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“Todo sobre la marcha”

Este año he vuelto al trabajo, después de las vacaciones, literalmente arrastrándome. La frase típica de mi madre “todo sobre la marcha” que quiere decir, que ya nos organizaremos en el momento, ha sido y es siempre un desastre para mi mente y para mi cuerpo organizado siempre al cien por cien que me permite sobrevivir en este mundo.

Mi habitación fue invadida por mi hija y dos amigas, “el todo sobre la marcha” de mi madre preveía que yo durmiera con mi hijo, gracias al cielo en camas separadas, ya no tengo edad para dormir con un oso peloso de veinte años.

Mi armario, con mis cosas perfectamente ordenadas, en la habitación de las niñas y yo exiliada con lo puesto. Ya sabemos que los adolescentes duermen hasta la una de la tarde así que yo que tengo el sueño ligero más mis padres en casa que se mueven como rinocerontes a las ocho de la mañana no podía hacer otra cosa que levantarme. Mi sueño orgásmico es desayunar en la cama mientras leo ¡SOLA! Pero, con mi hijo peloso durmiendo en la habitación no podía encender la luz así que diez días de paraíso perdido.

Para rizar el rizo a los tres días de llegar el “oso con pelos” tenía una tos de hombre cavernícola y después de tres días de no pegar ni ojo le llevé de la oreja al médico porque los hombres de las cavernas no van al médico y se curan solos… Conclusión: ocho días con antibiótico por una otitis que le estaba casi perforando el tímpano…

Con estos diez días de vacaciones “sobre la marcha” me he dado cuenta que mi felicidad es igualmente proporcionada cuando veo a mis hijos después de tiempo y cuando se marchan. Y llegué a esta conclusión cuando el taxista que nos acompañaba al aeropuerto me preguntó

“¿A qué hora tienen el vuelo?- el taxista

“A las 15.40” – yo

“¡Pero faltan tres horas!” – el taxista

“Si no se calla se queda usted con ellos a esperar” – yo

Nota de la autora que no dormía desde hacía 10 días: los niños se iban pero yo me quedaba otros diez días para seguir con mis vacaciones y además había quedado para tomarme un vino tranquila con unos amigos.

El primer vino me relajó y el segundo más, la comida fue tranquila y la siesta me dejó como nueva, la pena es que me desperté de la misma tosiendo y… vuelta a empezar. No pegué ni ojo por la tos que seguramente el “oso peloso” de mi hijo me había pegado así que de vuelta al médico y otra semanita con tanta tos que se me salían los ojos de las órbitas.

La moraleja que he sacado de estas vacaciones es que no quiero amigos varios mientras esté con mis hijos de vacaciones, que cada familia cargue con lo suyo. También hay que revisar el concepto de “todo sobre la marcha” sin herir los sentimientos de nadie pero dando entender que las vacaciones son para descansar.

He vuelto muerta, molida, matada. Ahora me toca trabajar pero también cuidarme y relajarme. De momento, y visto que no ha acabado el mes de agosto, voy a intentar alargar lo más posible lo que queda de buen tiempo y ¡disfrutar!

P.D.: Ayer me tomé el desayuno en la cama con la novela y la brisita que me llegaba con la ventana abierta. ¡Mi paraíso!