén en esas situaciones. Lamentablemente no son sólo norteamericanos, también hay latinos que desean eso mismo para su comunidad y les incitan a seguir caminos cuya parada final es la cárcel o el cementerio. Es preferible seguir el camino menos grato a corto plazo de la educación, pero que a la larga concluye en la universidad y en mejores trabajos con salarios más altos. Sueñe en grande y trabaje por su sueño. Sea jefe de su destino desde ahora mismo. ¡Felicidades graduados y sus familias! Vosotros sois parte de ese sueño.