¿Viajas por las Fiestas? Aquí un balance de riesgos, beneficios y prevención de COVID

Going Home for the Holidays? For Many Americans, That’s a Risky Decision By Victoria Knight December 11, 2020

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Por Victoria Knight

Kaiser Health News

(English version at the bottom).

Vivek Kaliraman, que vive en Los Angeles, ha celebrado todas las navidades desde 2002 con su mejor amigo, que vive en Houston. Pero, este año, por el riesgo de COVID, en lugar de ir en avión, manejó y piensa quedarse varias semanas.

El viaje, que le llevaría 24 horas, era demasiado largo para hacerlo en un día, así que Kaliraman llamó a siete hoteles en Las Cruces, Nuevo México —que está a medio camino— para preguntar cuántas habitaciones ofrecían y cuáles eran sus protocolos de limpieza y entrega de alimentos.

“Llamaba por la noche y hablaba con una persona de la recepción y luego volvía a llamar durante el día”, dijo Kaliraman, de 51 años, que es empresario en el sector de la salud digital. “Quería estar seguro de que las dos personas me dieran la misma respuesta”.

Cuando llegó al hotel elegido, pidió una habitación que hubiera estado desocupada la noche anterior. Y aunque esa noche hacía frío, dejó la ventana abierta.

 

Precauciones por estadísticas aterradoras

Muchos estadounidenses, como Kaliraman, que finalmente llegó a Houston, todavía piensan viajar en diciembre, a pesar de que las cifras de coronavirus en el país empeoran día a día.

La primera semana de diciembre, los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) informaron que la tasa de hospitalización semanal por COVID estaba en su punto más alto desde el comienzo de la pandemia.

Más de 283,000 estadounidenses han muerto a causa de COVID-19. Los funcionarios de salud pública se preparan para un aumento de casos como resultado de los millones de personas que, desoyendo el consejo de los CDC, viajaron para celebrar el Día de Acción de Gracias, incluyendo los 9 millones que pasaron por los aeropuertos del 20 al 29 de noviembre.

Los hospitales están colmados. Por eso, de nuevo, expertos en salud recomiendan a los estadounidenses que se queden en casa durante las fiestas.

Para muchos, sin embargo, los viajes se reducen a una cuestión de riesgo-beneficio.

Según David Ropeik, autor del libro “How Risky Is It, Really?” y experto en psicología de la percepción de riesgos, es importante recordar que lo que está en juego en este tipo de situaciones no puede ser cuantificado con exactitud.

Nuestro cerebro percibe el riesgo al observar primero la amenaza —en este caso, contraer o transmitir COVID-19— y luego el contexto de nuestra propia vida, que a menudo involucra emociones, explicó.

Si conoces personalmente a alguien que murió por COVID-19, eso es un contexto emocional agregado. Si quieres asistir a una boda, es escenario.

“Piensa en ello como una balanza. A un lado están todos los datos sobre COVID-19, como el número de muertes”, dijo Ropeik. “Y del otro lado están todos los factores emocionales. Las vacaciones son un gran peso en el lado emocional”.

Las personas que entrevistamos para esta historia dijeron que entienden el riesgo que implica. Y sus razones para viajar difieren. Kaliraman comparó su viaje para ver a su amigo con un ritual importante: no se ha perdido esta visita en 19 años.

Lo que está claro es que muchos no se toman la decisión de viajar a la ligera.

Para Annette Olson, de 56 años, el riesgo de volar desde Washington, D.C., a Tyler, Texas, valía la pena porque necesitaba ayudar a cuidar de sus padres, ya muy mayores, durante las vacaciones.

“Desde mi punto de vista, yo represento un riesgo menor para ellos que el que supondría tener a una enfermera viniendo a la casa, que entra y sale, y va a otras casas”, comentó Olson. “En cuanto llego yo, estoy en cuarentena”.

Ahora que está con sus padres, lleva una máscara facial en las zonas comunes de la casa hasta que reciba los resultados de la prueba de COVID.

Otros piensan ponerse en cuarentena semanas antes de ver a sus familiares; aunque, como en el caso de Chelsea Toledo, la familia que va a visitar esté a sólo una hora en auto.

Toledo, de 35 años, vive en Clarkston, Georgia, y trabaja desde su casa. Sacó a su hija, de 6 años, de la escuela en persona después del Día de Acción de Gracias, con la esperanza de ver a su mamá y a su padrastro en Navidad.

Madre e hija harán cuarentena durante varias semanas y pedirá que les envíen las compras del mercado para no entrar en contacto con nadie antes del viaje. Toledo no sabe si seguirá con este plan. Todo puede cambiar basado en base a los casos de COVID en su área.

“Estamos tomando las cosas semana a semana, o realmente día a día”, contó Toledo. “No hay un plan para ver a mi madre; está la esperanza de verla”.

Para los jóvenes adultos que viven solos, ver a los padres en las fiestas es una recarga de energía en este año difícil. Rebecca, de 27 años, vive en Washington, D.C., y condujo con una amiga con la que vive, a Nueva York para ver a sus padres y a su abuelo en Hanukkah. (Rebecca le pidió a KHN que no publicara su apellido porque temía que la publicidad pudiera afectar negativamente su trabajo, que es en la salud pública).

“Estoy bien, pero creo que tener una ilusión ayuda. No quería cancelar mi viaje”, dijo Rebecca. “Soy la única hija y nieta que no tiene hijos. Puedo controlar, más que nadie, lo que hago y con quién entro en contacto”.

Ella, y las dos amigas con las que vive, estuvieron en cuarentena durante dos semanas antes del viaje y se hicieron la prueba de COVID-19 dos veces durante ese tiempo. Ahora que Rebecca está en Nueva York, se ha puesto en auto cuarentena durante 10 días y se hará la prueba de nuevo antes de ver a su familia.

“Creo que, con lo que he hecho, voy segura”, comentó Rebecca. “Aunque sé que lo más seguro es no verlos, así que me siento un poco nerviosa”.

Porque el mejor plan siempre puede fallar. Las pruebas pueden dar falsos negativos y los familiares pueden pasar por alto la posible exposición o no creer en la gravedad de la situación.

Para entender mejor las consecuencias potenciales del riesgo que se está corriendo, Ropeik aconseja tener pensamientos “personales y viscerales” sobre lo peor que podría pasar.

“Imagina que la abuela se enferma y muere” o “que la abuela está en la cama del hospital y no puedes visitarla”, dijo Ropeik. Eso equilibrará la atracción emocional positiva de las fiestas y te ayudará a tomar una decisión más fundamentada.

¿Reducción de daños?

Todos los entrevistados para esta historia reconocieron que muchas de las precauciones que están tomando son posibles sólo porque disfrutan de ciertos privilegios, incluyendo la posibilidad de trabajar desde casa, poder aislarse o hacer que les envíen los comestibles; opciones que pueden no estar al alcance de todos, incluyendo los trabajadores esenciales y aquellos con bajos ingresos.

Aun así, los estadounidenses viajarán durante las vacaciones de diciembre.

Y al igual que con la enseñanza de prácticas sexuales seguras en las escuelas, en lugar de un enfoque basado únicamente en la abstinencia, es importante dar estrategias de mitigación de riesgos para que “si se va a hacer, se piense en cómo hacerlo de forma segura”, recomendó el doctor Iahn Gonsenhauser, del Centro Médico Wexner de la Universidad Estatal de Ohio.

En primer lugar, Gonsenhauser aconseja observar los números de casos de COVID en tu área, considerar si viajas de una comunidad de alto riesgo a una de bajo riesgo y hablar con tus familiares sobre los riesgos. Además, comprueba si el estado al que viajas tiene requisitos de cuarentena o de pruebas que debes hacerte al llegar.

Y ponte en cuarentena antes del viaje, las recomendaciones van de siete a 14 días.

Otra cosa que hay que recordar, dijo Gonsenhauser, es que una prueba de COVID negativa antes de viajar no es una garantía, y sólo funciona si se hace en combinación con el período de cuarentena.

También se debe considerar el medio de transporte: conducir es más seguro que volar.

Por último, una vez que hayas llegado a tu destino, prepárate para lo que podría ser la parte más difícil: continuar el distanciamiento físico, usar máscara y lavarte las manos. “Es fácil bajar la guardia durante las vacaciones, pero hay que mantenerse alerta”, concluyó Gonsenhauser.

KHN (Kaiser Health News) es un servicio de noticias sin fines de lucro que cubre temas de salud. Es un programa editorialmente independiente de KFF (Kaiser Family Foundation) que no tiene relación con Kaiser Permanente.

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Vivek Kaliraman, who lives in Los Angeles, has celebrated every Christmas since 2002 with his best friend, who lives in Houston. But, this year, instead of boarding an airplane, which felt too risky during the COVID pandemic, he took a car and plans to stay with his friend for several weeks.

The trip — a 24-hour drive — was too much for one day, though, so Kaliraman called seven hotels in Las Cruces, New Mexico — which is about halfway — to ask how many rooms they were filling and what their cleaning and food-delivery protocols were.

“I would call at nighttime and talk to one front desk person and then call again at daytime,” said Kaliraman, 51, a digital health entrepreneur. “I would make sure the two different front desk people I talked to gave the same answer.”

Once he arrived at the hotel he’d chosen, he asked for a room that had been unoccupied the night before. And even though it got cold that night, he left the window open.

Scary Statistics Trigger Strict Precautions

Many Americans, like Kaliraman, who did ultimately make it to Houston, are still planning to travel for the December holidays, despite the nation’s worsening coronavirus numbers.

Last week, the Centers for Disease Control and Prevention reported that the weekly COVID hospitalization rate was at its highest point since the beginning of the pandemic. More than 283,000 Americans have died of COVID-19. Public health officials are bracing for an additional surge in cases resulting from the millions who, despite CDC advice, traveled home for Thanksgiving, including the 9 million who passed through airports Nov. 20-29. Hospital wards are quickly reaching capacity. In light of all this, health experts are again urging Americans to stay home for the holidays.

For many, though, travel comes down to a risk-benefit analysis.

According to David Ropeik, author of the book “How Risky Is It, Really?” and an expert in risk perception psychology, it’s important to remember that what’s at stake in this type of situation cannot be exactly quantified.

Our brains perceive risk by looking at the facts of the threat — in this case, contracting or transmitting COVID-19 — and then at the context of our own lives, which often involves emotions, he said. If you personally know someone who died of COVID-19, that’s an added emotional context. If you want to attend a wedding of loved family members, that’s another kind of context.

“Think about it like a seesaw. On one side are all the facts about COVID-19, like the number of deaths,” said Ropeik. “And then on the other side are all the emotional factors. Holidays are a huge weight on the emotional side of that seesaw.”

The people we interviewed for this story said they understand the risk involved. And their reasons for going home differed. Kaliraman likened his journey to see his friend as an important ritual — he hasn’t missed this visit in 19 years.

What’s clear is that many aren’t making the decision to travel lightly.

For Annette Olson, 56, the risk of flying from Washington, D.C., to Tyler, Texas, felt worth it because she needed to help take care of her elderly parents over the holidays.

“In my calculations, I would be less of a risk to them than for them to get a rotating nurse that comes to the house, who has probably worked somewhere else as well and is repeatedly coming and going,” said Olson. “Once I’m here, I’m quarantined.”

Now that she’s with her parents, she’s wearing a mask in common areas of the house until she gets her COVID test results back.

Others plan on quarantining for several weeks before seeing family members — even if, as in Chelsea Toledo’s situation, the family she hopes to see is only an hour’s drive away.

Toledo, 35, lives in Clarkston, Georgia, and works from home. She pulled her 6-year-old daughter out of her in-person learning program after Thanksgiving, in hopes of seeing her mom and stepdad over Christmas. They plan to quarantine for several weeks and get groceries delivered so they won’t be exposed to others before the trip. But whether Toledo goes through with it is still up in the air, and may change based on COVID case rates in their area.

“We’re taking things week by week, or really day by day,” said Toledo. “There is not a plan to see my mom; there is a hope to see my mom.”

And for young adults without families of their own, seeing parents at the holidays feels like a needed mood booster after a difficult year. Rebecca, a 27-year-old who lives in Washington, D.C., drove up with a roommate to New York City to see her parents and grandfather for Hanukkah. (Rebecca asked KHN not to publish her last name because she feared that publicity could negatively affect her job, which is in public health.)

“I’m doing fine, but I think having something to look forward to is really useful. I didn’t want to cancel my trip completely,” said Rebecca. “I’m the only child and grandchild who doesn’t have children. I can control my actions and exposures more than anyone else can.”

She and her two roommates quarantined for two weeks before the drive and also got tested for COVID-19 twice during that time. Now that Rebecca is in New York, she’s also quarantining alone for 10 days and getting tested again before she sees her family.

“I think, based on what I’ve done, it does feel safe,” said Rebecca. “I know the safest thing to do is not to see them, so I do feel a little bit nervous about that.”

But the best-laid plan can still go awry. Tests can return false-negative results and relatives may overlook possible exposure or not buy into the seriousness of the situation. To better understand the potential consequences of the risk you’re taking, Ropeik advises coming up with “personal, visceral” thoughts of the worst thing that could happen.

“Envision Grandma getting sick and dying” or “Grandma in bed and in the hospital and not being able to visit her,” said Ropeik. That will balance the positive emotional pull of the holidays and help you to make a more grounded decision.

Harm Reduction?

All of those interviewed for this story acknowledged that many of the precautions they’re taking are possible only because they enjoy certain privileges, including the ability to work from home, isolate or get groceries delivered — options that may not be available to many, including essential workers and those with low incomes.

Still, Americans are bound to travel over the December holidays. And much like teaching safe-sex practices in schools rather than an abstinence-only approach, it’s important to give out risk mitigation strategies so that “if you’re going to do it, you think about how to do it safely,” said Dr. Iahn Gonsenhauser, chief quality and patient safety officer at the Ohio State University Wexner Medical Center.

First, Gonsenhauser advises that you look at the COVID case numbers in your area, consider whether you are traveling from a higher-risk community to a lower-risk community, and talk to family members about the risks. Also, check whether the state you’re traveling to has quarantine or testing requirements you need to adhere to when you arrive.

Also, make sure you quarantine before your trip — recommendations range from seven to 14 days.

Another thing to remember, Gonsenhauser said, is that a negative COVID test before traveling is not a free pass, and it works only if done in combination with the quarantine period.

Consider your mode of transportation as well — driving is safer than flying.

Finally, once you’ve arrived at your destination, prepare for what might be the most difficult part: to continue physical distancing, wearing masks and washing your hands. “It’s easy to let our guard down during the holidays, but you need to stay vigilant,” said Gonsenhauser.