UN AÑO SIN COVID 2

LA POLÍTICA EN EEUU

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Irene Calvo

Y ¿qué es lo mejor que se puede hacer cuando uno se quiere integrar de verdad en un país nuevo?

  1. Echarse un novio
  2. Escuchar y aprender

Me toca elegir punto number two, así que me meto de lleno en la piel de los norteamericanos y casi, casi, me mimetizo con ellos. En mi host family y, gracias al periodo de elecciones, me pongo al día sobre demócratas y republicanos. Lo único de que aquí se habla es, sobre todo, de demócratas porque:

  1. Lo son, y
  2. porque estoy viviendo en primera persona la elección del candidato demócrata.

Veo los debates entre los candidatos demócratas ávidos por conquistar “EL sitio en el Olimpo”, pero… ninguno convence al cien por cien.

Tuve muchas dudas a la hora de elegir a “mi candidato” demócrata. Los debates son como una tarde viendo cualquier programa de cotilleo de la 5, con menos griterío y, en vez de lidiar con personajes de la farándula verdulera, los candidatos lidian consigo mismos. Los políticos que no se descomponen, tocan todos los lugares comunes posibles e inimaginables, son súper, híper, mega políticamente correctos (valga la redundancia) y lo llevan todo preparado al dedillo, también imagino que hagan uso de ansiolíticos y que se preparen mucho delante del espejo.

Día tras día, con el paso del tiempo, los candidatos van cayendo y pasan a apoyar a su candidato enemigo con el fin de asegurarse un silloncito de ministrillo o “Secretario” si eventualmente ganaran las elecciones, lo típico: ¡de perdidos… al rio! Nada que llame la atención en nuestro mundo global. El mismo pan nuestro de cada día, el mismo pan que comemos todos.

Así que los debates para elegir el candidato demócrata me parecieron bastante estándar, sin sorpresa final. Me chocó la edad media de los candidatos finalistas, imagino que a medio metro del plato tendrían preparadas un par de camas UCI para cualquier eventualidad.

Lo que me superó definitivamente fue el universo Caucus. Ahí sí que hice aguas por todos los sitios y no pude con ello, y eso que mi host father se propuso como objetivo que lo entendiera diciendo que no era tan rebuscado.

Primero, definamos que es rebuscado.

Caucus para arriba y para abajo como Speedy González dispuestos a cambiar de chaqueta o, mejor dicho, de sitio, literalmente hablando, dejándose convencer para cambiar de candidato. Para mí sigue siendo un misterio, como lo son también las reglas del fútbol americano. Pitan continuamente, se mueven escasos centímetros y chutan de Pascuas a Ramos. Lo mejor de toda la Súper Bowl es que se cena, delante de la televisión, pizza y demás guarradas, hay unos anuncios buenísimos y súper creativos y, como bonus, ves cantar a Jennifer López y a Shakira Shakira (no he repetido el nombre es que estoy cantando mentalmente la canción que canta con Bad Bunnny creo…), esto sí que es divertido y muy americano, así que Caucus cero, Súper Bolw 1.

Bueno, pero lo que no es divertido, pero sí sorprendente es el discurso del presidente en el Capitolio. Es como el discurso sobre el estado de la nación, pero versión Cirque du Soleil o ver escenificada Rebelión en la Granja, un espectáculo digno de mención. Hay de todo, especialmente aplausos y venga aplausos, un homenaje a mí mismo porque me quiero y me queréis, aunque no lo sepáis. Lloras de emoción, de sorpresa y casi hasta de vergüenza, bueno, se veía gratis desde el salón de casa, así que te podías levantar cuando quisieras y no como los pobres asistentes que se tuvieron que chupar todo el sermón.

Después del discurso del presidente, ocurrió lo que tenía que ocurrir: que me topé con los Republicanos, una raza totalmente desconocida porque me había educado siempre en mi periodo de full inmersión americana (dos meses) con demócratas.

En una cena pregunté:

“¿Vistéis el discurso sobre el estado de la nación del presidente?”

Respuestas:

“Sííí, estuvo genial ¿verdad?

O

“Estupenda la idea de invitar a Guaidó ¿no crees?”

Así que me pareció entretenido escuchar y descubrir que tenemos todos ideas diferentes, que lo que oímos lo interpretamos como nos da la gana y que nunca nos vamos a poner de acuerdo sobre nada. Todo esto me parece estupendo, solo hay que respetar, razonar y escuchar. ¿Estamos preparados y convencidos para hacerlo?

Yo digo que sí.