“The National”

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Mi amigo Manu, que entiende mucho de música, me invitó la semana pasada al concierto de “The National”.

“Es el mejor grupo musical del momento” me dijo.

Como mi momento musical se paró con Juan Luis Guerra hace años me pareció interesante aceptar su invitación para ponerme al día de música. Acepté, una vez que firmamos un contrato donde me aseguraba al cien por cien que iba a estar sentada: era entre semana, un jueves y a las 8 de la noche, así que no me iba a dar tiempo de pasar por casa a bajarme del tacón y, no teniendo sitio en el bolso para la chancla de emergencia, necesitaba sí o sí un sitio para sentarme.

Manu con un “sus deseos son órdenes” se encargó de reservar sendos asientos en una fila privilegiada. El sitio era estupendo, sentaditos esperando a que empezara el concierto, panorámica del escenario espectacular y una nochecita veraniega de lo más agradable.

La sorpresa, desagradable, fue que cuando salió al escenario el cantante de “The National”, bastante buenorro dígase de paso, la gente que estaba cómodamente sentada en la platea se levantó para acercarse al escenario tapándonos completamente la visual del escenario.

Mi primer plan fue ir a quejarme a los organizadores del concierto que, obviamente, pasaron de mí bastante y me dijeron que ocurría siempre lo mismo a lo que contesté:

“¿Buscar una solución?” Cero patatero como respuesta.

Volviendo a mi sitio eché un ojo más de cerca al macizo del cantante que viéndome me guiño un ojo, ah…

De vuelta a mi asiento, de acuerdo con Manu, optamos por el plan B, es decir, subir unas cuantas filas, sentarnos y ver el escenario un poco más de lejos. Veo a mi nuevo amor más lejano (en todos los sentidos) pero estamos sentados y podemos ver y escuchar el concierto, no pasan ni 5 minutos que “Goliat” y su amigo se ponen de pie dos filas delante de nosotros para ver mejor, tapándonos completamente la visual. ¡Vuelta a empezar!

“Perdone, ¿le molestaría bajarse del asiento que no vemos, por favor?” Le pido con mi voz más dulce.

Goliat me mira con cara de asco y ni se inmuta, Manu cuando ve que no se baja del asiento le grita:

“¡Bájate ahora mismo barrigón!”

A lo que yo pienso, y colorín colorado el concierto se ha acabado, o ¿empieza?

El barrigón se acerca a nosotros, Manu muy tranquilo, yo nerviosilla.

“¿Qué me has llamado?” Le pregunta el barrigón.

“No vemos y te he pedido por favor que te bajaras” hablo yo muy mona y educada.

“Tú calla” Me dice el barrigón.

“Bueno, chico, un poco de barriga la tenemos todos, yo también” dice Manu intentando calmar un poco las aguas.

El barrigón lanza un puño a lo Mazinger Zeta que Manu esquiva y que acaba aterrizando en mi espléndida nariz con tal fuerza que mi cuerpo se precipita al suelo cayendo en el poco espacio que hay entre las dos filas. Gracias a Dios tengo pantalones y así me ahorro el espectáculo de enseñar las bragas, visto que estoy completamente espatarrada en el suelo. Veo solo sangre, mi camisa blanca acabará seguramente en la basura.

A partir de ahí el caos total, el infierno, siento que mi corazón late con fuerza en mi nariz y me preocupa la cantidad de sangre que veo en mis manos y en mi ropa. El concierto se interrumpe momentáneamente, estoy plenamente consciente, ¿por qué no me habré desmayado para pasar este mal trago en los brazos de Morfeo? O en los del cantante…

Llega mi ambulancia, la policía y acabo sola como un perro abandonado en urgencias agarrada a mi bolso, Manu en chirona y yo con la batita verde del hospital, los ojos como Kun Fu Panda y dos tampax en sendos orificios nasales que afortunadamente han cortado la hemorragia, tengo restos de sangre seca por todo mi cuerpo serrano.

Me llega un mensaje de Manu diciendo que está viniendo a buscarme y que todo se ha solucionado con un apretón de manos, “Sí, claro” respondo yo “y con mi cara hecha un Cristo”. Acabo de mandar el mensaje cuando oigo la puerta que se abre imagino que es

alguien del hospital para decirme que me vaya, cuando veo aparecer al cantante de “The National” ¡¡¡en persona!!!

Escena:

ÉL: con una camisa blanca remangada hasta los codos, pelo mojado hacia atrás, con el guapo subido, dos botones desabrochados, vaqueros con cinturón de cuero negro, vaya tío.

YO: con la batita verde roñosa del hospital, el pelo recogido con el gorrillo de ducha, la cara inflada como un pez balón y restos de sangre seca repartidos por todo mi cuerpo, aderezados con manchas de betadine, Miss Reina del Glamour.

Con un movimiento rápido digno de Usain Bolt me quito el gorrillo, se ríe, yo en cambio tengo ganas de llorar, “¡¡¡me cago en la leche del barrigón!!!”

Se presenta, yo rujo una especie de saludo, dice que siente mucho el accidente y que antes de marcharse de Roma (se va esta noche el condenado) quería estar seguro que no hubiera ocurrido nada grave. Yo ya me imaginaba una noche romántica bajo la luz de las velas con un buen vino contándonos nuestras vidas…

Me escribe su mail y su móvil, con un rotulador negro que encuentra encima de la mesilla, en la bata verde del hospital a la altura del escote “ejem” tetas, sonríe. Yo ni corta ni perezosa cuando acaba le escribo, quitándoselo de las manos, mi móvil en la pernera del pantalón. Se ríe con ganas, tiene una risa estupenda. “¿Solo eso?” pienso.

Llega Manu justo cuando acabo la operación writing, se marcha besándome en los labios, yo hubiera querido más.

Volviendo a casa con Manu decidimos la mejor estrategia para contactar a mi cantante, Manu dice que hay que esperar, yo le llamaría en seguida y me iría a vivir con él mañana mismo. Bueno, mejor esperar a que me baje este infle de narices. Tengo los ojos como un mongol y un dolor de cabeza que se comienza a expandir por todo mi cuerpo, el cansancio, el horario: son las 4 de la mañana, el tacón y el hambre se apoderan de mí, llego a casa, me abandono al sueño con la batita de hospital, su número y su mail y la sangre seca. No pongo despertador. Me desconecto.

Abro el primer ojo a las 11 de la mañana, seguro que me han drogado, el dolor es ligeramente menor, la cara un mix entre Rosi de Palma y un cuadro de Picasso. Enciendo el móvil, correo en el buzón, no me suena la dirección de quien me lo manda, abro el adjunto: 1 billete para un concierto en Londres la semana que viene, me quiere sola…