UN AÑO SIN COVID 4

VIAJAR 1

0
76
Irene Calvo

Yo no puedo decir, en absoluto, que en 2020 no he viajado o he viajado poco, puedo afirmar que en 2020 he viajado y he viajado mucho. La sombra del Covid se extendía de Asia hacia Europa, pero nunca pensé que llegaría a Estados Unidos, así que me lie la manta a la cabeza y visité a parientes y amigos de la costa este. No me quería estresar con vuelos, así que me agarré un tren que tardó 12 horas, incluidos los retrasos en llegar de Boston a Alexandria, donde pasé tres días con mis primos y mi tío.

Mi tío, el hermano mayor de mi padre, emigró a Estados Unidos cuando tenía diecisiete años y ahí se quedó, ha vuelto a España solo en 2 o 3 ocasiones. Tenemos más relación mi primo y yo porque él ha venido a vernos, yo he ido a verle y, además, somos casi de la misma edad. De cualquier manera, creo que seguimos en contacto porque, como dicen ellos: “Blood is thicker than water”.

La familia es siempre la familia y me acogieron como tal, estuvieron pendientes de mí todo el tiempo, se cogieron días de vacaciones para estar conmigo, así que aproveché para visitar de nuevo Washington, la National Gallery, Georgetown, con un solazo invernal espectacular, ganas de pasarlo bien y con energía positiva. Fue hermoso.

El sentido del humor de mi tío me hizo pensar en el carácter de mi familia paterna, donde esta característica brilla por su ausencia. Me llamó la atención la lucidez y las ganas de vivir que tiene el hermano mayor de mi padre, todo un ejemplo a sus ochenta y tantos años. Durante una de nuestras cenas, me comentó que había leído mis libros (mi madre se los había mandado por correo, ya que mi padre también es austero en eso de tener ideas y/o detalles) y me dijo que le habían gustado mucho “sobre todo las partes picantes”, su comentario me hizo soltar una carcajada bastante sonora que hizo volver la cabeza a más de la mitad de los comensales.

No pude echar mano de la cartera en los tres días que estuve con ellos, solo una comida y mediante una estrategia que funciona siempre bien: fui al baño para poder pagar de camino la cuenta.

Mi tour prosiguió por el estado de Delaware, mi primo me acompañó hasta Annapolis, donde me vinieron a recoger mis amigos Virginia y José Manuel.

¡¡¡Hola chicos!!!

Mis queridos cicerones y anfitriones me hicieron descubrir el estado de Delaware. Para llegar tuvimos que atravesar el Chesapeake bridge. ¡Impresionante! Tienes tantas ganas de entrar como de salir de ese mega puente de unos siete kilómetros de longitud; es una mezcla de amor y odio, miedo y aventura rodeados de un paisaje excepcional.

Delaware fue un auténtico descubrimiento, una costa espectacular, unas playas increíbles, el paisaje, el océano y unos parques dignos de mención. Restaurantes con encanto y originales, shopping top. Me encantó el orden de las calles, los casoplones y los no tanto casoplones, limpios, modernos, con jardines dignos de Gardens illustrated. Era febrero y, a pesar del frío, que al final no era para tanto, nada daba la sensación de triste o solitario. Si tengo que definir con una palabra el estado de Delaware, lo que se me viene a la cabeza es: BELLEZA.

¡Una sorpresa total! Y un paraíso en Estados Unidos.

Pero lo que más me emocionó, fue volver a ver a Virginia y conocer a José Manuel. Retomar una amistad notando que no había pasado el tiempo, pasar con ellos unos días estupendos. Me dedicaron todo su tiempo: cantidad y calidad.

¡Os quiero chicos!