Tengo dieciséis años II

Tengo dieciséis años y tengo que madurar por narices

En solo 30 minutos la puerta de mi habitación se ha abierto y cerrado un millón de veces, obviamente siempre de manera poco delicada, estoy despierta por el jetlag y por el monstruo de pedazo de aparto de aire acondicionado aparcado en el jardín de la casa a 2 centímetros de mi habitación que no ha dejado de ronronear en toda la noche. Mi habitación ha resultado ser el cuarto de la chica de servicio al cual se accede por la cocina. Me han adjudicado el rol de la interina.

En el colegio y vestida con el uniforme soy como las demás estudiantes. Me han asignado una estudiante de origen mejicano, Allison que me explicará como funciona todo y con la cual voy junta a algunas clases. No me entero de mucho con el inglés pero, pasados 3 días el oído se empieza a acostumbrar, me siento más segura y por este motivo pido una cita con el representante de la agencia de intercambio para cambiar de familia. Explico los problemas que tengo seriamente, me ayuda mucho mi ángel de la guarda Allison, los americanos son geniales a la hora de exponer argumentos y bastante orientados al altruismo.

He encontrado una nueva familia en 48 horas. Una señora soltera de 54 años con 3 perros: Shari. Me presento con la sonrisa en la cara porque quiero, de verdad, que funcione todo, soy modesta y en una hora, con mucha calma y educación (en el colegio he aprendido muy bien esta semana a usar la forma “podría”) mi armario (ex horror vacui) está vacío y limpio. Aprovecho que Shari está pasando la aspiradora en el salón para pasarla yo también sobre mi alfombra que doblo y pido a Shari, siempre por favor y con mucha educación, guardarla en el garaje. La puerta de la habitación siempre cerrada para que no entren los perros, orden, silencio. Estoy contenta de mi trabajo. Hablo con mis padres por la noche, se sorprenden del cambio de casa pero lo que menos les cuadra es lo de la limpieza, ¡que exagerados! Aunque en casa no he limpiado en mi vida nada no hay que ser una lumbrera para saber cómo se enciende una aspiradora o para ordenar un armario.

En el colegio me quedo a estudiar siempre en la biblioteca después de las clases para hacer deberes y para preparar las asignaturas extras de las que me tengo que examinar para graduarme. Tengo que hacer también horas sociales y practicar un deporte. He hecho las pruebas para entrar en el equipo de atletismo, se me han dado bien y he descubierto que me defiendo bastante bien en salto de longitud.

Desde hace meses que mi look es el uniforme de la escuela. Mi maleta está llena de zapatos con taconazo que no me he puesto nunca. Los fines de semana cuando salgo con mis compañeras de clase me visto cómoda y sin complicaciones, mis amigas me quieren por lo que soy, tacón o no tacón. Soy responsable, estudiosa, me gusta trabajar en grupo y desde hace tiempo que no me hago una opinión basándome en el físico o en como viste una persona; si así fuera habría condenado a muerte al 99% de mis nuevos amigos.

Tengo interés en lo que estudio, me ha contagiado el entusiasmo de mis compañeros. Además mi tiempo es como si fuera el doble porque no pierdo tiempo en preparar mis outfit para impresionar a nadie. A mitad del curso he entrado a formar parte de la redacción del periódico del colegio porque mi profesor de arte se ha dado cuenta que poseo un talento (que yo no conocía) me ocupo de maquetación y de gráfica, he escrito y publicado un artículo sobre la familia italiana que he mandado a mis padres, mi madre me llamó llorando diciendo que me estaba volviendo más humana. Me lo tomé como un piropo aunque la frase ha estado rondando por mi cabeza un poco de tiempo.

He aprendido a estudiar con gusto y a participar con mis compañeros en muchos trabajos de grupo donde teníamos que resolver problemas puntuales. Los americanos son geniales con el problem solving, se toman todo muy en serio y no se rinden nunca.

TO BE CONTINUE…

 

 

 

 

 

Irene Calvo
Acerca del Autor
Roma, I love you: Moda y otras historias...

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